Etiquetado: izquierda

Vencer a la desafección

En los tiempos de la gobernanza neoliberal la democracia se reduce a una simple formalidad para la aplicación de medidas al servicio de organismos supranacionales como, por ejemplo, el FMI, el Banco Central Europeo, la Comisión Europea o el Eurogrupo. Lo que importa no es quien gobierna, lo ha confirmado el referendum griego de julio 2015 y lo confirma la mitad de la población del Estado español que no ha asistido a la cita electoral y ha preferido quedarse en casa o dedicarse a otra cosa – y también parcialmente la victoria del primer partido ganador de las dos últimas elecciones. Hoy quien no vota expresa el mismo rechazo que quien vota en contra, para nosotras éticamente hablando es lo mismo. Es más que evidente que la desafección no es, en sí, una amenaza para las clases dominantes. Prefieren democracias reducidas a la expresión de una pluralidad manejable de voces contrapuestas. Antes el voto se planteaba como sustituto de la lucha en los movimientos sociales. Hoy, con las calles prácticamente vacías, es una expresión del rechazo como otra.

No pretendemos dar explicaciones del porqué ha vuelto a ganar el verdadero partido de “clase”. Para nosotras, lo necesario es prepararse para lo que viene. Existe una distancia creciente entre la clase media con miedo al empobrecimiento y la clase pobre. Estos días, las redes sociales arden con expresiones de frustración alienada y autodestructiva. Frases como “país de mierda lleno de subnormales” o “somos unos pringaos ignorantes” que nos recuerdan a los apodos que se les ha dado a los votantes que apoyaron el Brexit en Inglaterra, que se articulan sobre la creencia en una clase iluminada y una plebe irracional incapaz de discutir civilizadamente los argumentos expuestos en los hilos de Facebook y los artículos publicados en los medios digitales progresistas.

Hoy más que nunca, en cada comicio europeo, asistimos a la multiplicación de las valoraciones morales de quien no se ve reflejado en la opción mayoritaria. La soberbia de algunos comentarios aumentan el aislamiento, relegando la alienación que acompaña a la pobreza a ocupar un lugar oscuro, donde fácilmente encuentra refugio en la alucinación colectiva del nacionalismo o incluso del odio. Desde esa oscuridad, el miedo a un ataque desde el exterior empuja hacia el nacional-socialismo, como está sucediendo en varios países del este de Europa, en Grecia o en Francia antes de las extraordinarias movilizaciones contra la Loi Travail et son monde.

No es casual que en la política contemporánea, donde los procesos de integración alejan los centros de control directo de las decisiones políticas de los votantes, las instancias soberanistas y referendarias se unan a las nacionalistas, como si para reclamar la soberanía “usurpada” fuera necesario ejercerla inmediatamente y volver a establecer el límite natural, el del Estado. Esta dinámica, que todavía está emergiendo en casi todas partes como una solución de compromiso entre la democracia y la integración, es especialmente explosiva en Europa no porque las instituciones europeas sean burocráticas e ineficientes, sino debido a que pretenden representar una forma de unión política supranacional. Quienes lamentan este déficit democrático de la UE son los federalistas, por lo que no puede haber una verdadera política común sin una soberanía común. Los nacionalistas, en su lugar, acusan a Bruselas exactamente de lo contrario: de transformar la UE en un superestado artificial, que los procesos (en realidad intermitentes) de integración política e institucional constituyen una amenaza para la libertad y la prosperidad de las naciones. Las dos posturas son los dos reflejos del mismo espejismo.

Entonces ni el Estado capitalista del libre mercado y la propiedad privada, ni el Estado socialista y el monopolio de la propiedad pública de un pasado que afortunadamente no volverá, ni tampoco el de otras ideologías producidas como reacción a la supuesta ausencia de democracia como el independentismo “a prescindir”: las tres opciones son proyectos institucionales al servicio de la propiedad mediante la expropiación y la explotación de lo común. No estamos en contra de la independencia por estar en contra de la liberación de los pueblos oprimidos, sino porque no existen las condiciones materiales objetivas para producir una independencia política en este contexto. Tampoco se trata de estar o no en el euro o la UE, a pesar de que ninguna de estas decisiones pueden ser tomadas por vías democráticas o plebiscitarias. Si hay capitalismo no hay independencia y si queremos independencia hay que deshacerse del capitalismo.

Dejemos de quejarnos de la gente, de lo que hace o de lo que deja de hacer. Aunque resulte cómodo – incluso terapéutico – atribuir la responsabilidad a la composición social, no deja de ser efímero cuando no, contraproducente. Identifiquemos nuestras insuficiencias y asumamos nuestros límites. Habrá que repensar lo que abrió el 15M como un desbordamiento de la sociedad no traducible en la lógica de los partidos políticos, ni en la tristeza de un espectáculo forzado y la simplificación por defecto de toda la complejidad social. Pensemos cómo sonreír juntas de verdad, no para las cámaras de los platós de televisión, ni por la ridiculización de un líder en las redes sociales. Aprendamos como interpelar a la realidad, tomémonos en serio finalmente nuestra alegría y nuestra capacidad de acción y organicémonos para volver a sentirnos más felices que en las plazas del 15M. Porque no hay alegría sin lucha y no hay lucha sin organización.

Antes del próximo rescate, saboteemos las instituciones que están al servicio de la Troika bloqueando la economía.

Volvemos a empezar por el método

por Commonware

Publicamos la traducción al español de un extracto de este editorial porque señala unos elementos para entender la fase y un análisis para salir del impasse del gueto y la “nueva política”.

0. Derrotar al pensamiento de la derrota: esto es la primera tarea política de la fase. ¿Qué es el pensamiento de la derrota? Es la asunción de la imposibilidad de transformar el estado de cosas presente, es la aceptación de un papel marginal, de hecho es levantar una bandera blanca mientras que ideológicamente se agita una bandera roja.
El pensamiento de la derrota puede asumir dos formas, opuestas y especulares: por un lado la guetización en el testimonio identitario, por el otro el oportunismo de quien dice “basta de perder” y entonces salta en el carro de los ganadores, o supuesto como tales. Cambiando el orden de los factores, el resultado no cambia: la impotencia. Un círculo vicioso, tal impotencia vuelve la justificación de la propia ritualidad sin acción, o de su propio interés institucional – cuando luego esto se traduce en los aficionados de los candidatos exóticos, en listas de pocos votos o en el enésimo anuncio de la “nueva izquierda, esta vez la de verdad”, definitivamente la farsa ha hecho olvidar la tragedia. En breve hay una convergencia paradoxal entre la práctica de la “micropolítica” y la aspiración a la “macropolítica”, es decir, la dialéctica entre islas marginales y marginalidad institucional.

Ambas tendencias, a continuación, coinciden en descargar la responsabilidad de las propias elecciones sobre la composición social: ¿qué más se puede hacer en esta situación, sino encerrarnos en nuestros pequeños espacios o seguir las quimeras institucionales? Tenemos uno de los muchos ejemplos en los últimos meses en Europa sobre la cuestión de los refugiados, con respecto al cual la política institucional está ocupada por la dialéctica entre una derecha neoliberal, fiel a la necesidad de hacer circular la fuerza de trabajo para aumentar la estratificación del chantaje y la explotación, y una derecha proto-fascista,  que erige muros y sopla sobre la guerra entre los pobres y los empobrecidos. Por un lado entonces hay quien retrocede en una opción frentista, sobre el malo menor que vuelve la defensa del status-quo, es decir nuestro verdadero enemigo; por el otro hay quien retrocede a una opción humanitaria, en la exaltación de la víctima, acabando de ser subalterno a la opinión pública democrática y a la iglesia católica. Entre otras cosas, en la misma asunción del término “refugiado” ya hay una caída hacia el léxico de la gobernanza, que utiliza esa categoría como instrumento de división entre los migrantes. En resumen, desde la perspectiva de las luchas con las lágrimas nunca se ha construido nada: todos en facebook se conmueven con la foto de Aylan, para luego consolarse a la hora del aperitivo. La izquierda prospera en las ganas de llorar, que necesita de la victimización e inferiorización de lo social, para reproducir su propia función de supuesta representación. Ese es el nombre del pensamiento de la derrota: se llama izquierda. Nosotras tenemos que ir hacia otra dirección, porque nosotras no somos de izquierdas. Porque el contrario de izquierda no es derecha, es revolución.

1. Ya lo hemos dicho y lo repetimos, las insuficiencias son sobre todo nuestras, no de la composición de clase. Este “nosotros”, aquí entendido genéricamente, se ha quedado blandamente sobre lo ya conocido, sobre la aceptación de lo que tenemos, exaltándolo como la única cosa que podemos tener. Así, reproduciendo a unos mismos, se puede insistir en una lectura escolástica de la composición técnica, esperando la explosión conflictual de los sujetos identificados como objetivamente centrales. O se puede renunciar al nudo de la composición de clase, persiguiendo las luchas cuando están y la opinión pública en su ausencia. Pero ni los apóstoles de la ideología ni los turistas de los movimientos de los demás sirven para mucho para vencer al pensamiento de la derrota, más bien son su parte integrante.

