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Este no es un movimiento

La nueva estructura estatal se caracteriza por el hecho de que la unidad política del pueblo y por lo tanto el orden de toda su vida pública se presenta ordenada en tres series diferentes. Las tres series no son paralelas entre si, más bien una de ellas, es decir el Movimiento que apoya al Estado y al Pueblo, penetra y conduce los otros dos.
Carl Shmitt, “Estado, Movimiento, Pueblo” (1933).

Como cada fin de semana, desde hace casi un mes, se especula sobre el estado del “movimiento contra la ley El Khomri” – media, sindicatos, militantes y esperanzados de todo tipo quieren creer que esta vez lo hemos conseguido: después de las manifestaciones “históricas” del 31 de marzo, que han visto una duplicación de los efectivos en las manifestaciones del 19 de marzo y ahora en las asambleas de “Nuit Debout”, el movimiento sobre la cual apuntaban sus esperanzas, pero que no acababa nunca de empezar, finalmente ha nacido.

Tal vez que se insista tanto en poner a lo que está sucediendo en Francia el nombre de “movimiento” es debido al hecho de que, en realidad, se trate de otra cosa, de algo inédito. Puesto que un “movimiento” en Francia – esto es lo que significa exactamente -, es aquello que se sabe gestionar, es decir derrotar. Las organizaciones, los gobiernos y los medios, son décadas en que los movimientos no conducen a ninguna inversión significativa, se han convertido en maestros en el arte de prevenir el peligro que cada evento de la calle lleva dentro de sí, es decir, que la situación se vuelva ingobernable. No debemos olvidar que el actual Primer Ministro no se ha vuelto tal en virtud de la licenciatura de historia que obtuvo en los años ’80 a Tolbiac, sino porque cumplió su adiestramiento como sindicalista del UNEF. En ese momento, cuando iba acompañado de Alain Bauer o Stéphane Fouks, era una de las bestias pardas del colectivo Autónomos de Tolbiac (el CAT), y viceversa.

Un “movimiento”, por todo el personal encuadramiento a lo que se reduce esta sociedad, es algo tranquilizador. Hay un objeto,  algunas reivindicaciones, un marco, por lo tanto unos portavoces con licencia y unas negociaciones posibles. Sobre esta base, nunca es difícil dividir el “movimiento” de los que “desbordan” el marco, de llamar a la orden a sus elementos más determinados, su fracción más consecuente. Allí se calificará oportunamente de “violentos”, “autónomos” o “nihilistas”, cuando está clarísimo que los que están aquí para romper sus dinámicas son justo los nihilistas, que no ven más que un trampolín para sus futuros puestos ministeriales – todos los Valls, los Dray, y los otros Julliards. Separar un “movimiento” de su punta más “violenta” es siempre una forma de castrarlo, de volverlo inofensivo y finalmente de tenerlo bajo control. Los movimientos están efectivamente hechos para morir, también cuando son victoriosos. La lucha contra el CPE es un caso de manual. Al gobierno le es suficiente una retirada táctica para quitar la tierra debajo de los pies de los que se han puesto en marcha. Algunos artículos en los periódicos y algún reportaje televisivo contra los “irreductibles” son ampliamente suficientes para arrebatar, a quien hasta ayer lo podía todo, la legitimación social sobre la cual se habían apoyado hasta aquel momento las salidas más intrépidas. Una vez que estos últimos estén aislados, los procedimientos policiales y judiciales a continuación más o menos inmediatos llegan oportunamente para drenar el mar del “movimiento”. La forma-movimiento es una herramienta útil para aquellos que tienen la intención de gobernar lo social, y nada más. El nerviosismo extremo de los servicios de orden, en particular el de CGT, de la BAC y de los antidisturbios durante las manifestaciones de las últimas semanas es el signo que delata su desesperado deseo de hacer entrar en la forma-movimiento lo que ha puesto en marcha y que se le escapa por todos lados.

