Etiquetado: neoliberalismo

El mundo o nada. Comité de acción 16 de marzo 2016

Clases anuladas, manifestaciones salvajes, pintadas, daños, lacrimógenos, gobierno bajo estrés, fucultades en huelga. Algo está naciendo. “Nosotrxs” estamos naciendo. Nombrar lo que está naciendo a partir del nombre que lo ha precedido significa intentar matarlo. Reportar lo que el pasado miércoles hemos vivido en las calles, lo que se cuece desde hace semanas, reconducir la rabia que ruge por todas partes a la “sombra del CPE” y toda la arenga que hemos escuchado la semana pasada es una operación, una operación de neutralización.

¿Qué relación hay entre el discurso sindical y lxs compañerxs estudiantes que escribían en las paredes el pasado miércoles “el mundo o nada”, antes de atacar metódicamente a los bancos? Ninguna. O simplemente un lamentable intento de recuperación liderada por zombies. Nunca los sindicatos, ni los políticos han seguido tan visiblemente un movimiento. Si son tan febriles en su deseo de supervisar todo, es precisamente porque todo se le podría escapar de las manos.

Lo que ha pasado es simple: una banda de youtubers han añadido sus me gusta, han hablado fuera de cualquier marco, de cualquier “representatividad”, han llamado a la calle; una mujer que se representaba a sí misma ha lanzado una petición contra la ley del trabajo (reforma laboral); y como lo que decía sonaba justo, ha encontrado un sentimiento generalizado, una náusea general, bajamos a la calle y éramos numerosos. Las organizaciones siguieron.

El riesgo de no seguir era demasiado grande para ellos. Si no lo hacían su mandato caducaba. Aquellos a los que pretenden representar habrían cogido el camino sin ellos, sin que ellos pudieran meter delante, a la cabeza, sus pancartas, sin que ellos hubieran podido llevar sus enormes globos rojos, sin que ellos pudieran recubrir nuestras voces con sus horrendos sistemas de sonido, sus lemas vulgares, sus discursos de funeral. Estaban desnudos. Por tanto, los líderes siguieron; como siempre.

No hay una ley que pone un problema, sino una entera sociedad que está exhausta.

Nosotrxs somos la juventud. Pero la juventud no es la juventud, ella es más de ella misma. En cualquier sociedad la juventud es la imagen del elemento disponible. La juventud es símbolo de la disponibilidad general. Los jóvenes, no significan nada. Quiere decir aquellos que non están todavía obligados. Obligados por un jefe, por los créditos, por un CV. Obligados y por lo tanto encadenados, al menos hasta que la máquina social continúe funcionando.

Los discursos mediáticos sobre la amenaza de un “movimiento de la juventud” miran a desconjurar la amenaza real y ésta es que el conjunto de lo que está disponible en esta sociedad, el conjunto de quienes no pueden más de la vida que se les hace vivir, el conjunto de aquellos que ven muy bien que no es la justicia de esta ley la que crea un problema, sino que la entera sociedad está exhausta, y se agrega. Se agrega y se junta en masa. Porque en nuestros días es innumerable la masa de incrédulos. La mentira social, la farsa política, no convencen más. Y es este el gran problema que tiene este gobierno. Y no solo él: ¿Quién es todavía tan estupido para querer aún votar a la izquierda, a la izquierda de la izquierda, a la izquierda de la izquierda de la izquierda, cuándo se ha visto lo que esto ha producido en Grecia el verano pasado? Un gobierno de izquierda radical sobretodo en la aplicación de la austeridad.

Eh, ¡Los viejos! Vosotros no habéis sido traicionados, solo os habéis dejado engañar.

¡Ay, los viejos! Ay, nuestros viejos. Vosotros decís que os sentís traicionados. Que habeís votado a un partido de izquierdas pero que la política que hacen no corresponde con vuestras espectativas.

Vosotros hablais de “negación”. ¿Pero dónde estabáis en el 1983? Los años 80, los años del dinero fácil, de Tapie en el gobierno, Libé que titula “¡Viva la crisis!”, ¿No os dice nada todo esto? Nosotrxs no estábamos, pero mientras tanto, vuestras “batallitas” se han convertido en nuestros cursos de historia.

Y cuando las escuchamos, estas clases, se nos dice que Macron sólo termina el trabajo comenzado en 1983. Desde entonces, es el mismo programa. No ha cambiado. Vosotros no habéis sido traicionados. Vosotros sólo os habéis dejado engañar. Habéis preferido cultivar vuestras ilusiones. No son los actos de los socialistas los que han traicionado su discurso. Son precisamente aquellos discursos que, en cada período de elecciones, han servido para engañaros y así poder continuar poniendo en marcha el mismo programa, para seguir con la misma ofensiva. Una ofensiva de 35 años, llevada con constancia a todos los niveles y al mismo tiempo – económico, seguridad, social, cultual, existencial, etc.

Esta ley, no se discutirá.

Lo que esta naciendo tiene poco que ver con la ley del trabajo. Esa ley es solo el punto de inflexión. La gota que colma el vaso. Demasiado arrogante, demasiado flagrante, demasiado humillante. La ley sobre las investigaciones, la ley Macron, la decadencia de la nacionalidad, la ley antiterrorista, el proyecto de la reforma penal, la ley del trabajo, todo esto forma el sistema. Es una sóla empresa la que pone de rodillas a la población. La ley El Khomri es solo la guinda del pastel.

Es por eso que se reacciona ahora, y es por esto que no se ha reaccionado a la ley Macron. Al máximo, si se sale a la calle contra la ley del trabajo, no es porqué concierna al trabajo. Es porque la cuestión del trabajo es la cuestión del empeño de la vida; y el trabajo, como lo vemos en torno a nosotrxs, es precisamente la negación de la vida, la vida en version de mierda.

Ya no estamos en los años 60, vuestros Gloriosos Treinta, recuperaos, no se han conocido nunca. Nadie entre nosotrxs piensa que se “realizará” en el trabajo. De lo que nos defendemos ahora es el hecho de que lo poco que se nos deja de vida después del trabajo, más allá del trabajo, no se reduzca a nada.