El punto de método, que el análisis de la composición de clase es en primer lugar el análisis de los comportamientos subjetivos que la inervan. A los centros de gravedad en el proceso de acumulación capitalista, es decir la posibilidad de golpear al amo colectivo donde le duele más, tienen que corresponder unos comportamientos potencialmente conflictuales, no de aceptación, de rechazo. Colocación y comportamientos constituyen la relación sobre la cual se basa la composición política de clase: ignorando uno de los dos términos, se acaba de resbalar en una presunta objetividad o en un subjetivismo malentendido. Luego hay quien usa la dureza del primer término para justificar la falta del segundo: por ejemplo, se dice que diversas figuras del precariado cognitivo no luchan porque sometidas a un chantaje estructural, olvidando que el chantaje es el fundamento de la relación de explotación y compraventa de la fuerza de trabajo. Y, sin embargo, si los precarios son débiles no tienen que ser objeto de compasión, tienen que ser regañados. Nuestra parte, de hecho, no es la de los oprimidos: está compuesta por quien se rebela a la condiciones de opresión.

El problema entonces es donde mirar: muchos de los lugares donde lo hemos hecho hasta ahora, aquellos donde es más sencillo, resultan inadecuados o sin embargo insuficientes. Tenemos que ir allí donde hay lo desconocido, más precisamente un desconocido potencialmente productor de conflicto. Movernos in partibus infidelium, porque las tierras de los creyentes son bastante áridas. Si el término ensuciarse las manos no os gusta, encontrad otro. Si la palabra encuesta está demasiado abusada, y ciertamente lo está, llamémosle estilo de la militancia, que está hecho de investigación y construcción de un proyecto.

Fuente: Commonware

Elogio del conflicto

por Lea Melandri

Se trata de aprender a convivir con todo lo que hemos reprimido y abandonado como una anomalía inaceptable. Se trata de entender de qué manera el ser humano, el ser humano tal cual es, el ser humano con su fondo de oscuridad constitutiva, puede crear las condiciones para una vida en común ‘a pesar’ del conflicto y, de hecho, ‘a través’ del conflicto, poniendo fin al sueño o a la pesadilla de aquellos que quieren eliminar todo lo que hay en él de ingobernable.
Benasayag y Del Rey, “Elogio del conflicto” (2012).

Decir que se dan en la experiencia del individuo, centrados y confundidos, unas necesidades, identidades, lugares, relaciones, pasiones, fantasías, diferentes intereses y deseos. Reconocer que hay un “territorio” que se escapa o va más allá de los confines de la vida pública – y por lo tanto irreductible a lo social -, que es la vida psíquica, una zona fronteriza entre el inconsciente y lo consciente, entre el cuerpo y pensamiento, donde crecen raíces que todavía quedan en gran parte sin explorar.

Las “vísceras” racistas, xenófobas, misóginas, sobre las cuales la derecha anti política ha hecho una incursión para conseguir apoyo, es el sedimento de la barbarie, la ignorancia y los prejuicios antiguos pero también sueños y deseos mal situados, que la izquierda, anclada en la prioridad del trabajo y la clase obrera, siempre ha descuidado, como si después del gran salto operado por Marx no hubieran habido otros cambios igualmente radicales, como el psicoanálisis, el feminismo, la no violencia, la biopolítica, el ecologismo.

No debería ser difícil de reconocer que el “extranjero”, el”pobre”, el “fuera de la norma”, el migrante reducido a las necesidades vitales, encarna todo esto ahora mismo, llevando a la luz, lo “reprimido” originario de una civilización que, separando cuerpo y lenguaje, biología e historia, ha construido barreras, fronteras hasta dentro los cuerpos y la vida psíquica, y sentado las bases para que aquella separación fuera progresivamente desapareciendo.

El retorno de lo que fue excluido – los cuerpos, la vida de los individuos con su complejidad y totalidad, pasiones, fantasmas contradictorios – puede traducirse en una barbarie inevitable, pero también puede volver a abrir el camino hacia el deseo y el conflicto, la posibilidad de redefinir el lazo social sobre unas bases menos abstractas.

Fuente: comune-info.net

No reivindicamos nada

por Frédéric Lordon

En el punto donde estamos hay que estar ciegos para no entender que en el movimiento social se juega mucho más que una simple ley y sus artículos. Pero la ceguera es precisamente la característica de nuestros gobernantes y de sus comentaristas embedded. Así todo, este pequeño mundo sigue agitándose como en un teatro de sombras y recitando una comedia cada día más absurda; unos ocupados en pesar en su balancita y sus concesiones de fachada, los otros en sus ganancias risibles, y los terceros intentando tejer los elogios de lo que es razonable u ocupados en preparar las futuras “primarias”. Y todos pidiendo cual puede ser el color más oportuno para volver a pintar las rejas del jardín que se han dedicado a cultivar, allí, al lado de un volcán tembloroso y humeante.

Como una paradoja típica, cuando se está en el fin de un ciclo, son estos mismos señores que aceleran los procesos de descomposición, del cual se percibe el progreso cuando los umbrales de corrupción del lenguaje se estrellan uno tras otro. En este sentido, hemos tomado la costumbre de utilizar a Orwell como medida de referencia. Pero Orwell era un jugador pequeño al cual le faltaba definitivamente la fantasía. Hay que ser honestos del todo: no estaba completamente privado de talento, se ha tenido que esperar un poco antes de verlo superado en las falsificaciones lingüísticas, pero este momento ha llegado. Y es Bruno Le Roux, presidente del grupo socialista en la Asamblea Nacional, quien se ha encargado de enseñarle a qué altura puede llegar el prodigio del giro de sentido de las palabras: “Se necesita que el contrato indefinido no se vuelva una jaula para los empresarios (1). Hay que reconocer que es difícil de comprender plenamente tanto genio y que debemos estar de pie para no tener vértigo. Quien recuerde pensará inmediatamente en un extracto de las Nouveaux chiens de garde (2) en el cual Bénédicte Tassart (RTL), queriendo deshonrar el secuestro de los propietarios (por parte de los sindicalistas), dijo que “es inaceptable obligar a la gente en contra de su voluntad en la oficina“, obviamente sin darse cuenta de que, al hacerlo, muy agudamente, representa simplemente la condición salarial (sin duda, limitada al sector terciario, pero fácilmente generalizable). La pobrecita no era consciente del hecho de que las analogías carcelarias de Bruno Le Roux están calibradas mejor. Tan bien calibradas que casi queda la duda de que sean intencionales.

Efectivamente se podría pensar que todo lo que pasa en este momento ruede precisamente alrededor de la conexión, poderosamente destacada por Bruno Le Roux, del contrato salarial y la prisión. ¿Quién es el prisionero de verdad? Es este el punto de la disputa residual, sobre la cual, afortunadamente, no se paran aquellos que con un bote de spray en mano y de manera bastante enérgica vuelven a elaborar por su cuenta la gran intuición de Le Roux.

Y no solo de él, porque es sin duda un gobierno al cual no le faltan filósofos y que se destaquen en el arte de “hacer pensar”. Recordemos a Emannuel Macron, que sugería, meditando sobre los últimos fines existenciales, que “se necesitan jóvenes que quieran volverse multimillonarios”. Pasar al artículo indefinido para hacerle decir que se necesita que “los jóvenes tengan ganas de volverse multimillonarios” sería violar un pensamiento que, visiblemente, ¿Se abstiene de sacar todas las consecuencias por temor a reacciones retrógradas? Del uno al otro, entonces –de Le Roux a Macron – y aunque por caminos distintos, se trata de una idea general de la existencia que nos viene propuesta.

Hay una invitación y tenemos que demostrar sensibilidad. Tomamos las cosas al mismo nivel de generalidad con la que nos vienen propuestas – la única manera de responder adecuadamente. Decimos por honestidad que esta respuesta ha necesitado tiempo para llegar a su maduración. Es verdad que tanto la brutalidad del asalto neoliberal como la caída de la “alternativa comunista” no han facilitado la toma de conciencia. Treinta años de experimentación sobre la piel no podían más que producir alguna incomprensión. Pero lo “real” hace su camino, y lo hace cada vez mayor cuando se desarrollan lugares para compartir (primer ejemplo entre otros la web #OnVautMieuxQueCa), donde la gente descubre lo que está obligada a vivir contra su propia voluntad y compartido por muchos.

Además, tenemos que agradecer a este gobierno que nunca ha dejado de estimular la reflexión: la denominada “Ley del Trabajo” llega como una especie de apoteosis que nos permite las últimas aclaraciones. La idea de vida que nos proponen estas personas ahora aparece en toda su claridad. Es por eso que, ahora que estamos dotados del conocimiento necesario y después de largas reflexiones, podemos decir “no”. Subrayamos, para los sordos– y siempre hay muchos del lado del poder -, que lo que se trata hoy va de esto. No de cuantas veces el contrato indefinido pueda ser renovado o de la oportunidad de los voucher, o de otra cosa: se trata, más bien, de la idea de la existencia.