Ahora todos están de acuerdo en decir: la Loi Travail es la “gota que ha colmado el vaso”, lo que se expresa en las calles, en los lemas o en los enfrentamientos es el “hartazgo general”, etc. Lo que está pasando es que no aguantamos más estar gobernados por esta gente ni tampoco de esta manera; tal vez, frente a un fracaso tan flagrante de esta sociedad en todos los campos, no aguantamos más ser gobernados de ninguna manera. Es algo que ha vuelto epidérmico y epidémico, ya que es cada vez más clara una cuestión de vida o muerte. Estamos hartos de la política; cada una de sus manifestaciones se ha convertido en obscena porque es obscena esta manera de agitarse de una manera tan impotente en una situación tan extrema a todos los niveles.

Dicho esto, nos faltan palabras para designar lo que se está despertando en Francia en este momento. Si no es un “movimiento”, ¿Entonces qué es? Nosotras diremos que se trata de una “meseta”. Antes de que Deleuze y Guattari la retomaran para hacer el titulo de su mejor trabajo, Mil Mesetas, esta noción ha sido elaborada por el antropólogo y cibernético Gregory Bateson. Estudiando, en los años ’30, el ethos balinés, a Bateson le llamó la atención por esta singularidad: mientras los Occidentales, en guerra o en amor, prefieren las intensidades exponenciales, las interacciones acumulativas, las excitaciones crecientes que llevan a un punto culminante – orgasmo o guerra total- seguido por una descarga de tensión, social, sexual o afectiva; los Balinenses, sea en la música, en el teatro, en las discusiones, en el amor o en el conflicto, huyen de esta carrera al paroxismo; ellos privilegian unos regímenes de intensidad continuos, variables, que duran, se metamorfosean, evolucionan, en pocas palabras: deviniendo. Bateson enlaza todo esto a una singularidad practica de las madres balinenses: «la madre inicia con el bebé una interacción lúdica, excitándole el pene, o de otro modo estimulándolo a una actividad interpersonal; esto excitará el bebé, y por un corto tiempo habrá lugar a una interacción acumulativa. Luego, justo cuando el bebé, acercándose a un pequeño acmé, tira los brazos al cuello de la madre, esta última se distrae; en este punto por lo general el bebé empieza otra interacción acumulativa, comenzando un capricho. La madre se quedará mirándolo, disfrutando con el estallido del bebé, o si la ataca, rechazará su ataque no mostrándose enojada en absoluto» (Hacia una ecología de la mente). Así la madre balinense enseña a su progenie la fuga de las intensidades paroxísticas. La fase política en la cual estamos entrando en Francia en este momento es – por lo menos hasta las ridículas elecciones presidenciales las cuales, esta vez, no es tan seguro que consigan imponerlas – no una fase orgásmica de “movimiento” a la que sigue el reflujo necesario, sino una fase de meseta:

«una región continua o de intensidad, que vibra sobre si misma y se desarrolla evitando cada orientación sobre un punto culminante o hacia un fin exterior»
(Deleuze-Guattari, Mil mesetas)

El nivel de desacredito del aparato gubernamental es tal que ahora encontrará en su camino, en cada de sus manifestaciones, una determinación constante, procedente de todas partes, para derribarlo.