El jueguecito de las organizaciones sindicales y de los partidos para limitar el terreno de conflicto a la cuestión de la ley trabajo, a la negociación con el gobierno, es sólo una manera de contener nuestro deseo de vivir, de bloquear todo aquello que excede la esfera sofocante de sus pequeña artimañas.

Sindicatos y partidos, no hay necesidad de ser vidente para ver, desde ya, que nos dejarán con el culo al aire en el momento decisivo. No tenemos nada contra ellos. Es su función. Pero, no nos pidáis que confiemos en ellos.

No es que por ser jóvenes seamos ingenuos. Y luego, dejad de darnos la lata con vuestras viejas consignas que no funcionan: la “masificación”, la “convergencia de las luchas” che no existen, el hablar por turnos y el pseudo-feminismo que os sirven sola para controlar las asambleas, para monopolizar la palabra, para repetir siempre el mismo discurso. Francamente, ya es suficiente.

La cuestión no es la de la masificación, es la de la justicia y la determinación. Todos saben que lo que hace retrasar un gobierno no es el número de personas en la calle, sino su determinación. La única cosa que tira para atrás un gobierno es el espectro de la sublevación, la posibilidad de una perdida total del control.

Aunque se quisiera sólo la retirada de la ley del trabajo, se necesita de todas maneras apuntar a la insurrección: golpear fuerte, dotarse de los medios para tener a la policía en su sitio, bloquear el funcionamiento normal de esta sociedad, atacar los objetivos que hacen temblar el gobierno. La cuestión de la “violencia” es una cuestión falsa. Lo que desde los medios es descrito como “violencia” se vive en la calle como determinación, como rabia, como seriedad y como juego.

Esto es lo que hemos sentido el pasado miércoles, y que tiene alguna razón para hacer flipar a los gobernantes: había valor entre nosotrxs, el miedo se había ido, estábamos segurxs de nosotrxs. Segurxs de querer marchar sobre las cabezas de aquellos que gobiernan. Sobre la cabeza de aquellos que, durante todo el año, marchan sobre nuestras caras.

¡Golpear fuerte! ¡Golpear justamente!
#BATTAILLEDESOLFERINO

Al contrario de lo que nos dicen los aprendices burócratas de la UNEF o del NPA, golpear fuerte no significa “aislarnos de las masas”, si los objetivos son justos. Al contrario, quiere decir que todos aquellos que estan agotados se pueden unir; y todo el mundo.

La cuestión que pone la ley laboral es la cuestión de la política del PS desde hace 35 años, la cuestión es saber si sí o no sobre el hecho que podrán llevar a cabo su campaña pluridecenal. Y es también la cuestión de la política en general. Que un movimiento se levante a un año de la campaña por la presidencia, que generalmente impone el silencio y la espera a todos, dice mucho sobre la profunda indiferencia, o sea sobre la hostilidad, que la misma ya suscita.

Todos sabemos que las próximas elecciones no son la solución, pero forman parte del problema. No es casualidad que espontaneamente, el pasado miércoles, los estudientes de Lyon han buscado alcanzar la sede del PS y se han enfrentado a la policia para golpear este objetivo. Y no es casualidad que la sede de PS en París y Ruan hayan sido destrozadas. Y es a esto a lo que, espontaneamente, apunta el movimiento. En lugar de enredarse en negociaciones-trampa por gilipollas, lo que hace falta atacar, en todas partes en Francia, a partir del próximo jueves, son entonces las sedes del PS. En París, hace falta que esto se transforme en la batalla de Solferino. Lo de después, pues bueno, se verá. Hará falta jugarsela bien. Pero la apuesta que se juega es colosal.

Ellos retroceden, ¡ataquemos!

Fuente: lundi.am

Lazzarato: el rechazo del trabajo

Entrevista a Maurizio Lazzarato de Davide Gangale

«Yo no he decidido ir al extranjero como lo hacen hoy muchos jóvenes de tu edad. Me he escapado al extranjero porque tenía una orden de arresto. Yo era militante de Autonomia Operaia (Autonomía Obrera, N.d.T.), una experiencia política extraordinaria, aunque minoritaria, acerca del proceso de traspaso de la antigua a la nueva composición de clase. Yo no estaba pensando en el futuro para nada. Cuando llegué a Francia, volví a estudiar, pero sigo siendo precario hasta ahora.»

Maurizio Lazzarato, filósofo y sociólogo independiente que vive en Francia desde 1982, no viene muy a menudo a Italia. El domingo 13 de abril estaba en Milán, en el centro social Macao, para asistir al seminario Fare Pubblici. En el intervalo entre el programa de la mañana y el de la tarde, entre un cigarrillo y otro, se deja entrevistar por Doppiozero partiendo de la base de su último libro Marcel Duchamp y el rechazo del trabajo (Marcel Duchamp e il rifiuto del lavoro, Edizioni Temporale, 2014).

En tu último libro escribes: para Duchamp, «el rechazo del trabajo artístico significa el rechazo a producir para el mercado». Pero al margen del mercado, ¿existe alguna forma de dar reconocimiento material al trabajo inmaterial?

La de Duchamp es sin duda una experiencia muy especial. En su época, el mercado del arte tal y como lo conocemos hoy en día todavía no existía, por así decirlo. Y él había optado por quedarse en los bordes. Quienes le introdujeron en el mercado fueron las vanguardias de los años 60, y fue Schwartz, un galerista milanés, quien cumplió esta misión. La obra de Duchamp no había pasado nunca antes por el mercado, era una obra escondida. Apenas era conocido en los Estados Unidos, y en Europa era totalmente desconocido; entró en el mercado del arte tardíamente. El ready-made, por ejemplo, nunca había sido expuesto; eran cosas suyas, privadas. Sólo una vez se llegó a exponer el… pissoir, ¿cómo se dice en italiano?