Alguien se puede convencer recurriendo a los principios, se puede hacer aún mejor a través de las imágenes. Para aquellos que no tienen todavía bien claro el tipo de mundo que la filosofía del gobierno desea por nosotros – en los dos sentidos de la palabra: en lugar de nosotros y para imponerlo a nosotros – sería suficiente tener en consideración una cosa o dos que pueden representar un desafío al poder. Nos referimos, y han sido vistas por todos, a las imágenes de una controversia muy encendida entre tres policías antidisturbios y un peligroso estudiante de bachillerato, o las imágenes de la vuelta de los equipos especiales de policía en los bancos de la universidad de Tolbiac, que arrojan una luz distinta a las palabras de François Hollande de 2012 – “Me gustaría volver a dar la esperanza a las nuevas generaciones” – o el discurso más reciente de la ministra de la Educación Najat Vallaud-Belkacem (24 de marzo 2016) – “Educación: lo que hacemos para la juventud”. Excepto que no era exactamente lo que querían.

La realidad del orden social se hace de otro modo explícita en dos vídeos: el primero, de testigo puro, fue filmado por el diario Fakir y muestra a Henri (su apellido no se conoce) contar cómo él, asalariado de un subcontratista, ha sido denunciado por la Renault donde intervenía a su empleador por haber señalado la película Merci patrón ! a algunos sindicalistas del Technocentre (el centro de investigación de la Renault) fuera del horario de trabajo y a través de su correo electrónico personal…

Denunciado y, por supuesto, alejado del sitio donde desempeñaba su trabajo… ahora está luchando con un procedimiento de despido con su empleador. Aún más desconcertante, si se puede, es la escena grabada en una oficina de correos de Asnières: durante una asamblea frente a un grupo de robocop preparados y armados con flashball, llamados por la dirección. Sólo su cohesión y la reacción de un sindicalista cojonudo, blindado por sus derechos sindicales, pudo echarlos.

Quizás esta es la escena que resume el terror del poder: el encuentro entre estudiantes y asalariados. La vigilancia policial en última instancia, del asalariado ingobernable, es decir la fusión entre Estado y capital, paradójicamente aún más fuerte cuando se trata de capital público; la alternativa radical de la sumisión o de la lucha colectiva. Es más que evidente que frente a tal espectáculo, la claridad de la comprensión obtiene la ayuda de la imaginación. Y también una nueva mezcla de sentimientos y emociones. Y gracias a este buen impulso somos finalmente capaces de decir lo indecible: no reivindicamos nada. Entenderéis que después de décadas en las que nos habéis enseñado, vosotros y vuestros símiles, vuestras altas calidades y previsión, la idea de negociar con vosotros nos parece sencillamente sin sentido. El hecho es que “reivindicar” tiene sentido solo en un contexto en el cual se pueda reconocer como implícitamente legítimo. Llega el momento en el cual, a fuerza de negociar por unas migajas y también simplemente por reducir la reducción de las migajas, lo impensable vuelve a la mente. Ya no más como objeto de alguna “reivindicación”, sino como objeto de una transformación completa.

Es cierto, lo sabemos: para seguir manteniendo la ilusión podéis contar con el sindicalismo amarillo, el que ve “expectativas de progreso” (3) después de las peores regresiones, y que la ciencia heraldica ya tiene establecido tanto el escudo “de fregonas cruzadas” como el lema sempiterno “hundidos desde siempre”. Contra un cierto sindicalismo de rodillas, lo que nace ahora es un movimiento en pié. Como ya se sabe un movimiento entendido en este sentido, comienza por las asambleas y las reuniones. Entre la gente se extendió la idea de que simplemente manifestarse en las mismas rutas predeterminadas, en otras palabras “reivindicar”, ya no es suficiente. La consecuencia es que no volverán a casa después de la manifestación, se reunirán en algún lado para empezar algo distinto. “Nuit Debout” (Noche en pié) es el nombre de esta iniciativa, y su lema, copiado del mensaje de la película Merci patrón ! es indicativo de la relación con la contraparte: “aterrorizarlos”… Reunirse, no disolver las manifestaciones, no reivindicar: efectivamente, un concentrado de anomalías inquietantes para los sabios administradores de la contraparte.

Y es cierto que, incluso si no conocemos bien nuestra fuerza, lo que está emergiendo es una pesadilla para el Estado, que se ve sus miedos expresarse en una coyuntura astral de lo peor: la negación de la mediación, el abandono de la reivindicación y su reemplazo con la afirmación.

Podríamos decir, de hecho, que estamos a punto de experimentar uno de estos benditos momentos de la historia en la que los grupos fragmentados entre sí redescubren lo que tienen en común, este común macizo establecido por el propio capitalismo: la condición salarial. No solo los empleados maltratados de hoy en día, los universitarios y los estudiantes de la escuela secundaria maltratados mañana, la precariedad de todo tipo, sino también todas las demás víctimas indirectas, se diría secundarias, de la lógica general del capital, los migrantes en situación irregular y explotables hasta el infinito.

¿Qué puede hacer un ministro, o su subsecretario, con todas estas personas que no quieren saber más de reivindicar? Nada, absolutamente nada, y lo saben, entre otras cosas, y eso es lo que les asusta. Cuando abandonan la práctica infantil de la reivindicación, la ciudadanía encuentra el gusto de la afirmación – la ruptura del monopolio estatal sobre el derecho a la afirmación. Para su desgracia, la ley El Khomri habrá sido la prevaricación de más, la que va más allá del umbral del escándalo, y genera el impulso en los espíritus para el cambio radical de perspectiva de las cosas, posiciones, roles. No tenemos ningún deseo de luchar para cambiar dos párrafos: queremos afirmar nuevas formas de actividad política.

Hay que sentir el llamamiento conmovedor de Michel Wievorka por “rescatar la izquierda de gobierno” (6) para comprender el nivel de integración de los intelectuales en connivencia al “marco” general de las cosas, y de consecuencia, su incapacidad total para entender lo que se mueve en la sociedad, también y sobre todo si son sociólogos. En un intento de redefinición performativa de las categorías políticas que explicita plenamente el desplazamiento a la derecha de este personal acompañante (siguiendo a sus maestros, que no pueden abandonar), Wievorka nombra representantes de la “izquierda de la izquierda”… Benoit Hamon y Arnaud Montebourg (izquierda socialista)! Una manera de indicar a esta gente donde está situada la frontera extrema del mundo político – porque, por definición, a la izquierda de la izquierda de la izquierda, no hay nada. O más bien sí: hay los locos, la izquierda “loca”, es la expresión preferida de todos los sorprendidos que no comprenden que se puede no querer elegir entre “la izquierda liberal-marcial de Manuel Valls” (sic), “la izquierda social-liberal de Emmanuel Macron” y entonces “la izquierda de la izquierda de Benoit Hamon y Arnaud Montebourg”. Encerrados en sus certezas, redibujan las fronteras de este dominio de la locura cada vez más cerca de ellos. Entonces hay que decirles, a Wievorka y a todos sus símiles, a los Olivennes (7), a los Joffrin (8), etcétera… es cierto, estamos completamente locos. Y estamos llegando.

 

NOTAS

(1) LCP, 10 de marzo 2016.
(2) Les nouveaux chiens de garde, pelicula de Gilles Balbastre et Yannick Kergoat, Epicentre films éditions, 2011.
(3) Laurent Berger, « La loi Travail “peut répondre à une ambition de progrès” », L’Obs, 24 mars 2016.
(4) Convergence des luttes.
(5) « Pour la république sociale », Le Monde Diplomatique, mars 2016.
(6) Michel Wieviorka, « Il faut sauver la gauche de gouvernement », entretien, L’Obs, 27 mars 2016.
(7) Denis Olivennes, La maladie de la gauche folle, Plon, 2000.

Fuente: Le Monde Diplomatique

Evo Morales y los límites del socialismo del siglo XXI

por Angus McNelly

2 de marzo 2016

El referéndum constitucional celebrado la semana pasada en Bolivia puso al descubierto las contradicciones y tensiones que residen en el fondo de la política boliviana, después de diez años de poder del Movimiento al Socialismo (MAS).

El pasado 21 de febrero se llevó a cabo en Bolivia un referéndum constitucional para decidir si el presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera deben seguir gobernando otro mandato o no.

La propuesta de modificar el artículo 168 de la constitución que permitiría al presidente y al vicepresidente seguir en el gobierno durante tres mandatos consecutivos fue rechazada con un 51,3% de los votos. Ahora que después de una larga y batallante campaña la situación se ha empezado a calmar, es importante reflexionar acerca de las lecciones aprendidas de dicho referéndum. El resultado es una clara expresión de algunas de las contradicciones que yacen en el corazón de la presidencia de Evo Morales.