La cuestión no es entonces la vieja historia trotskista de siempre de la “convergencia de las luchas” – luchas que por otro lado hoy son tan débiles que incluso haciéndolas converger no llegarían a nada serio, más allá de perder, en la habitual reducción política, la riqueza que pertenece a cada una de ellas -, más bien la de la actualización práctica del descrédito general de la política en cada ocasión, es decir de las libertades cada vez más audaces que vamos a tomar respecto al aparato gubernamental democrático. Lo que está en juego entonces no es en ningún caso una unificación del movimiento, incluso que fuera a través de una asamblea general de la raza humana, sino el cruzar el umbral, el desplazamiento, el agenciamiento, la metamorfosis, la puesta en contacto entre puntos distantes de intensidad de política. Es evidente que la proximidad con la ZAD produce sus efectos sobre el “movimiento” a Nantes. Cuando 3000 estudiantes cantan “todo el mundo odia la policía”, gritan contra el servicio de orden de la CGT, comienzan a manifestarse disfrazados, no huyen más frente a las provocaciones de la policía y se intercambian el suero fisiológico después de haber sido gaseados, se puede decir que en un mes de bloqueos unos cuantos umbrales han sido superados, han sido tomadas unas cuantas libertades. El desafío no es el de canalizar el conjunto de los devenires, los trastornos existenciales, los encuentros que son la trama del “movimiento” en un río poderoso y majestuoso, más bien de dejar vivir la nueva topología de esta meseta, y seguirla. La fase de meseta en la cual hemos entrado no mira a nada exterior de sí misma: «un rasgo desagradable del espíritu occidental consiste en relacionar las expresiones y las acciones a finalidades exteriores o trascendentes, en lugar de considerarlas en un plano de inmanencia, según su valor en sí»(Deleuze-Guattari, Mil mesetas). Lo importante es lo que se hace ya, y que no acaba nunca de hacerse, cada vez más: impedir paso a paso al gobierno de gobernar – y por “gobierno” no hay que entender solo el régimen político, sino todo el aparato tecnocrático público y privado en el cual los gobernantes son el espectáculo de títeres que se nos ofrece. No se trata entonces de saber si este “movimiento” consiga o menos a derrotar la ley El Khomri, sino de lo que ya está en marcha: la destitución de lo que nos gobierna.

Fuente: lundi.am

Noches despierto

por Paul B. Preciado

Vosotros pasáis la noche de pie en la plaza de la République de París y yo paso la noche con vosotros despierto en las calles de Atenas. Anochece una hora antes aquí y el cielo rojo se curva detrás del Partenón como en un salvapantallas de un MacBook Air que cae después sobre París.

La revolución (la vuestra, la nuestra) exige siempre despertar en medio de la noche: activar la conciencia justo cuando ésta debería apagarse. La revolución (la nuestra, la vuestra) es siempre un devenir-trans: movilizar un estado de cosas existente hacia otro que sólo el deseo conoce.

Vosotros pasáis la noche de pie (Nuit Debout) en la plaza de la République de París mientras un grupo de refugiados se reúnen en una casa ocupada de Exarchia para iniciar la Silent University en Atenas. En la sala hay casi tantas lenguas como personas. Una cadena de traducción explica el funcionamiento de esta universidad creada en Londres en 2012 por el artista Ahmet Ögüt y que sigue activándose desde entonces, entre otros lugares, en Estocolmo, Hamburgo y Amman. La frase “todo el mundo tiene derecho a enseñar” resuena una docena de veces en urdu, farsi, árabe, francés, kurdo, inglés, español, griego… Pensada como una plataforma autónoma de intercambio de conocimiento entre los migrantes, esta universidad permite que aquellos que saben algo puedan encontrarse con aquellos que quieren aprenderlo, independientemente de la validación académica y del reconocimiento institucional de los títulos, de la lengua hablada y de los procesos de adquisición de la residencia o la nacionalidad. Alguien dice: “Desde que espero a obtener asilo no tengo nada. Lo único que tengo es tiempo y en ese tiempo puedo aprender y puedo enseñar.” Es en ese tiempo aparentemente muerto de la espera administrativa en el que artista iraquí exiliado Hiwa K aprendió a tocar la guitarra clásica de la mano de Paco Peña en Inglaterra; la respuesta del gobierno inglés para acceder a la nacionalidad nunca llegó, pero Hiwa K toca flamenco como si él también fuera de Córdoba. He aquí algunos de los títulos de los cursos impartidos hoy en la Silent University: Historia iraquí, Literatura kurda, Herodoto y la civilización del Medés, Fundamentos del asilo político según la convención de 1951, Cómo empezar tu propio negocio, Historia de la comida a través de las artes visuales, Caligrafía árabe… Si la experiencia del exilio reduce al migrante a la pasividad y al “silencio” expropiando su estatuto de ciudadano político, la Silent University busca hacer proliferar los procesos de enunciación que pueden activar una nueva ciudanía mundial.