Urinario.*

Eso. La de Duchamp es una situación particular que hoy en día sería impracticable. Luego dice que el problema es estar en el umbral: estar dentro del arte, dentro del mercado del arte, y fuera de él. En una entrevista él mismo reconoce que si él hubiera abandonado por completo el arte, al igual que muchos artistas en los años 60 y 70, que abandonaron el mundo del arte de manera permanente, no sin fuertes críticas, habría sido completamente olvidado, como ellos. Duchamp se queda en el límite, a veces de manera ambigua. Al mismo tiempo, sin embargo, el rechazo al trabajo de Duchamp, el rechazo a trabajar en general y en particular hacia el trabajo artístico, me parece muy interesante. Claro que él tenía las condiciones materiales necesarias, puesto que disponía de una pequeña paga y fue ayudado por algunos burgueses ricos; incluso en los últimos años de su vida tenía algo de dinero en el bolsillo. Pero antes él se dedicó a vivir… y no estaba muy interesado en este aspecto. Me pareció que esta actitud era interesante en contraste con lo que está sucediendo hoy en día en el mundo del trabajo. Aunque, repito: una estrategia de rechazo al trabajo de este tipo es hoy en día, como tal, difícilmente practicable.

Me pregunto: rechazar el trabajo en un momento en el que el desempleo es alto a nivel europeo, en Italia del 12%, con un desempleo juvenil que ha alcanzado el 42%, ¿no corre el peligro de sonar, como poco, fuera de lugar?

Sí, pero hay que distinguir entre el trabajo y el empleo. No son la misma cosa. Desde mi punto de vista la cuestión es muy simple: se trabaja a menudo –como lo estás haciendo tú en este momento– ¡pero muy rara vez nos pagan! El problema no es trabajar, sino que te paguen por ello. Puede que incluso se trabaje en cosas que pueden ser más o menos interesantes, pero… de ahí a ser empleados, es decir, hacer coincidir con este trabajo un salario o un ingreso, bueno, eso es mucho más difícil. No falta trabajo, falta empleo. Hay demasiado trabajo; se hace demasiado trabajo no remunerado, como lo estás haciendo tú ahora [se ríe]. El problema es que cada vez hay más trabajo, pero cada vez se hace más de forma gratuita. Es la lógica del sistema, y es una cosa muy extraña, ya que en cierta manera estás como obligado a hacerlo. Es un trabajo que te interesa, que te gusta y, de algún modo, encuentras una justificación porque haces algo que te gusta. Pero, en sí mismo, es un tipo de explotación como otra, tal vez incluso más que otra, porque no hay nadie que realmente lo exija. Es todo un mecanismo el que lo impone, si quieres, el de la economía neoliberal. Sin embargo, es como si tú hubieses elegido esta situación. Se trata de un hecho muy complicado, ya que el cuestionamiento de este tipo de relación implica el cuestionamiento de uno mismo. La experiencia de Duchamp es interesante, porque él no tenía un maestro. Al igual que tú: tú no tienes un maestro, pero estás inmerso dentro de una serie de mecanismos que, de alguna manera, te obligan, aunque no seas completamente consciente…

Así que, según usted, dado que no cobro por hacer esta entrevista, me tendría que haber negado a hacerla, ¿correcto?

[Risas] No, no sé… probablemente no. El problema es que hace tiempo este tipo de trabajos eran los que se hacían durante uno, dos, máximo tres años. Pero ahora se han convertido en una perspectiva de vida. Es decir, hay que hacer trabajo precario, trabajar un montón, hacer cinco entrevistas, para que solo te paguen una.

¿Una característica que afecta en particular al trabajo cultural o al trabajo en general?

Al trabajo en general, y en particular al trabajo cultural, un sector que debería darse cuenta de que ha alcanzado un nivel de proletarización y de explotación importante. Las condiciones, los sistemas de competencia… Estos mecanismos han estado funcionando durante años, pero tarde o temprano los trabajadores de la cultura tendrán que decir “no” a esta situación. Tarde o temprano, las formas de rechazo se tendrán que expresar. Y luego hay otro problema: desde los años 70 y hasta hoy, la riqueza producida por los países occidentales en los que vivimos se ha duplicado. ¿Dónde hostias ha ido?

Crecimiento, la palabra mágica de nuestro tiempo. Se ha producido un crecimiento de las desigualdades: ¿es esto lo que quieres decir?

El crecimiento se da como un crecimiento desigual. Por lo tanto, volver a crecer no va a resolver las causas de la crisis; al contrario, las reproducirá de nuevo. No hay que olvidar que la crisis que estamos viviendo es, por definición, desigual: durante la crisis se ha producido una redistribución de la riqueza en beneficio de la renta.

Crisis y desigualdad parecen haber encontrado una justificación, citando el título de otro de tus libros, en la ideología del “hombre endeudado.” ¿En qué consiste?

Veamos: desde que se impuso en los últimos años 70, la economía neoliberal ha sido una economía basada en el crédito. Todo está organizado a través del mercado financiero. El crédito, si lo giras del revés, se convierte en deuda; pero lleva consigo una promesa de futuro. Porque aquél que puede acceder al crédito para llevar a cabo su proyecto, comprar alguna cosa, crear una empresa, tiene una puerta abierta a su futuro. Este sistema, sin embargo, ha dado efectivamente la vuelta: desde 2007/2008 el crédito se ha convertido en deuda. El crédito sólo funciona si el sistema está en continua expansión, si todo se amplía, se reproduce y prolifera. Si el sistema se detiene, el crédito se transforma en deuda y, de golpe, el horizonte se cierra. Esto es lo que ha ocurrido: las finanzas no han sido capaces de mantener esa promesa de futuro.

¿Qué son las finanzas para ti?

Al final, las finanzas y el crédito son un intento de controlar el futuro. La economía financiera es una economía completamente orientada en su totalidad al futuro, ya que está hecha de las inversiones que se deben materializar en el futuro. Sin embargo, el futuro es, por definición, indeterminado e impredecible. Por lo tanto, el problema se convierte en cómo neutralizar esta imprevisibilidad. En cierto modo, las finanzas son un intento de detener el tiempo, de quitarle la imprevisibilidad; además de para bloquear la creatividad. Hay que intentar anticiparse a los eventos futuros pero, paradójicamente, el efecto es que tenemos esa extraña sensación de vivir en una sociedad sin tiempo, sin una posibilidad real, sin futuro. Es una contradicción: el crédito está destinado a abrir posibilidades de futuro al tiempo que tiene que garantizar el retorno de la inversión, por lo cual es necesario neutralizar los riesgos. El riesgo se descarga sobre una multiplicidad de actores, pero no se elimina. La crisis de las hipotecas subprime lo demuestra: el reparto del riesgo se convirtió en una pandemia, y se descargó sobre la gente, es decir, sobre los que no fueron responsables de asumir ese riesgo. Es un mecanismo delirante, pero el capitalismo es así. El capitalismo es, según como se mire, es un delirio; no es racional.