El referéndum ha puesto en evidencia las tensiones que hay en la economía política  de Bolivia entre los estilos de vida indígenas —el Buen Vivir— y el modelo neoextractivista del Estado por un lado, y entre el gobierno de los movimientos sociales y los movimientos sociales en sí mismos, por el otro lado.

El gobierno del MAS se caracteriza por la continuidad con los gobiernos anteriores más que por su ruptura; parece ser incapaz de cortar con la lógica del periodo neoliberal anterior a él. La economía sigue dependiendo de las exportaciones primarias, y la informalidad y la precariedad son una realidad persistente para muchos bolivianos. El Estado tuvo la oportunidad, en su momento, de alterar radicalmente la naturaleza de la economía política de Bolivia pero, por el contrario, siguió tapando las grietas del sistema económico predominante.

LA PROMESA INICIAL DE EVO MORALES

Para muchos en la izquierda, Bolivia es un lugar de esperanza. Es un ejemplo del poder de los movimientos, de lo que sucede cuando los oprimidos y excluidos se sublevan y luchan en contra de las narrativas políticas dominantes y rígidas, en contra de los modelos económicos.

Durante los primeros años después de su victoria electoral, el MAS gozó de la buena voluntad residual que se desprendió de las victorias de los movimientos sociales de los 2000-2005.  Este fue el periodo que presenció las protestas masivas que impidieron los intentos de privatización, el derrumbe de los gobiernos neoliberales y la proliferación y articulación de ideas radicales en una sociedad muy movilizada.

El apogeo de estos movimientos sin duda se enmarca en las tan conocidas Guerras del Gas de octubre de 2003 y junio de 2005, donde cientos de miles de personas se movilizaron para exigir la renacionalización de los hidrocarburos y la dimisión del presidente. Evo Morales fue la representación de este momento dentro del Estado ya que lideró, supuestamente, un gobierno de movimientos sociales. Aunque inicialmente el MAS consiguió un apoyo significativo por parte de la mayoría de los sectores populares, las tensiones de esta configuración no se contuvieron por mucho tiempo.

Una de las características principales dentro la coyuntura de la cual emergió esta inmensa movilización social fue la crisis fiscal del Estado. La privatización de la principal fuente de ingresos del estado boliviano —la empresa estatal de hidrocarburos Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, YFPB— y el lento crecimiento del PIB durante finales de los noventa debido a las contradicciones del capitalismo neoliberal limitó seriamente la habilidad del Estado de funcionar correctamente, en muchos sentidos.

En primer lugar, los ingresos públicos extraídos de los hidrocarburos que se destinaban a las localidades municipales desaparecieron, hecho que desató un amplio descontento especialmente entre los municipios pobres y rurales. En segundo lugar, la creciente deuda situó a Bolivia cada vez más bajo el control de las instituciones financieras internacionales (incluyendo el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional) restringiendo la capacidad del Estado de responder a la crisis. El FMI exigió que el déficit presupuestario (en gran parte resultado de los programas de privatización apoyados por el mismo) se maquillara, fulminando el gasto social y los impuestos regresivos.

Por eso, los movimientos sociales exigieron una restructuración de la economía política neoliberal de Bolivia. Durante los enfrentamientos violentos del impuestazo en febrero de 2003, estos rechazaron los impuestos regresivos y en las protestas populares de las dos Guerras del Gas pidieron la renacionalización de los hidrocarburos y el fin del neoliberalismo en Bolivia.

Evo Morales fue llevado al palacio presidencial bajo una ola de optimismo, con el respaldo de estos movimientos. No solo fue el primer presidente indígena de Bolivia sino que representó un desafío al orden neoliberal que había dominado en este país desde 1985. Trajo un nuevo periodo de esperanza y la expectativa de que la economía política de Bolivia iba a ser reorganizada bajo principios radicalmente distintos para el beneficio de la mayoría de bolivianos. Sin embargo, en los últimos años el proceso de cambio parece haber perdido su rumbo, la esperanza que radiaba durante los inicios del gobierno de Morales está siendo remplazada por las crecientes contradicciones del Estado.

El gobierno se ha arruinado debido a los numerosos escándalos de corrupción de los últimos meses, de los que Morales no ha salido ileso. El referéndum constitucional es pues la última expresión de las tensiones que se encuentran en el centro del socialismo del siglo XXI.

¿UNA “NUEVA” ECONOMÍA POLÍTICA DE BOLIVIA?

Al contrario de lo que indican los resultados del referéndum del pasado 21 de febrero, Evo Morales sigue siendo popular entre la población boliviana. En enero, el índice de aprobación aun estaba entre el 60 y el 70 %.

Evo y su partido, el MAS, fueron el primer partido en ganar por mayoría en unas elecciones presidenciales desde el retorno de la democracia en 1982, y fueron el primer gobierno en funciones en ser reelegido, algo que ahora han conseguido por segunda vez. Detrás de este éxito electoral se encuentran un crecimiento de la economía y una imagen del gobierno como impulsor de la redistribución y la reducción de la pobreza; imagen que se utilizó para la campaña del “sí”, con eslóganes que destacaban los cambios que ha habido en Bolivia bajo el mandato del MAS.

Sin embargo, dentro de la economía política de Bolivia hay grietas visibles, problemas que los protagonistas de la campaña del “no” realzaron.

En primera instancia, el gobierno ha querido fomentar una imagen de redistribución , introduciendo programas de transferencia condicionada de recursos (TCR) dirigidos a los pensionistas, niños y madres jóvenes. La dramática operación militar encargada de reapropiarse de los campos de hidrocarburo, que en 2006 pertenecieron al YPFB, fue diseñada para el mismo efecto. Sin embargo, esto se realizó únicamente de cara a la galería, una inteligente estrategia de las relaciones públicas que mostraba al gobierno como un ente que actuaba bajo las demandas de los movimientos sociales.

En realidad, más que nacionalizar la industria lo que hizo el gobierno fue firmar cuarenta y cuatro contratos nuevos con las doce compañías petroleras más grandes. También acordó contratos de exportación con Argentina y Brasil, medida que en combinación con el auge global de bienes básicos entre 2008 y 2013 incrementó la tasa media de crecimiento del PIB del 3,3% por año entre 1996 y 2006 al 5% entre 2006 y 2014.

El Estado ha centrado sus esfuerzos no en la redistribución de su riqueza sino en un programa de lo que el Washington Post ha etiquetado de “prudencia fiscal”, construyendo reservas extranjeras para asegurar la estabilidad macroeconómica. Sin embargo, aun con un insignificante 1,6% del PIB gastado en programas de transferencia condicionada de recursos, el auge global de bienes básicos ha ayudado a reducir de forma significativa la pobreza bajo el mandato del MAS. La pobreza disminuyó del 59,6% al 39,1% entre 2005 y 2013, y la pobreza extrema se redujo del 36,7% al 18,8% durante el mismo periodo.

Sin embargo, los centros de acumulación de capital en Bolivia siguen en la misma situación ya que el MAS ha sido incapaz de transformar (o no ha querido)  la estructura de la economía política de Bolivia. Las decisiones tomadas por este gobierno durante su primer mandato tuvieron un gran impacto en la reciente trayectoria de Bolivia. Morales tenía la clara responsabilidad de nacionalizar los hidrocarburos, un mandato que aparentemente ignoró. El capital multinacional de las agroindustrias de tierras bajas, los hidrocarburos y la minería complementados por la burguesía naciente de las cooperativas mineras, las operaciones comerciales, el contrabando y los narcóticos siguen siendo los principales sectores de la acumulación capitalista.

Hasta ahora, Bolivia ha podido mantener su tasa de crecimiento del PIB, con un promedio del 5,2% en enero y febrero de este año. Pero, lo que preocupa particularmente dentro de este contexto de continuo silencio respecto a la economía boliviana es el mantenimiento de los precios de los productos básicos (especialmente el de los hidrocarburos).

Pese al contrato bilateral de proveer gas natural a Brasil hasta 2019, el contrato con Argentina está en proceso de renovación, y el precio del gas boliviano ha caído un 43% en Argentina y un 53% en Brasil en el último año.

Con predicciones negativas respecto al crecimiento global del PIB en 2016 y con la ausencia de señales de crecimiento del precio del petróleo en el futuro próximo, el modelo neoextractivista pasará por un periodo de alto nivel de estrés.

Aun con los recientes descubrimientos de gas en Boicobo, Ipaguazu y Boyuy, que han supuesto el crecimiento de un 40% de las conocidas reservas bolivianas, el gobierno tendrá que luchar contra el débil rendimiento económico, y es probable que fomente nuevos modelos de acumulación para mantener las recientes tasas de crecimiento del PIB en Bolivia. De hecho, ya hemos percibido signos de ello con la acogida por parte de Morales de la feria de inversión patrocinada por el Financial Times en octubre del pasado año en Nueva York.