Vosotros pasáis la noche de pie en la plaza de la République de París y el colectivo de cineastas anónimos sirios Abunaddara, emite cada viernes, desde el principio de la revolución siria, un video en el que narra, a través del documental o desde la ficción, la vida del pueblo sirio más allá de las representaciones mediáticas tanto del occidente cristiano como del mundo musulmán. ¿Cómo se produce y se distribuye la imagen? ¿Por qué nadie vio a las víctimas del 11-S y sin embargo los cuerpos destrozados en Alepo están en la primera página de todos los periódicos? ¿Se puede fotografiar a un migrante que llega a las costas de Leros después de una travesía con su hijo muerto en brazos? Frente a la captura mediática y administrativa de la imagen, Abunaddara propone añadir una enmienda a la Declaración Universal de Derechos Humanos que reconozca el derecho a la imagen como un derecho fundamental.

Vosotros pasáis la noche en la place de la République de París mientras que otros cuerpos se despiertan también en Amman, en Damasco o en Atenas. Vendrán el experto y su diagnóstico, vendrán el historiador y su memoria, vendrá el profesor y su título, vendrán los políticos y sus partidos. Os dirán que estáis locos o que sois ingenuos. Os dirán que no es posible que los que no saben enseñen. Os dirán que todo periodista tiene derecho a hacer su trabajo de información. Os dirán que esto ya ha sucedido y que no sirvió de nada. Os dirán que lo importante es traducir la fuerza de las plazas en las urnas. Pero la revolución no tiene una finalidad fuera del proceso mismo de transformación que ésta propicia. Se trata, como apunta Bifo, de erotizar la vida cotidiana, desplazando el deseo que ha sido capturado por el capital, la nación o la guerra, para volver a distribuirlo en el tiempo y en el espacio, hacia todo y hacia todos. Os dirán que no es posible. Pero vosotros, nosotros, ya estamos ahí.

Despertemos durante el día como si el día entero fuera la noche. Aprendamos de aquellos a los que no les es permitido enseñar. Ocupemos la ciudad entera como si la ciudad entera fuera la place de la République.

Fuente: El Estado Mental

No reivindicamos nada

por Frédéric Lordon

En el punto donde estamos hay que estar ciegos para no entender que en el movimiento social se juega mucho más que una simple ley y sus artículos. Pero la ceguera es precisamente la característica de nuestros gobernantes y de sus comentaristas embedded. Así todo, este pequeño mundo sigue agitándose como en un teatro de sombras y recitando una comedia cada día más absurda; unos ocupados en pesar en su balancita y sus concesiones de fachada, los otros en sus ganancias risibles, y los terceros intentando tejer los elogios de lo que es razonable u ocupados en preparar las futuras “primarias”. Y todos pidiendo cual puede ser el color más oportuno para volver a pintar las rejas del jardín que se han dedicado a cultivar, allí, al lado de un volcán tembloroso y humeante.