¿Qué puede hacer el hombre endeudado para salir de este delirio?

La ideología del hombre endeudado es un intento de culpar a la gente, algo que, creo, no ha funcionado. La ideología del hombre endeudado dice: trabajáis muy poco, os jubiláis demasiado pronto, os cuidáis demasiado… pero es una ideología que no convence. La única salida posible es la vía política, pero por el momento no se ve cuál podría ser. Para empezar, se podría decir que el problema no es el coste del trabajo, sino el coste de la renta; pero nadie tiene el coraje de decirlo. La deuda es un mecanismo para capturar la riqueza social y trasladarla a la renta. Dicen que la deuda sirve para financiar los servicios sociales, la asistencia sanitaria, las pensiones… pero esto se podría haber financiado igualmente, porque desde los años 70 la riqueza se ha duplicado. ¿Qué ha pasado con ella?

Neutralizar la renta, realizar “la eutanasia del rentista”, escribió Keynes, ¿son soluciones viables hoy en día?

Hoy esto ya no se puede hacer, porque todas las formas actuales del capitalismo están financializadas. Mientras que en los años de Keynes el capitalismo era todavía una falta de identificación entre el capital industrial y el capital financiero, hoy en día ya no es así. Neutralizar las finanzas hoy en día significa neutralizar el capitalismo. El capitalismo no tiene más alternativa que continuar con las medidas de austeridad en Europa y la inyección continua de liquidez en EE.UU. y Japón. Pero si sigue así acabará creando más burbujas.

¿Y la renta ciudadana (renta básica)?

Estoy de acuerdo con la renta básica, pero para conseguirla son necesarias unas correlaciones de fuerzas que aún no se dan. Es necesario recrear unas correlaciones de fuerzas, unas formas de resistencia y auto-organización que recuerden el sistema de clases, y no hablo de la clase obrera. Si no se generan de nuevo este tipo de correlaciones de fuerza, no veo cómo se puede conseguir una renta básica. Si todo el mundo sigue trabajando de forma gratuita, ¿por qué alguien en algún momento querría pagar? Tienen que encontrarse las formas de organización necesarias, como lo hicieron los trabajadores hasta la generación de mi padre, que no eran “intelectuales”, pero que eran un poco más inteligentes [risas]. La generación de mi padre ganaba derechos, luchó por ellos. Y nosotras los estamos perdiendo uno a uno, aunque somos seres “cognitivos”, formados, etc. No es la “cognición” lo que determina la política, no sé cómo decirlo. ¿Cómo se hace para organizarse con los demás? Esta es la dificultad que hay que superar para imponer el equilibrio de poder y ganar el derecho a discutir, incluso el de la renta básica. Desde mi punto de vista, la salida de la crisis sólo se dará cuando exista la posibilidad de reconstruir y organizar un conflicto real. La situación en este momento es todavía demasiado asimétrica, la correlación de fuerza es demasiado desfavorable. A pesar de la crisis y, de hecho, incluso en la crisis. ¿Cómo organizar la variedad de sujetos explotados, trabajadores precarios, semi-precarios, semi-asegurados, en una lucha dual contra el capital? Este es el problema.

* traducido para facilitar la comprensión sin alterar el original, N.d.T.

Fuente: http://www.doppiozero.com/materiali/interviste/lazzarato-il-rifiuto-del-lavoro

Introducción al Manifiesto por una Política Aceleracionista

A propósito de esta publicación*

En el acto de traducir un texto, surge siempre la interrogante de cómo pueden las ideas viajar íntegras – no solo en términos lingüísticos sino también políticos. El Manifiesto Aceleracionista está particularmente expuesto a este problema de traslación, ya que fue escrito para una audiencia cuya coyuntura política difiere significativamente del vigente sistema político cubano. Escrito como una intervención en el mundo Occidental, con una democracia parlamentaria anquilosada y un voraz capitalismo de libre mercado, el Manifiesto Aceleracionista pretende hacer dos cosas. Primero: diagnosticar la incapacidad de la izquierda para cambiar el sistema político y económico. Segundo: el manifiesto propone un programa de rejuvenecimiento de la izquierda (futuro que propone el “aceleracionismo”) que pretende extender el marxismo hacia el siglo XXI.

Hay que recordar que para Marx sobrepasar el capitalismo es mucho más que superar y satisfacer las necesidades básicas. El capitalismo – y cualquier sistema que le suceda – debe propiciar el florecimiento de los deseos, intereses y subjetividades. La crítica de Marx al capitalismo iba de la mano con la emancipación colectiva de la humanidad, y con la construcción material y socioeconómica de la libertad. Una posición común entre las distintas vertientes del aceleracionismo –como proyecto para un sistema moderno de conocimiento, como una visión cosmicista del futuro, y como una planificación económica post-capitalista – es el objetivo de establecer las condiciones para la libertad. El Aceleracionismo, por tanto, busca construir el futuro. Busca recuperar la creencia, aparentemente perdida, de que hay una dirección que orienta la historia y esta, es la del progreso, la emancipación colectiva y la autodeterminación. Se trata de una recuperación de las ideas perdidas de la modernidad, liberadas de su enfoque capitalista y redefinidas por las críticas postcoloniales.

Cuba, bajo el mandato de Raúl Castro, se mueve lentamente hacia la reforma de un caduco sistema socialista centralizado. Pero aún existen significativos problemas con el estado cubano – esto hace que la valorización implícita en este manifiesto, sobre las capacidades del estado, parezca potencialmente retrógrada. Incluso, en Occidente, el problema radica en cómo eludir los sueños izquierdistas de localismo, gestión horizontal y autosuficiencia – para intentar rejuvenecer las luchas por los resortes del poder. Mientras que en Cuba, el problema puede ser visto como lo opuesto: cómo reducir el poder ilegítimo del Estado y recuperar la ayuda mutua y la auto-organización.