PRINCIPIOS INGÉNUOS Y EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

Las tensiones dentro del régimen de Morales no se limitan ni de lejos únicamente a la economía política. El modelo neoextractivista descrito anteriormente es completamente opuesto al principio indígena del Buen Vivir que Evo Morales supuestamente defiende.

En el epicentro de este principio reside el respeto a la pachamama ­— la Madre Tierra— y la convicción de que el ser humano y el mundo natural existen en estable harmonía; un balance delicado donde los humanos son parte de un ecosistema más grande y de un mundo espiritual. Esta cosmología se caracteriza por una concepción cíclica del tiempo y por la presencia del pasado en el presente: la topología de los Andes cuenta historias de acontecimientos de eras pasadas. Las comunidades indígenas creen que los protagonistas de estos cuentos (sus ancestros) son las laderas coloridas y los picos nevados de los Andes.

Esto contrasta radicalmente con las ideas que apoya el extractivismo: la dominación del mundo natural a través del uso de la tecnología y de la maquinaria. Los humanos conquistan las vicisitudes del mundo natural (su temperatura extrema y clima, su cambio de estación y los ciclos anuales) arrasando con la Madre Tierra, que existe para los humanos como algo a lo que explotar.

Así, estos son posicionados por encima de los ecosistemas del mundo natural, con las sociedades modernas capitalistas separadas de los ecosistemas naturales y no como dos esferas inseparables. La esperanza de vida de la extracción de recursos es teleológica, una progresión lineal dirigida hacia un final definido puesto que el recurso finito se agota, algo que no concuerda mucho con la concepción cíclica apoyada por las comunidades indígenas.

El reciente escándalo en el que Evo Morales se ha visto implicado captura estas contradicciones del MAS. En 2007 Morales fue padre de un niño junto a Gabriela Zapata, una cruceña blanca que trabaja para la compañía china CAMC y que negocia contratos con el estado de Bolivia. Bajo el mandato de Morales, la CAMC ha sido premiada con 500 millones de dólares con contratos estatales de desarrollo; la firma multinacional responsable de la construcción de infraestructuras (incluyendo un tren eléctrico) es un apoyo para la economía extractiva de Bolivia. Corre la noticia de que los intereses de una descendiente blanca europea, junto a aquellos con capital multinacional, se han situado por encima de los intereses de la mayoría indígena boliviana.

Así pues, no es sorprendente que el descubrimiento de este escándalo a principios de febrero seguramente haya inclinado la balanza a favor del “no” (el “sí” estuvo, acorde a algunos encuestadores, por delante del “no” por cinco puntos justo un mes antes del referéndum). El gobierno de Morales no sólo se está pareciendo cada vez más a sus predecesores, incapaces de parar la corrupción que ha estado omnipresente en el estado boliviano en sus distintas facetas, sino que el escándalo subraya también la continua subordinación de los intereses indígenas a los del capital.

Hay otra seria contradicción en el MAS, una tensión que se encuentra en la misma esencia del referéndum constitucional. La unidad social Aymara de los ayllu no está organizada alrededor de los ideales liberales de “derechos” y “responsabilidades” sino de los principios de “rotación” y “obligación”. Se espera que todo aquel que forma parte de una comunidad lleve a cabo ciertas tareas en momentos determinados, y después ceda la responsabilidad a su sucesor. Los movimientos sociales tomaron estos principios (especialmente en El Alto, donde la población es mayoritariamente Aymara) y las familias fueron obligadas a enviar a uno de sus miembros a las barricadas, los encuentros o las marchas.

En los ayllus la “obligación” es sustituida por la “rotación”: una vez un miembro de la comunidad ha llevado a cabo su rol, es cuando se le pasa el turno a otro. Evo Morales, al demandar un cuarto mandato, entra en conflicto directo con la idea de “rotación” del liderato, un ideal que él supuestamente representa.

Muchos de los defensores principales de la campaña del “no”, incluyendo el gobernador de La Paz Felix Patzi, han captado este desacuerdo entre la retórica de los principios indígenas y las acciones del gobierno. El referéndum constitucional representa un rechazo a la tradición y los principios indígenas, y muestra de forma clara la brecha entre el Estado y la mayoría indígena que forma las base de soporte del MAS.

¿UN “GOBIERNO DE MOVIMIENTOS SOCIALES”?

El MAS es, acorde al vicepresidente García Linera, un gobierno de movimientos sociales. Evo Morales es el líder de las seis federaciones de producción de coco del Chapare, y antes de convertirse en presidente fue un activista social. Las consecuencias de haberse establecido como un gobierno de movimientos sociales han resultado en cierto modo inesperadas.  A muchos de los protagonistas de las luchas de los 2000-2005 se les adjudicaron posiciones dentro del gobierno, decapitando el liderazgo de la sociedad civil local y cimentando los canales oficiales del gobierno como ruta legítima del cambio.

Esto cerró las vías alternativas para promulgar el cambio desde abajo. Los movimientos sociales fuera del control estatal fueron etiquetados de contrarrevolucionarios por ser conducidos por líderes egoístas que superponían sus propias necesidades a las de la nación. Es interesante notar cómo esta polémica (que se dirigió principalmente a los líderes de la Confederación de los Pueblos Indígenas de Bolivia en el conflicto que empezó en el 2011 sobre la construcción de una carretera en el parque nacional del TIPNIS) se contradice con el plurinacionalismo que supuestamente respalda el estado boliviano.

Situar las necesidades de la nación por debajo de las de un grupo particular no es compatible con un plurinacionalismo verdadero, ya que las necesidades de todos los grupos, todos en su propio derecho de “nación”, deben ser consideradas iguales. La represión violenta a los movimientos sociales no estatales desafía esta idea de gobierno de movimientos sociales.

Además, la integración de algunas comunidades y líderes dentro del Estado les ha ofrecido el acceso a recursos estatales, promoviendo estatus individuales y propiciando el desarrollo de algunas comunidades por encima de otras. Esto ha tenido numerosos efectos en la sociedad boliviana. En primer lugar, ha fomentado una lucha intercomunitaria ya que los grupos de las tierras bajas del TPNIS desconfían de las naciones indígenas del altiplano y viceversa. Además, los ayllus del Potosí llevaron a cabo una protesta masiva en el 2011 ya que se sentían agraviados porque el Estado no había destinado recursos a su departamento.

En segundo lugar, y quizás más gravemente, ha creado un conflicto intracomunitario entre aquellos que tienen acceso a los canales oficiales del Estado y aquellos que quieren radicalizar el proceso de cambio. Así pues, algunos de los líderes de los ayllus ven el régimen de Morales peor respecto a los gobiernos neoliberales de los años ochenta y noventa ya que han presenciado como sus comunidades se han ido dividiendo cada vez más durante estos últimos diez años.  El referéndum constitucional sacó a la luz estas tensiones intracomunitarias, con comunidades (incluso familias) divididas entre el “sí” y el “no”.

¿UN PASO EN LA DIRECCIÓN CORRECTA?

El referéndum constitucional nos ha enseñado mucho acerca de la situación actual en Bolivia: acerca de la economía política de la Bolivia de Evo Morales; acerca de la relación entre comunidades indígenas, el Estado y la acumulación del capital; y acerca del impacto del MAS, con la pretensión de ser un “gobierno de movimientos sociales”.

La conclusión a la que podemos llegar es que hay un problema con respecto a las bases del socialismo del siglo XXI. Ha habido demasiada continuidad y poca ruptura, y las viejas instituciones del Estado y la acumulación del capital no han sido ni  desafiadas ni transformadas. El capital transnacional aun domina el paisaje económico, a menudo a expensas de las comunidades indígenas y de los movimientos sociales que forman el apoyo de base del gobierno de Morales.

El referéndum constitucional simplemente resalta el exceso de las contradicciones que contiene esta continuidad con las viejas formas políticas y la economía política. Nos recuerda no cuán lejos ha llegado Bolivia sino todo el camino que le falta por recorrer. Esta es una oportunidad para reflexionar acerca de los errores del pasado, y para contemplar lo que podría haber sido en el surgimiento de un momento de oportunidad radical.

La victoria del “no” ofrece una nueva oportunidad, pero si el régimen de Evo Morales nos ha enseñado algo es que una transformación social seria solo puede venir de una ruptura radical con el pasado.

Fuente: ROAR Magazine

La destitución de Dilma y el debate en las calles

por Salvador Schavelzon

Fuera de Brasil se impone la visión de que hay un golpe conservador en marcha contra un gobierno progresista o popular. Rápidamente se alinean elementos para cerrar un análisis: Estados Unidos, los medios, la justicia parcializada y la oposición a los gobiernos progresistas. Pero en momentos en que el ciclo político estatal de los últimos años en la región y también los relatos y narrativas en que se apoyaron los mismos se muestran agotados, de lo que se trata no es de cerrar sino de abrir un análisis; de agregar elementos para entender dónde estamos. Abrir y conectar para buscar nuevos lugares desde donde podamos actuar frente a una lógica de gobierno que se muestra mucho más allá de sus presidentes y partidos.