Como una paradoja típica, cuando se está en el fin de un ciclo, son estos mismos señores que aceleran los procesos de descomposición, del cual se percibe el progreso cuando los umbrales de corrupción del lenguaje se estrellan uno tras otro. En este sentido, hemos tomado la costumbre de utilizar a Orwell como medida de referencia. Pero Orwell era un jugador pequeño al cual le faltaba definitivamente la fantasía. Hay que ser honestos del todo: no estaba completamente privado de talento, se ha tenido que esperar un poco antes de verlo superado en las falsificaciones lingüísticas, pero este momento ha llegado. Y es Bruno Le Roux, presidente del grupo socialista en la Asamblea Nacional, quien se ha encargado de enseñarle a qué altura puede llegar el prodigio del giro de sentido de las palabras: “Se necesita que el contrato indefinido no se vuelva una jaula para los empresarios (1). Hay que reconocer que es difícil de comprender plenamente tanto genio y que debemos estar de pie para no tener vértigo. Quien recuerde pensará inmediatamente en un extracto de las Nouveaux chiens de garde (2) en el cual Bénédicte Tassart (RTL), queriendo deshonrar el secuestro de los propietarios (por parte de los sindicalistas), dijo que “es inaceptable obligar a la gente en contra de su voluntad en la oficina“, obviamente sin darse cuenta de que, al hacerlo, muy agudamente, representa simplemente la condición salarial (sin duda, limitada al sector terciario, pero fácilmente generalizable). La pobrecita no era consciente del hecho de que las analogías carcelarias de Bruno Le Roux están calibradas mejor. Tan bien calibradas que casi queda la duda de que sean intencionales.

Efectivamente se podría pensar que todo lo que pasa en este momento ruede precisamente alrededor de la conexión, poderosamente destacada por Bruno Le Roux, del contrato salarial y la prisión. ¿Quién es el prisionero de verdad? Es este el punto de la disputa residual, sobre la cual, afortunadamente, no se paran aquellos que con un bote de spray en mano y de manera bastante enérgica vuelven a elaborar por su cuenta la gran intuición de Le Roux.

Y no solo de él, porque es sin duda un gobierno al cual no le faltan filósofos y que se destaquen en el arte de “hacer pensar”. Recordemos a Emannuel Macron, que sugería, meditando sobre los últimos fines existenciales, que “se necesitan jóvenes que quieran volverse multimillonarios”. Pasar al artículo indefinido para hacerle decir que se necesita que “los jóvenes tengan ganas de volverse multimillonarios” sería violar un pensamiento que, visiblemente, ¿Se abstiene de sacar todas las consecuencias por temor a reacciones retrógradas? Del uno al otro, entonces –de Le Roux a Macron – y aunque por caminos distintos, se trata de una idea general de la existencia que nos viene propuesta.

Hay una invitación y tenemos que demostrar sensibilidad. Tomamos las cosas al mismo nivel de generalidad con la que nos vienen propuestas – la única manera de responder adecuadamente. Decimos por honestidad que esta respuesta ha necesitado tiempo para llegar a su maduración. Es verdad que tanto la brutalidad del asalto neoliberal como la caída de la “alternativa comunista” no han facilitado la toma de conciencia. Treinta años de experimentación sobre la piel no podían más que producir alguna incomprensión. Pero lo “real” hace su camino, y lo hace cada vez mayor cuando se desarrollan lugares para compartir (primer ejemplo entre otros la web #OnVautMieuxQueCa), donde la gente descubre lo que está obligada a vivir contra su propia voluntad y compartido por muchos.

Además, tenemos que agradecer a este gobierno que nunca ha dejado de estimular la reflexión: la denominada “Ley del Trabajo” llega como una especie de apoteosis que nos permite las últimas aclaraciones. La idea de vida que nos proponen estas personas ahora aparece en toda su claridad. Es por eso que, ahora que estamos dotados del conocimiento necesario y después de largas reflexiones, podemos decir “no”. Subrayamos, para los sordos– y siempre hay muchos del lado del poder -, que lo que se trata hoy va de esto. No de cuantas veces el contrato indefinido pueda ser renovado o de la oportunidad de los voucher, o de otra cosa: se trata, más bien, de la idea de la existencia.