A pesar de las diferencias entre la coyuntura EuroAmericana y la de Cuba, esperamos que algunas de las sugerencias positivas del manifiesto para el futuro de la izquierda sean apropiadas. Con el neoliberalismo marcado por la inmanente crisis, con la decrepitud del tradicional socialismo de estado, y con el capitalismo de estado tipo chino, ofreciendo un camino alterno al mismo derrotero Occidental (acumulación por la acumulación), el manifiesto señala un nuevo camino a seguir. Con el desarrollo de la tecnología, la recuperación de una modernidad popular, y el rejuvenecimiento del objetivo de autodeterminación de la Ilustración, el aceleracionismo debe ser visto como un nuevo futuro para la izquierda, operando en los más altos niveles de ambición política. Es nuestra esperanza que las ideas de este manifiesto sean tomadas en cuenta en contextos particulares y modificadas para alcanzar la meta universal de emancipación colectiva.

Nick Srnicek y Alex Williams
London, January 2014
(Traducción: Gean Moreno y Ernesto Oroza)

*Esta introducción ha sido especialmente escrita por los autores para la publicación del Manifiesto en Carne Negra. Tanto ella como su traducción al español son producto de un gesto colaborativo totalmente desinteresado, inscrito en la lógica de libre circulación de información que caracteriza las dinámicas socioculturales de proyección progresista. Por ello queremos enfatizar nuestro agradecimiento a autores y traductores, por alcanzar con su actitud un contexto en el cual ejemplos como este comienzan a escasear.

Manifiesto Aceleracionista [parte 3]

03: MANIFIESTO: Sobre el futuro

1. Creemos que la división más importante que existe hoy en la izquierda se encuentra entre los que tienen una política popular de carácter local, de acción directa e incansable horizontalidad, y los que esbozan lo que debe empezar a llamarse una política aceleracionista, que se siente cómoda con una modernidad de abstracción, complejidad, globalidad y tecnología. Los primeros se dan por satisfechos con establecer pequeños espacios temporales de relaciones sociales no capitalistas, rehuyendo los problemas reales que conlleva el hecho de tener que luchar contra enemigos intrínsecamente no locales, abstractos y profundamente arraigados en nuestra infraestructura cotidiana. El fracaso de estas políticas es la crónica de una muerte anunciada. Por el contrario, una política aceleracionista busca preservar las conquistas del capitalismo tardío al tiempo que va más allá de lo que permite su sistema de valores, sus estructuras de poder y sus patologías de masa.

2. Todos queremos trabajar menos. Es intrigante saber por qué el economista más importante del mundo de la era de posguerra creía que un capitalismo ilustrado conllevaría inevitablemente con el tiempo una reducción radical de la jornada laboral. En “Perspectivas económicas para nuestros nietos” (escrito en 1930), Keynes predijo un futuro capitalista en el que las personas habrían reducido su jornada laboral a tres horas al día. Lo que ha ocurrido, en cambio, es que se ha ido eliminando progresivamente la separación entre trabajo y vida privada y que el trabajo, con el tiempo, ha acabado por impregnar todos los aspectos de las relaciones sociales.

3. El capitalismo ha empezado a reprimir las fuerzas productivas de la tecnología o, por lo menos, a dirigirlas hacia fines absurdamente limitados. Las guerras de patentes y la monopolización de las ideas son fenómenos contemporáneos que ponen de relieve tanto la necesidad del capital de ir más allá de la competencia como su aproximación cada vez más retrógrada a la tecnología. Los logros aceleracionistas del neoliberalismo no han resultado en menos trabajo ni en menos estrés. Y en lugar de un mundo cargado de futuro, de viajes espaciales y potencial tecnológico revolucionario, vivimos en una época donde lo único que avanza es una parafernalia de cosas ligeramente mejoradas para los consumidores. Un sinfín de repeticiones de los mismos productos básicos sostienen la demanda marginal de consumo a expensas de la aceleración humana.

4. No queremos volver al modelo fordista. No es posible regresar al fordismo. La “edad de oro” capitalista partía del paradigma productivo de la fábrica como entorno industrial ordenado, donde los trabajadores (hombres) recibían seguridad y condiciones de vida básicas a cambio de una vida de aburrimiento anquilosante y de represión social. Este sistema se sustentaba en una jerarquía internacional de colonias e imperios y una periferia subdesarrollada, así como en una jerarquía nacional de racismo y sexismo y en una estricta jerarquía familiar de subyugación de la mujer. A pesar de la nostalgia que muchos pueden sentir, el regreso a este régimen es tan indeseable como imposible en la práctica.

5. Los aceleracionistas quieren liberar las fuerzas productivas latentes. En este proyecto, la base material del neoliberalismo no necesita ser destruida. necesita ser reformulada con el fin de alcanzar unos objetivos comunes. La infraestructura capitalista existente no es un escenario que tenga que ser demolido, sino una plataforma de lanzamiento del post-capitalismo.

6. El sometimiento de la tecnociencia a los objetivos capitalistas —especialmente desde finales de la década de los setenta— impide conocer a fecha de hoy lo que una maquinaria tecnosocial moderna sería capaz de lograr. ¿Quiénes de nosotros reconocen hoy los potenciales ocultos que se esconden detrás de las tecnologías actuales? Nosotros creemos que el auténtico potencial transformador de muchos de los avances tecnológicos y científicos de nuestro tiempo no se ha explotado aún, cargados de características redundantes (o pre-adaptaciones). De producirse un cambio más allá de la miopía de los aliados capitalistas, estos avances podrían resultar decisivos.

7. Queremos acelerar el desarrollo tecnológico sin caer por ello en el utopismo tecnológico. Sabemos que la tecnología nunca será suficiente para salvarnos. Necesaria sí, pero nunca suficiente sin la acción sociopolítica. Las esferas social y tecnológica van siempre de la mano, y los cambios en una de ellas propician y potencian los cambios en la otra. Mientras que los tecnoutopistas creen que la aceleración tecnológica permitirá superar automáticamente de por sí los conflictos sociales, nosotros pensamos que el desarrollo tecnológico tiene que acelerarse precisamente porque la tecnología es necesaria para ganar los conflictos sociales.

8. Creemos que cualquier post-capitalismo requiere una planificación post-capitalista. Querer creer que después de una revolución la gente construirá espontáneamente un nuevo sistema socioeconómico que no constituya un simple retorno al capitalismo es, en el mejor de los casos, ingenuo, y en el peor, ignorancia pura. Para planificar esta fase tenemos que desarrollar un mapa cognitivo del sistema existente y especular con una posible imagen del sistema económico futuro.