La destitución de Dilma tiene la participación crucial del PMDB, partido que formó por 12 años parte de la base de gobierno en el congreso, y también fue socio del PT en el poder ejecutivo. Cómo se leía claramente en las protestas de junio de 2013 y contra la copa del mundo en 2014, la situación política en Brasil es la de un frente transversal conservador en el que las coincidencias resaltan más que las diferencias entre gobierno y oposición. La forma en que circula la idea de golpe mantiene en pie la narrativa de la polarización, desde donde se construyó la reelección de Dilma, pero que quedó suspendida desde el día 1 de gobierno en que volverían a primar los consensos de Estado.

Cuando para tanta gente es tan notorio que en lo cotidiano la existencia de la ley y la constitución es insignificante, es difícil discutir si está en marcha una interrupción del régimen democrático. Hay en marcha un golpe político por vías institucionales, manipuladas como siempre, en este caso por la oposición. Pero lo cierto es que no habría golpe si la gente se arrojara masivamente a las calles y si un gobierno de reformas se hubiera fortalecido cumpliendo lo que prometió en la última elección.

Si vemos el sentido de las políticas de gobierno de Dilma, es claro que la actual situación no fue generada por las políticas que impulsó, a las que medios y jueces conservadores se opondrían. El gobierno reprimió protestas, se alió y benefició en todo lo que pudo al agronegocio desforestador y etnocida, aprobó leyes de flexibilización neoliberal (proponiendo subir edad de jubilación y aplicando recortes de derechos laborales), no defendió el para muchos sagrado patrimonio de recursos naturales (cediéndolo a transnacionales en alianza con la oposición), protegió a la empresa que causó el reciente crimen ambiental de Mariana, y aplicó un ajuste de austeridad con impacto mayor en salud, educación y los sectores más pobres. No buscó crear las condiciones para aprobar ninguna reforma progresista. Políticas sociales de inclusión social marcaron el apoyo de las regiones más pobres al PT. Pero tampoco puede verse en estas la motivación de un golpe. La transferencia de recursos para el empresariado y sector financiero fue en escala y proporción siempre mayor.

Por eso mucha gente no está hoy en la calle para defender el gobierno e impedir el golpe. ¿Cómo pedir solidaridad a pueblos indígenas y gente sensible al acoso militar y judicial que estos viven, o a Mães de Maio y familiares de víctimas de la violencia policial y genocidio de la juventud negra de las periferias, que el gobierno nunca escuchó ni se dignó a recibir?. ¿Cómo esperar que salgan a la calle los jóvenes que se movilizaron en junio de 2013 contra el aumento del transporte o hace poco por mejor educación, si nunca encontraron eco desde el gobierno que ahora cae?

Se destruyó sistemáticamente la base de apoyo que debería ser la fuente vital de cualquier gobierno de izquierda, optando por gobernar por un camino que nadie votó y atendiendo lobbies, sectores de presión conservadores, bancos y mercados que ni siquiera retribuyen políticamente los servicios prestados. El PT no hizo nada para romper con las lógicas más perversas de un sistema político y económico cuya misión histórica era modificar. Las mantuvo en vigor, cerrando todo tipo de debate político en la sociedad y el proprio partido.

Sin ese vacío generado por errores propios y convicciones conservadoras presentes en un progresismo ya extenuado, las menciones al poder judicial y mediático golpista como única explicación de lo que está ocurriendo tienen un carácter desproporcionado. No debe olvidarse, por ejemplo, que el gobierno financió con pauta oficial a los grandes medios y que propuso a la mayoría de los jueces del tribunal supremo de justicia. La polarización que resurge en tiempos de crisis y que funcionó en las elecciones no es lo que marca la política en el día a día.
Se da la compleja situación de que los sectores que impulsan la destitución hayan sido también los más beneficiados. Incluso la copa del mundo, proyectada como gran legado de la anterior gestión de Dilma, interpelaba directamente el lenguaje ufanista de la ola fascistoide verde y amarilla que hoy pide la cabeza del gobierno y se moviliza por las causas de corrupción. Tampoco se sostiene que la destitución sea movilizada por el proyecto lulista de inclusión por el consumo, neodesarrollismo y prosperidad derivada de un pacto interclasista que nunca dejó de beneficiar antes que nada a los tradicionales dueños del país, el gran capital extranjero y nacional, en una sociedad que sigue definiéndose por su racismo y desigualdad.

El argumento de que la corrupción de los otros partidos no es juzgada con la misma celeridad ni visibilidad es real, pero no puede considerarse una defensa seria o convincente para un proyecto que nació para el cambio. También es real que los beneficiarios directos de la destitución se sentirían envalentonados para imponer un retroceso en varias áreas. Geopolíticamente la salida del PT, y de sus límites para generar de hecho una región más democrática, no parece abrir en el corto plazo caminos prometedores. Pero entonces es necesario oponerse a estos escenarios con nuevas herramientas. Las actuales se mostraron incapaces de hacerlo.

Aunque la situación es la de un gobierno que creó las condiciones de su caída y de la falta de apoyo de los que lo votaron, la amenaza de una indignación conservadora que nació en las redes sociales y avanza hacia las instituciones es real. El Impeachment daría aún más espacio para una derecha homofóbica, machista, autoritaria y racista que es minoritaria pero quedaría en primer plano defendiendo abiertamente una agenda de profundización de las injusticias actuales.
Más que centrar el debate en el gobierno y líderes que no tienen nada para ofrecer, entonces, es necesario volver a Junio de 2013. Ni apoyar un gobierno que no ha podido defender ninguna causa justa, ni dar lugar al fascismo del odio racista con bandera liberal y búsqueda de más privilegios para los poderosos que hablan de libre mercado pero siguen viviendo del Estado. Tampoco entrar en la versión tranquilizadora del progresismo latinoamericano, en que se revive un ataque imperialista contra gobiernos revolucionarios, como caricatura opuesta a la de los medios conservadores y que no hace más que bloquear la posibilidad de conexiones necesarias entre nuevas resistencias y búsquedas políticas hoy en marcha.

Junio de 2013 es la posibilidad de resistir, de crear y de desactivar el golpe que comenzó con las medidas aprobadas durante el gobierno del PT, pero que sin duda podrá avanzar hacia nuevas fases. Esa es la disputa que se vivirá en las calles.

El desierto y la izquierda

por Bruno Cava

El discurso del golpe y el golpismo están a la orden del día en el Gobierno brasileño desde 2005. Está tan manido, tan trillado, que solo cuela con los ya evangelizados. Ha perdido su valor nominal. Si pensamos en el 64, 73 ó 76 en América Latina, en los grandes arquetipos del imaginario de izquierdas, nada sugiere un golpe de estado en curso en el Brasil de hoy. A menos que entendamos golpe en sentido amplio y generalizable a la política y a la vida, como Bruce Lee dijo: “todo es golpe”. Y fueron muchos los golpes del gobierno en ese período. Pero si miramos alrededor, en todo el país y el continente, lo que hay a simple vista es un desmoronamiento irreversible de un largo ciclo que se ha agotado principalmente por errores propios, decisiones, alianzas y estrategias, desde el punto de vista político, económico, social e incluso electoral.

¿Por qué entonces tanto rumor y tanto empeño en restaurar la falsa polarización de octubre de 2014? ¿No está claro que se acabó, que solo hay “salida hacia dentro”? El hecho es que hay un deseo de gobierno que viste de rojo. Las personas que se polarizan hacia la izquierda para defender el gobierno realmente creen en ello. No solo son aparatos y estructuras sostenidas con fondos del estado. Eso sería una explicación moral. Tener fe consiste en nutrir un vínculo íntimo con el mundo que nos da fuerza. Aquello en lo que se cree podría incluso no existir, pero la acción basada en la creencia existe y produce efectos.

Pero, después de todo esto, ¿puede ser que realmente crean? Creen, a pesar de las reticencias, de las reservas, de las contorsiones retóricas. Y cuando se cree, no ayuda, el problema pasa a ser simplemente encontrar la narrativa, la polarización, la historia que pueda, a pesar de todo, otorgar una conciencia tranquila para la creencia primaria. Es por ello que existe un malestar en la izquierda sobre el que es necesario pensar. En la medida en que, llegados a este punto, el gobierno aún se las arregla para conducirla, a su pesar, a la marcha de los lemmings a la orilla del fiordo.

Ser de izquierdas parece haberse convertido en un bien en sí mismo. Lenin habló de la colina hacia la que el izquierdismo se dirige. Desde la cima de la colina, mirando el bullicio de la multitud, de aquellos que no han alcanzado sus valores. Es como si, por efecto del poder de la fe, fuera suficiente creer en los símbolos, en las banderas, en un recuerdo fugaz y vago de tiempos mejores. La fe de esta manera se vacía de potencia y el vínculo con el mundo se disuelve en un plano moral, en la justicia de la Historia. Cuanto más débil es el vínculo, más drástico y desesperado el apego a los propios símbolos. De ahí manifestaciones cuya única pauta es la defensa de un color, fraseología, una sigla.