Alguien se puede convencer recurriendo a los principios, se puede hacer aún mejor a través de las imágenes. Para aquellos que no tienen todavía bien claro el tipo de mundo que la filosofía del gobierno desea por nosotros – en los dos sentidos de la palabra: en lugar de nosotros y para imponerlo a nosotros – sería suficiente tener en consideración una cosa o dos que pueden representar un desafío al poder. Nos referimos, y han sido vistas por todos, a las imágenes de una controversia muy encendida entre tres policías antidisturbios y un peligroso estudiante de bachillerato, o las imágenes de la vuelta de los equipos especiales de policía en los bancos de la universidad de Tolbiac, que arrojan una luz distinta a las palabras de François Hollande de 2012 – “Me gustaría volver a dar la esperanza a las nuevas generaciones” – o el discurso más reciente de la ministra de la Educación Najat Vallaud-Belkacem (24 de marzo 2016) – “Educación: lo que hacemos para la juventud”. Excepto que no era exactamente lo que querían.

La realidad del orden social se hace de otro modo explícita en dos vídeos: el primero, de testigo puro, fue filmado por el diario Fakir y muestra a Henri (su apellido no se conoce) contar cómo él, asalariado de un subcontratista, ha sido denunciado por la Renault donde intervenía a su empleador por haber señalado la película Merci patrón ! a algunos sindicalistas del Technocentre (el centro de investigación de la Renault) fuera del horario de trabajo y a través de su correo electrónico personal…

Denunciado y, por supuesto, alejado del sitio donde desempeñaba su trabajo… ahora está luchando con un procedimiento de despido con su empleador. Aún más desconcertante, si se puede, es la escena grabada en una oficina de correos de Asnières: durante una asamblea frente a un grupo de robocop preparados y armados con flashball, llamados por la dirección. Sólo su cohesión y la reacción de un sindicalista cojonudo, blindado por sus derechos sindicales, pudo echarlos.

Quizás esta es la escena que resume el terror del poder: el encuentro entre estudiantes y asalariados. La vigilancia policial en última instancia, del asalariado ingobernable, es decir la fusión entre Estado y capital, paradójicamente aún más fuerte cuando se trata de capital público; la alternativa radical de la sumisión o de la lucha colectiva. Es más que evidente que frente a tal espectáculo, la claridad de la comprensión obtiene la ayuda de la imaginación. Y también una nueva mezcla de sentimientos y emociones. Y gracias a este buen impulso somos finalmente capaces de decir lo indecible: no reivindicamos nada. Entenderéis que después de décadas en las que nos habéis enseñado, vosotros y vuestros símiles, vuestras altas calidades y previsión, la idea de negociar con vosotros nos parece sencillamente sin sentido. El hecho es que “reivindicar” tiene sentido solo en un contexto en el cual se pueda reconocer como implícitamente legítimo. Llega el momento en el cual, a fuerza de negociar por unas migajas y también simplemente por reducir la reducción de las migajas, lo impensable vuelve a la mente. Ya no más como objeto de alguna “reivindicación”, sino como objeto de una transformación completa.

Es cierto, lo sabemos: para seguir manteniendo la ilusión podéis contar con el sindicalismo amarillo, el que ve “expectativas de progreso” (3) después de las peores regresiones, y que la ciencia heraldica ya tiene establecido tanto el escudo “de fregonas cruzadas” como el lema sempiterno “hundidos desde siempre”. Contra un cierto sindicalismo de rodillas, lo que nace ahora es un movimiento en pié. Como ya se sabe un movimiento entendido en este sentido, comienza por las asambleas y las reuniones. Entre la gente se extendió la idea de que simplemente manifestarse en las mismas rutas predeterminadas, en otras palabras “reivindicar”, ya no es suficiente. La consecuencia es que no volverán a casa después de la manifestación, se reunirán en algún lado para empezar algo distinto. “Nuit Debout” (Noche en pié) es el nombre de esta iniciativa, y su lema, copiado del mensaje de la película Merci patrón ! es indicativo de la relación con la contraparte: “aterrorizarlos”… Reunirse, no disolver las manifestaciones, no reivindicar: efectivamente, un concentrado de anomalías inquietantes para los sabios administradores de la contraparte.