9. Para ello, la izquierda tiene que aprovechar todos y cada uno de los avances científicos y técnicos que hace posible la sociedad capitalista. La cuantificación no es un demonio que deba ser exterminado sino una herramienta que ha de ser utilizada de la forma más eficaz posible. Los modelos económicos son, en palabras simples, una herramienta necesaria para hacer inteligible un mundo complejo. La crisis financiera de 2008 pone de manifiesto los riesgos de aceptar a ciegas modelos matemáticos, aunque esto es más un problema de autoridad ilegítima que de matemáticas. Las herramientas que nos ofrecen las disciplinas de análisis de redes sociales, modelos basados en agentes, análisis de grandes conjuntos de datos y modelos económicos de no equilibrio son necesarias a nivel cognitivo para entender sistemas complejos como la economía moderna. La izquierda aceleracionista tiene que formarse bien en estos campos técnicos.

10. Cualquier transformación de la sociedad debe implicar la experimentación económica y social. El proyecto chileno Cybersyn es un paradigma de esta actitud experimental. En él se fusionan tecnologías cibernéticas avanzadas con técnicas de modelación económica sofisticadas y una plataforma democrática materializada en la infraestructura tecnológica. En los años cincuenta y sesenta también se realizaron experimentos similares en la economía soviética, empleando la cibernética y la programación lineal para intentar resolver los nuevos problemas a los que se enfrentaba la primera economía comunista del mundo. El fracaso de estos experimentos se debió en última instancia a las limitaciones tanto políticas como tecnológicas a las que estos pioneros cibernéticos estaban sometidos en esa época.

11. La izquierda tiene que desarrollar una hegemonía tecnosocial tanto en el ámbito de las ideas como en el ámbito de las plataformas materiales, que son la infraestructura de la sociedad globalizada. Las plataformas establecen los parámetros básicos de lo que es posible tanto a nivel conductual como ideológico, plasmando con ello la trascendencia material de la sociedad. Son las que hacen posible determinados grupos de acciones, relaciones y poderes. Las plataformas globales actuales presentan una desviación tendenciosa hacia las relaciones sociales capitalistas, pero no es algo que sea ni inevitable ni irreversible. Estas plataformas materiales de producción, finanzas, logística y consumo pueden ser y serán reprogramadas y reformateadas hacia parámetros post-capitalistas.

12. No creemos que la acción directa sea suficiente para alcanzar ninguno de estos objetivos. Las tácticas habituales de manifestación con pancartas y creación de espacios temporalmente autónomos conllevan el riesgo de convertirse en sustitutos cómodos de la acción realmente eficaz y exitosa. “Al menos hacemos algo”, es el grito unánime que lanzan aquellos que anteponen la autoestima a la acción realmente eficaz. El único criterio que define una buena táctica es si con ella se consigue o no el éxito. Tenemos que acabar con las formas de acción individuales fetichistas. La política tiene que ser tratada como un conjunto de sistemas dinámicos divididos por conflictos, adaptaciones y contraadaptaciones permanentes junto con carreras armamentísticas estratégicas. Esto significa que cualquier forma de acción política individual pierde su eficacia con el tiempo porque la otra parte se adapta. No hay ninguna forma de acción política históricamente inviolable. Es más: con el tiempo se hace cada vez más necesario abandonar algunas tácticas de lucha tradicionales porque las fuerzas y las entidades que se pretende derrotar con ellas aprenden a defenderse y a contrarrestarlas muy eficazmente. La incapacidad de la izquierda de hoy de hacer lo mismo es uno de los motivos principales del malestar actual.

13. Hay que poner fin a la priorización extrema que se hace de la democracia como proceso. La idolatría de la horizontalidad, la inclusión y la apertura que practica gran parte de la izquierda “radical” sienta las bases de la ineficacia. El secretismo, la verticalidad y la exclusión también tienen su lugar en la acción política efectiva (no como herramientas únicas, obviamente).

14. La democracia no puede ser definida simplemente por los medios que emplea: la votación, el debate o las asambleas generales. La democracia de verdad tiene que definirse por su objetivo: la emancipación y el autogobierno colectivo. Es un proyecto que debe aunar la política con el legado de la Ilustración, en la medida en la que sólo mediante nuestra habilidad para comprendernos mejor y entender mejor nuestro mundo (social, tecnológico, económico, psicológico) podremos llegar a gobernarnos a nosotros mismos. Tenemos que establecer una autoridad vertical legítima controlada colectivamente junto con modelos sociales horizontales y distribuidos para evitar convertirnos en esclavos de un centralismo totalitario y tiránico o, por contra, de un orden emergente caprichoso que escapa a nuestro control. La autoridad de El Plan tiene que casarse con el orden improvisado de La Red.

15. No presentamos ninguna organización en particular como el instrumento ideal para integrar estos vectores. Lo que se necesita —lo que siempre se ha necesitado— es un ecosistema de organizaciones, un pluralismo de fuerzas retroalimentándose sobre la base de sus ventajas comparativas. El sectarismo es la sentencia de muerte de la izquierda del mismo modo que lo es el centralismo, y en este sentido recalcamos de nuevo la importancia de experimentar con diferentes tácticas (incluso con aquellas con las que no estamos de acuerdo).

16. Tenemos tres objetivos concretos a medio plazo. En primer lugar, tenemos que construir una infraestructura intelectual. Imitando a la Sociedad Mont Pelerin de la revolución neoliberal, se trata de crear una nueva ideología y unos modelos económicos y sociales nuevos, así como una visión de lo que está bien para reemplazar y superar los paupérrimos ideales que rigen nuestro mundo actual. Estamos hablando de una infraestructura en el sentido de construir no solo ideas, sino instituciones y herramientas físicas que permitan materializar, inculcar y divulgar dichas ideas.

17. Tenemos que impulsar una reforma de los medios a gran escala. Porque, a pesar de la aparente democratización que ofrecen internet y las redes sociales, los medios de comunicación tradicionales siguen siendo claves para seleccionar y elaborar el discurso. Poseer los recursos necesarios para seguir impulsando el periodismo de investigación es también un factor determinante. Someter estos entes al máximo control popular es esencial para desmontar el discurso actual sobre el estado de las cosas.