En contra de todas las enseñanzas materialistas: contra Marx y el método de Einleitung, donde la ida a lo abstracto solo funciona con el retorno a lo concreto, como el necesario descenso antropofágico, contra Spinoza, como si un conjunto de creencias compartidas fueran lo primero y luego se realizasen prácticas basadas en ellas, en lugar de ser las prácticas las que determinan creencias que solo pueden existir en la implicación práctica, como una cuestión corporalmente vital (los afectos). Es el clima del nihilismo de fin de ciclo, una espiral de recesión del deseo hasta el agotamiento final. La salida a la izquierda no es más que un “ábrete sésamo”. Una auto-referencia en círculo vicioso. Igual que el Barón de Münchhausen, la izquierda quiere salir del atolladero tirándose del propio cabello. Mientras tanto, el mundo a su alrededor se desmorona, ininteligible e intangible. Decaemos en una especie de simbolismo místico-romántico, aferrándonos al final. ¿Lula hoy no es sobretodo eso: un símbolo?

Hay otros caminos. Por ejemplo, la alegoría, el tensionamiento de lo real hasta el punto de la paradoja, del punto muerto, a partir del cual tenemos que decidir. Asumir el callejón sin salida, asumir el campo de problematización sin colores predefinidos, sin principios trascendentes, sin sebastianismo. Asumir el desierto, no tener miedo a la soledad. Es lo que Glauber contaba en la alegoría de “Tierra en trance”, o Walter Benjamin sobre el drama barroco. Hacer como Kafka: renunciar a la verdad simbólica para rescatar la transmisibilidad. Una nueva fe, una nueva tierra. Abandonar la izquierda para rescatar lo que importa.

fuente: Uninomade.net

El mundo o nada. Comité de acción 16 de marzo 2016

Clases anuladas, manifestaciones salvajes, pintadas, daños, lacrimógenos, gobierno bajo estrés, fucultades en huelga. Algo está naciendo. “Nosotrxs” estamos naciendo. Nombrar lo que está naciendo a partir del nombre que lo ha precedido significa intentar matarlo. Reportar lo que el pasado miércoles hemos vivido en las calles, lo que se cuece desde hace semanas, reconducir la rabia que ruge por todas partes a la “sombra del CPE” y toda la arenga que hemos escuchado la semana pasada es una operación, una operación de neutralización.

¿Qué relación hay entre el discurso sindical y lxs compañerxs estudiantes que escribían en las paredes el pasado miércoles “el mundo o nada”, antes de atacar metódicamente a los bancos? Ninguna. O simplemente un lamentable intento de recuperación liderada por zombies. Nunca los sindicatos, ni los políticos han seguido tan visiblemente un movimiento. Si son tan febriles en su deseo de supervisar todo, es precisamente porque todo se le podría escapar de las manos.

Lo que ha pasado es simple: una banda de youtubers han añadido sus me gusta, han hablado fuera de cualquier marco, de cualquier “representatividad”, han llamado a la calle; una mujer que se representaba a sí misma ha lanzado una petición contra la ley del trabajo (reforma laboral); y como lo que decía sonaba justo, ha encontrado un sentimiento generalizado, una náusea general, bajamos a la calle y éramos numerosos. Las organizaciones siguieron.

El riesgo de no seguir era demasiado grande para ellos. Si no lo hacían su mandato caducaba. Aquellos a los que pretenden representar habrían cogido el camino sin ellos, sin que ellos pudieran meter delante, a la cabeza, sus pancartas, sin que ellos hubieran podido llevar sus enormes globos rojos, sin que ellos pudieran recubrir nuestras voces con sus horrendos sistemas de sonido, sus lemas vulgares, sus discursos de funeral. Estaban desnudos. Por tanto, los líderes siguieron; como siempre.

No hay una ley que pone un problema, sino una entera sociedad que está exhausta.

Nosotrxs somos la juventud. Pero la juventud no es la juventud, ella es más de ella misma. En cualquier sociedad la juventud es la imagen del elemento disponible. La juventud es símbolo de la disponibilidad general. Los jóvenes, no significan nada. Quiere decir aquellos que non están todavía obligados. Obligados por un jefe, por los créditos, por un CV. Obligados y por lo tanto encadenados, al menos hasta que la máquina social continúe funcionando.

Los discursos mediáticos sobre la amenaza de un “movimiento de la juventud” miran a desconjurar la amenaza real y ésta es que el conjunto de lo que está disponible en esta sociedad, el conjunto de quienes no pueden más de la vida que se les hace vivir, el conjunto de aquellos que ven muy bien que no es la justicia de esta ley la que crea un problema, sino que la entera sociedad está exhausta, y se agrega. Se agrega y se junta en masa. Porque en nuestros días es innumerable la masa de incrédulos. La mentira social, la farsa política, no convencen más. Y es este el gran problema que tiene este gobierno. Y no solo él: ¿Quién es todavía tan estupido para querer aún votar a la izquierda, a la izquierda de la izquierda, a la izquierda de la izquierda de la izquierda, cuándo se ha visto lo que esto ha producido en Grecia el verano pasado? Un gobierno de izquierda radical sobretodo en la aplicación de la austeridad.

Eh, ¡Los viejos! Vosotros no habéis sido traicionados, solo os habéis dejado engañar.

¡Ay, los viejos! Ay, nuestros viejos. Vosotros decís que os sentís traicionados. Que habeís votado a un partido de izquierdas pero que la política que hacen no corresponde con vuestras espectativas.

Vosotros hablais de “negación”. ¿Pero dónde estabáis en el 1983? Los años 80, los años del dinero fácil, de Tapie en el gobierno, Libé que titula “¡Viva la crisis!”, ¿No os dice nada todo esto? Nosotrxs no estábamos, pero mientras tanto, vuestras “batallitas” se han convertido en nuestros cursos de historia.

Y cuando las escuchamos, estas clases, se nos dice que Macron sólo termina el trabajo comenzado en 1983. Desde entonces, es el mismo programa. No ha cambiado. Vosotros no habéis sido traicionados. Vosotros sólo os habéis dejado engañar. Habéis preferido cultivar vuestras ilusiones. No son los actos de los socialistas los que han traicionado su discurso. Son precisamente aquellos discursos que, en cada período de elecciones, han servido para engañaros y así poder continuar poniendo en marcha el mismo programa, para seguir con la misma ofensiva. Una ofensiva de 35 años, llevada con constancia a todos los niveles y al mismo tiempo – económico, seguridad, social, cultual, existencial, etc.

Esta ley, no se discutirá.

Lo que esta naciendo tiene poco que ver con la ley del trabajo. Esa ley es solo el punto de inflexión. La gota que colma el vaso. Demasiado arrogante, demasiado flagrante, demasiado humillante. La ley sobre las investigaciones, la ley Macron, la decadencia de la nacionalidad, la ley antiterrorista, el proyecto de la reforma penal, la ley del trabajo, todo esto forma el sistema. Es una sóla empresa la que pone de rodillas a la población. La ley El Khomri es solo la guinda del pastel.

Es por eso que se reacciona ahora, y es por esto que no se ha reaccionado a la ley Macron. Al máximo, si se sale a la calle contra la ley del trabajo, no es porqué concierna al trabajo. Es porque la cuestión del trabajo es la cuestión del empeño de la vida; y el trabajo, como lo vemos en torno a nosotrxs, es precisamente la negación de la vida, la vida en version de mierda.

Ya no estamos en los años 60, vuestros Gloriosos Treinta, recuperaos, no se han conocido nunca. Nadie entre nosotrxs piensa que se “realizará” en el trabajo. De lo que nos defendemos ahora es el hecho de que lo poco que se nos deja de vida después del trabajo, más allá del trabajo, no se reduzca a nada.

El jueguecito de las organizaciones sindicales y de los partidos para limitar el terreno de conflicto a la cuestión de la ley trabajo, a la negociación con el gobierno, es sólo una manera de contener nuestro deseo de vivir, de bloquear todo aquello que excede la esfera sofocante de sus pequeña artimañas.

Sindicatos y partidos, no hay necesidad de ser vidente para ver, desde ya, que nos dejarán con el culo al aire en el momento decisivo. No tenemos nada contra ellos. Es su función. Pero, no nos pidáis que confiemos en ellos.

No es que por ser jóvenes seamos ingenuos. Y luego, dejad de darnos la lata con vuestras viejas consignas que no funcionan: la “masificación”, la “convergencia de las luchas” che no existen, el hablar por turnos y el pseudo-feminismo que os sirven sola para controlar las asambleas, para monopolizar la palabra, para repetir siempre el mismo discurso. Francamente, ya es suficiente.