Y es cierto que, incluso si no conocemos bien nuestra fuerza, lo que está emergiendo es una pesadilla para el Estado, que se ve sus miedos expresarse en una coyuntura astral de lo peor: la negación de la mediación, el abandono de la reivindicación y su reemplazo con la afirmación.

Podríamos decir, de hecho, que estamos a punto de experimentar uno de estos benditos momentos de la historia en la que los grupos fragmentados entre sí redescubren lo que tienen en común, este común macizo establecido por el propio capitalismo: la condición salarial. No solo los empleados maltratados de hoy en día, los universitarios y los estudiantes de la escuela secundaria maltratados mañana, la precariedad de todo tipo, sino también todas las demás víctimas indirectas, se diría secundarias, de la lógica general del capital, los migrantes en situación irregular y explotables hasta el infinito.

¿Qué puede hacer un ministro, o su subsecretario, con todas estas personas que no quieren saber más de reivindicar? Nada, absolutamente nada, y lo saben, entre otras cosas, y eso es lo que les asusta. Cuando abandonan la práctica infantil de la reivindicación, la ciudadanía encuentra el gusto de la afirmación – la ruptura del monopolio estatal sobre el derecho a la afirmación. Para su desgracia, la ley El Khomri habrá sido la prevaricación de más, la que va más allá del umbral del escándalo, y genera el impulso en los espíritus para el cambio radical de perspectiva de las cosas, posiciones, roles. No tenemos ningún deseo de luchar para cambiar dos párrafos: queremos afirmar nuevas formas de actividad política.

Hay que sentir el llamamiento conmovedor de Michel Wievorka por “rescatar la izquierda de gobierno” (6) para comprender el nivel de integración de los intelectuales en connivencia al “marco” general de las cosas, y de consecuencia, su incapacidad total para entender lo que se mueve en la sociedad, también y sobre todo si son sociólogos. En un intento de redefinición performativa de las categorías políticas que explicita plenamente el desplazamiento a la derecha de este personal acompañante (siguiendo a sus maestros, que no pueden abandonar), Wievorka nombra representantes de la “izquierda de la izquierda”… Benoit Hamon y Arnaud Montebourg (izquierda socialista)! Una manera de indicar a esta gente donde está situada la frontera extrema del mundo político – porque, por definición, a la izquierda de la izquierda de la izquierda, no hay nada. O más bien sí: hay los locos, la izquierda “loca”, es la expresión preferida de todos los sorprendidos que no comprenden que se puede no querer elegir entre “la izquierda liberal-marcial de Manuel Valls” (sic), “la izquierda social-liberal de Emmanuel Macron” y entonces “la izquierda de la izquierda de Benoit Hamon y Arnaud Montebourg”. Encerrados en sus certezas, redibujan las fronteras de este dominio de la locura cada vez más cerca de ellos. Entonces hay que decirles, a Wievorka y a todos sus símiles, a los Olivennes (7), a los Joffrin (8), etcétera… es cierto, estamos completamente locos. Y estamos llegando.

 

NOTAS

(1) LCP, 10 de marzo 2016.
(2) Les nouveaux chiens de garde, pelicula de Gilles Balbastre et Yannick Kergoat, Epicentre films éditions, 2011.
(3) Laurent Berger, « La loi Travail “peut répondre à une ambition de progrès” », L’Obs, 24 mars 2016.
(4) Convergence des luttes.
(5) « Pour la république sociale », Le Monde Diplomatique, mars 2016.
(6) Michel Wieviorka, « Il faut sauver la gauche de gouvernement », entretien, L’Obs, 27 mars 2016.
(7) Denis Olivennes, La maladie de la gauche folle, Plon, 2000.

Fuente: Le Monde Diplomatique