18. Por último, tenemos que reconstruir las diversas formas del poder de clase. Esta reconstrucción debe ir más allá de la idea de que ya existe un proletariado global generado de forma orgánica. En lugar de ello, debemos buscar la manera de integrar una serie dispar de identidades proletarias fragmentadas, que a menudo se manifiestan bajo formas post-fordistas de trabajo precario.

19. Hay muchos grupos e individuos trabajando ya en estos tres objetivos, pero por separado sus esfuerzos son insuficientes. Lo que se necesita es que los tres se retroalimenten mutuamente, con cada uno modificando la conjunción contemporánea de tal manera que los otros sean más y más efectivos. Un bucle de feedback sobre la transformación ideológica, social, económica y de infraestructuras que genere una nueva hegemonía compleja, una nueva plataforma tecnosocial post-capitalista. La Historia demuestra que siempre ha sido una amplia amalgama de tácticas y de organizaciones la que ha provocado un cambio sistémico; debemos aprender de estas lecciones.

20. Para lograr cada uno de estos objetivos, en el plano más práctico, sostenemos que la izquierda aceleracionista debe pensar más seriamente en los flujos de recursos y de dinero necesarios para construir una nueva infraestructura política eficaz. Más allá del “poder del pueblo” que ostentan los agentes que actúan en la calle, necesitamos financiación, ya sea de gobiernos, instituciones, laboratorios de ideas, sindicatos o benefactores individuales. Consideramos que la localización y la gestión de tales flujos de financiación son esenciales para comenzar a reconstruir un ecosistema de organizaciones de izquierda aceleracionistas eficaces.

21. Sólo una política prometeica en la que se ostente un dominio absoluto de la idiosincrasia de la sociedad y su entorno será capaz de abordar los problemas globales o lograr una victoria sobre el capital. Es necesario diferenciar este tipo de dominio del tan querido por los pensadores de la Ilustración original. El universo mecánico de Laplace, tan fácilmente dominado con la suficiente información, ha desaparecido de la agenda de la cognición científica seria. Pero esto no es para alinearnos con lo que queda de la posmodernidad, condenando el dominio como algo proto-fascista o la autoridad como de por sí ilegítima. En su lugar, proponemos que los problemas que acechan nuestro planeta y nuestra especie nos sirvan para otorgar al autodominio un aspecto y una complejidad totalmente renovadas. Si bien no podemos predecir el resultado exacto de nuestras acciones, sí podemos determinar de forma probabilística rangos de resultados posibles. Lo que debe asociarse a estos análisis de sistemas complejos es una nueva forma de acción: improvisada y capaz de confeccionar un diseño a partir de un procedimiento práctico que aborda las contingencias con las que se encuentra únicamente a través de la acción, dentro de una política de maestría geosocial y astuta racionalidad. Una forma de experimentación abductiva que busca las mejores herramientas para actuar en un mundo complejo.

22. Necesitamos recuperar el argumento que tradicionalmente se ha hecho valer para el post-capitalismo: el capitalismo no sólo es un sistema injusto y perverso sino también un sistema que frena el progreso. Nuestro desarrollo tecnológico está siendo aniquilado por el capitalismo en la misma medida en la que fue impulsado. El aceleracionismo es el convencimiento de que estas capacidades se pueden y deben liberar superando las limitaciones que impone la sociedad capitalista. Superar nuestras limitaciones actuales implica mucho más que una simple lucha por una sociedad global más racional. Creemos que también debe incluir recuperar los sueños que embargaron a muchos desde mediados del siglo XIX hasta los albores de la era neoliberal, recuperar la búsqueda del Homo Sapiens y trascender los límites de la Tierra y de nuestras formas corporales inmediatas. Estas visiones son consideradas hoy reliquias de una época más inocente. Ambas ponen de relieve la asombrosa falta de imaginación que caracteriza nuestro tiempo y ofrecen la promesa de un futuro estimulante desde el punto de vista afectivo y vigorizante desde el punto de vista intelectual. Después de todo, sólo una sociedad post-capitalista hecha realidad gracias a una política aceleracionista será capaz de cumplir las expectativas que generaron los programas espaciales de mediados del siglo XX e ir más allá de un mundo de pequeñas mejoras técnicas para provocar un cambio integral. Esta sociedad nos permitirá avanzar hacia una era de emancipación y autogobierno colectivo, hacia el futuro alienígena propiamente dicho que resulta de ello. Hacia la culminación del proyecto ilustrado de la autocrítica y el dominio de sí, en lugar de hacia su eliminación.

23. La elección que tenemos que tomar es crítica: o un post-capitalismo globalizado o una fragmentación lenta hacia el primitivismo, la crisis perpetua y el colapso ecológico planetario.

24. Es necesario construir el futuro. Porque éste ha sido demolido por el capitalismo neoliberal y reducido a una promesa de mayor desigualdad, conflicto y caos; eso sí, una promesa en oferta. Este colapso de la idea de futuro es sintomático de la situación histórica regresiva en la que nos encontramos y no, como muchos cínicos de todo el espectro político nos quieren hacer creer, un signo de madurez escéptica. Lo que el aceleracionismo persigue es un futuro más moderno, una modernidad alternativa que el neoliberalismo es intrínsecamente incapaz de generar. El futuro tiene que partirse para abrirse de nuevo, liberando nuestros horizontes hacia las posibilidades universales que ofrece el Afuera.

Manifiesto Aceleracionista

Publicamos en tres entregas la traducción al castellano del Manifiesto Aceleracionista, lanzado el 13 de mayo de 2013 por Alex Williams y Nick Srniček, de la London School of Economics. La obra ha generado muchas críticas en las últimas semanas gracias a su contenido deliberadamente polémico. En contraposición a reducir la política radical a propuestas de horizontalidad, consenso, acción local y democracia directa, los autores proponen radicalizar las tendencias de liberación que el capitalismo precisa poseer y controlar en todo momento. Una alternativa dentro del marco de desarrollo y expansión del capitalismo, que acelera la velocidad de producción, circulación y consumo hasta llegar a un punto de ruptura. Así, una izquierda aceleracionista no puede prescindir de las últimas tecnologías ni de los métodos econométricos y de intervención sobre el entorno más sofisticados; es decir, de todo lo que el capitalismo coloniza con fines de acumulación y explotación del trabajo (el neoliberalismo). Es una propuesta diametralmente opuesta a las vertientes, muchas de ellas de izquierda, que atribuyen de entrada una connotación negativa al desarrollo, el crecimiento y/o a la productividad global y que se enmarcan dentro del discurso de los límites, del decrecimiento o, en simetría al discurso neoliberal, de la austeridad.

Publicamos aquí la primera parte de este texto. Los dos capítulos restantes los publicaremos en esta web a lo largo del verano para que en otoño podamos abrir un debate sobre el desarrollo y la transición al post-capitalismo, es decir, un análisis sobre la posibilidad de una ruptura revolucionaria y la reapropiación de nuestro tiempo. 

#ACELERA

MANIFIESTO POR UNA POLÍTICA ACELERACIONISTA (PARTE I)

Por Alex Williams y Nick Srnicek | Trad. Comité Disperso

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01. INTRODUCCIÓN: Sobre la coyuntura

1. En el comienzo de la segunda década del siglo XXI, la civilización global se enfrenta a un nuevo tipo de cataclismo. Las apocalipsis que se avecinan dejan en ridículo las normas y las estructuras de organización política que se forjaron con el nacimiento de los estados-nación, el auge del capitalismo y un siglo XX marcado por guerras sin precedentes.

2. Lo más significativo es el colapso del sistema climático del planeta, que puede incluso poner en peligro la existencia de toda la población mundial. A pesar de que se trata de la amenaza más grave a la que se enfrenta la humanidad, hay una serie de problemas de menor envergadura pero potencialmente igual de desestabilizadores que coexisten e interactúan con el problema principal. El agotamiento irreversible de los recursos, especialmente de las reservas de agua y energía, puede provocar una hambruna masiva, el colapso de los paradigmas económicos y nuevas guerras, frías y calientes.  La crisis financiera continuada ha llevado a los gobiernos a adoptar la espiral mortal de las políticas de austeridad y a privatizar los servicios públicos del estado del bienestar y ha provocado un desempleo masivo así como el estancamiento de los salarios. La creciente automatización de los procesos productivos, incluido el “trabajo intelectual”, pone de manifiesto la crisis secular del capitalismo y su pronta incapacidad a la hora de mantener los niveles de vida actuales, incluso para las clases medias del hemisferio norte, ya en proceso de desaparición.

3. En contraste con estas catástrofes en aceleración continua, la política actual se caracteriza por un inmovilismo que la incapacita para generar las nuevas ideas y modelos de organización necesarios para transformar nuestras sociedades de modo que sean capaces de hacer frente a las amenazas de aniquilación que se perfilan. Mientras la crisis se acelera y refuerza, la política se ralentiza y debilita. En esta parálisis del imaginario político, el futuro queda anulado.

4. Desde 1979 la ideología política hegemónica a nivel mundial ha sido el neoliberalismo, omnipresente con algunas diferencias de matiz en todas las potencias económicas que actualmente dominan el mundo. A pesar de los desafíos profundamente estructurales que los nuevos problemas globales presentan a este sistema —los más acuciantes las crisis crediticias, financieras y fiscales que se están produciendo desde el año 2007/2008— los programas neoliberales no han hecho sino ahondar en sus dogmas. Esta continuación del proyecto neoliberal, o neoliberalismo 2.0, ha empezado a aplicar una nueva ronda de ajustes estructurales dirigidos, especialmente, a facilitar nuevas y agresivas incursiones del sector privado en lo que queda de las instituciones democráticas y los servicios sociales. Todo esto a pesar de los efectos económicos y sociales negativos inmediatos y de los obstáculos a más largo plazo que plantean las nuevas crisis globales.

5. Que los sectores de la derecha gubernamental y no gubernamental y del ámbito corporativo hayan sido capaces de impulsar de este modo el neoliberalismo es, al menos en parte, consecuencia de la parálisis y la incapacidad permanentes que azotan a gran parte de lo que queda de la izquierda. Treinta años de neoliberalismo han despojado a la mayoría de los partidos políticos de izquierda de pensamiento radical, contenidos y un mandato popular. En el mejor de los casos han respondido a la presente crisis con llamamientos para recuperar los principios económicos keynesianos, a pesar de la evidencia de que las condiciones de posguerra que permitieron el desarrollo de las socialdemocracias ya no existen. No podemos regresar así sin más a los postulados fordistas de producción en masa. Incluso los regímenes neosocialistas de la Revolución Bolivariana de América del Sur, a pesar de su alentadora resistencia a la hora de combatir los dogmas del capitalismo contemporáneo, siguen siendo incapaces lamentablemente de presentar una alternativa más allá del socialismo de mediados del siglo XX. El trabajo organizado, debilitado sistemáticamente por los cambios que trae aparejados el proyecto neoliberal, se fosiliza a nivel institucional y, en el mejor de los casos, sólo puede mitigar levemente los nuevos ajustes estructurales.  Sin un enfoque sistemático para construir un nuevo modelo económico ni la solidaridad estructural necesaria para promover cambios, las fuerzas laborales siguen siendo relativamente impotentes. Los nuevos movimientos sociales que han surgido desde el final de la Guerra Fría y que desde 2008 han experimentando un resurgimiento han sido igualmente incapaces de concebir una nueva visión ideológico-política. Por el contrario, estos movimientos consumen una gran cantidad de energía en los procesos internos de democracia directa y en la autocomplacencia afectiva por delante de la eficacia estratégica, y con frecuencia propugnan una variante de localismo neoprimitivista, como si para luchar contra la violencia abstracta del capital globalizado fuese suficiente la “autenticidad” frágil y efímera de la inmediatez comunal.

6. A falta de una visión social, política, organizativa y económica radicalmente nueva, los poderes hegemónicos de la derecha seguirán siendo capaces de impulsar su limitado imaginario a pesar de todas las evidencias en contra. En el mejor de los escenarios, puede que la izquierda sea capaz durante un tiempo de resistir parcialmente algunas de las peores incursiones. Pero esto poco podrá hacer contra la inexorable marea final que se avecina. Generar una nueva hegemonía global de la izquierda implica recuperar los futuros posibles perdidos, es más: implica recuperar el futuro como tal.

Traducción del Comité Disperso