La cuestión no es la de la masificación, es la de la justicia y la determinación. Todos saben que lo que hace retrasar un gobierno no es el número de personas en la calle, sino su determinación. La única cosa que tira para atrás un gobierno es el espectro de la sublevación, la posibilidad de una perdida total del control.

Aunque se quisiera sólo la retirada de la ley del trabajo, se necesita de todas maneras apuntar a la insurrección: golpear fuerte, dotarse de los medios para tener a la policía en su sitio, bloquear el funcionamiento normal de esta sociedad, atacar los objetivos que hacen temblar el gobierno. La cuestión de la “violencia” es una cuestión falsa. Lo que desde los medios es descrito como “violencia” se vive en la calle como determinación, como rabia, como seriedad y como juego.

Esto es lo que hemos sentido el pasado miércoles, y que tiene alguna razón para hacer flipar a los gobernantes: había valor entre nosotrxs, el miedo se había ido, estábamos segurxs de nosotrxs. Segurxs de querer marchar sobre las cabezas de aquellos que gobiernan. Sobre la cabeza de aquellos que, durante todo el año, marchan sobre nuestras caras.

¡Golpear fuerte! ¡Golpear justamente!
#BATTAILLEDESOLFERINO

Al contrario de lo que nos dicen los aprendices burócratas de la UNEF o del NPA, golpear fuerte no significa “aislarnos de las masas”, si los objetivos son justos. Al contrario, quiere decir que todos aquellos que estan agotados se pueden unir; y todo el mundo.

La cuestión que pone la ley laboral es la cuestión de la política del PS desde hace 35 años, la cuestión es saber si sí o no sobre el hecho que podrán llevar a cabo su campaña pluridecenal. Y es también la cuestión de la política en general. Que un movimiento se levante a un año de la campaña por la presidencia, que generalmente impone el silencio y la espera a todos, dice mucho sobre la profunda indiferencia, o sea sobre la hostilidad, que la misma ya suscita.

Todos sabemos que las próximas elecciones no son la solución, pero forman parte del problema. No es casualidad que espontaneamente, el pasado miércoles, los estudientes de Lyon han buscado alcanzar la sede del PS y se han enfrentado a la policia para golpear este objetivo. Y no es casualidad que la sede de PS en París y Ruan hayan sido destrozadas. Y es a esto a lo que, espontaneamente, apunta el movimiento. En lugar de enredarse en negociaciones-trampa por gilipollas, lo que hace falta atacar, en todas partes en Francia, a partir del próximo jueves, son entonces las sedes del PS. En París, hace falta que esto se transforme en la batalla de Solferino. Lo de después, pues bueno, se verá. Hará falta jugarsela bien. Pero la apuesta que se juega es colosal.

Ellos retroceden, ¡ataquemos!

Fuente: lundi.am

Syriza no te salvará

por Antonis Vradis

El 28 de diciembre, a sólo unas horas de la crucial votación que llevaría a Grecia a unas elecciones anticipadas, la policía antidisturbios golpeó y detuvo a enfurecidos huelguistas en el centro de Atenas. No es nada nuevo, ¿verdad? Como consecuencia de una austeridad insoportable, la tensión social ha aumentado astronómicamente el volumen de este tipo de estampas por todo el país. Estas imágenes se dan la mano junto con la de callejuelas empedradas de islas, románticas puestas de sol sobre el mar Egeo y todos los clichés imaginables antes de que Grecia aterrizara en el ojo de la última tormenta financiera de hace unos cuatro años y medio.
Pero hete aquí una noticia preocupante para todos aquellos convencidos e ilusionados con una victoria de Syriza: en esta ocasión, la policía antidisturbios fue llamada para proteger un evento co – organizado por la emisora de radio oficial del partido, Sto Kokkino Fm . La emisora había organizado el evento en una céntrica Librería-Ateneo un domingo, a pesar de que la reciente ley que permite el comercio los domingos sea una desregulación del mercado laboral. Hasta ahora Syriza había apoyado movilizaciones contra la medida bajo el argumento de que esta ley favorecería masivamente a las grandes superficies en detrimento de las pequeñas empresas. Esta vez no actuaron en consecuencia. El sindicato de libreros de Atenas convocó una huelga a las afueras de la librería. Sus dueños llamaron a la policía y el resto es historia.

Para un partido que aspira a ganar las elecciones del próximo mes y conseguir el primer gobierno de izquierda en el país y de la UE, este tipo de actos no muestran su mejor cara.
Es innegable la presión internacional a la que el partido ha sido sometido para armonizar sus políticas con la ideología dominante de austeridad en Europa. De todas maneras, el viento nunca ha soplado a favor de este partido que nació como un pequeño partido de izquierda, de perfil intelectual y cuya lucha era unicamente entrar en el Parlamento hace apenas cinco años. Ahora se ha catapultado a la primera posición en un momento donde las espadas están en alto. Todo es comprensible, las esperanzas son altas también.

La Victoria de Syriza supondría liberar al pueblo griego del gobierno más conservador desde el final de la junta militar en 1974. El mismo gobierno que ha establecido campos de detención para inmigrantes, ha desalojado los centros okupas del país y ha negociado bajo cuerda con el notorio Amanecer Dorado, solo por nombrar algunos ejemplos de las inclinaciones ideológicas del partido dominante, cuyos movimientos han ido mucho más allá de la lucha contra los problemas financieros del país.
Ahora bien, la pregunta es la siguiente, ¿puede Syriza llevar con éxito el peso de una alternativa tangible? No hay ninguna certeza de que exista una masa crítica dentro del país que pueda respaldar este cambio. Incluso si Syriza gana las elecciones de enero, el voto para el partido habrá sido impulsado principalmente por la rabia, la desesperación y el deseo de ver algo diferente a los gobiernos al servicio de la austeridad que han operado hasta el presente.

No existe una tabula rasa para Syriza, ni su existencia constituye necesariamente un cambio progresivo en la sociedad griega – el cambio hasta el momento ha sido dramáticamente hacia la derecha. El auge de Amanecer Dorado, la xenofobia y la apatía política nos muestran que hay algunos que simplemente no quieren ser salvados. Pero incluso para aquellos que sí que quieren, delegar todas nuestras esperanzas en la victoria electoral de un partido que opera bajo presión no es muy sabio. La estación de radio Syriza emitió un comunicado de disculpa sobre los sucesos del domingo, pero eso resulta escaso y demasiado tarde. Aunque también, por suerte fue un recordatorio muy prematuro de que posiblemente, ningún cambio a largo plazo podrá venir jamás de los partidos políticos que se alternan en el poder.

Para todos aquellos que estamos hartos de las reformas de austeridad y sus políticas adyacentes de extrema derecha que se extienden por nuestro continente, sería más sabio fortalecer y construir economías y estructuras de solidaridad que sobrevivan a los cambios dentro de la corriente principal de la escena política. Syriza puede salvarnos algún tiempo, pero no va a salvar a nadie – es lo que debemos asumir todxs y cada unx de nosotrxs.

Fuente: openDemocracy

Goodbye Mr. Left

Hemos querido traducir esta editorial del proyecto Commonware porque, a pesar de las diferencias históricas y culturales existentes entre Italia y el estado español, hemos encontrado varios puntos de conexión en el análisis de la coyuntura y en la crítica a la izquierda.

Mejor un gran reaccionario que un pequeño revolucionario, dijo una vez Tronti. Si bien la segunda categoría se mantiene bastante bien representada, la primera, decididamente, escasea. En estos tiempos, por tanto, es aconsejable conformarse con algún pequeño reaccionario que de vez en cuando logre acertar algo.

Este es el caso de Galli della Loggia, que en su editorial del Corriere della Sera del domingo 13 de abril analiza por qué, a pesar de la crisis económica y de un “malestar social” que ha alcanzado niveles insoportables, la izquierda no sabe aprovechar el momento. Los datos sobre el “malestar” en la Unión Europea facilitados por della Loggia están incluso azucarados: 25 millones de desempleados, una precariedad laboral galopante y salarios que no permiten llegar a fin de mes. Sabemos, sin embargo, que la realidad es aún más dura, que la precariedad es ahora un elemento permanente surgido de la crisis, que los working poors son la norma en las nuevas relaciones laborales. Pero lo más interesante son las tres razones que señala el columnista para “explicar las dificultades de la izquierda para traducir la crisis económica en consenso”.

En primer lugar, la nostalgia en la que está presa: la nostalgia por el compromiso social democrático, por la defensa del empleo (léase explotación) indefinido, por el estado del bienestar y el control sindical de la fuerza de trabajo. El ejemplo de esta atormentada nostalgia, ironiza Galli della Loggia, es la emoción que ha despertado entre la izquierda la película de Veltroni sobre Berlinguer. Todo ello impide a la izquierda tener representaciones y narraciones acordes con la realidad.

En segundo lugar, Galli della Loggia no entiende por qué, por ejemplo, es la derecha la que muchas veces canaliza –electoralmente– el “malestar”; y no entiende , sobre todo, que “no está escrito en ninguna parte que los ‘pobres’ tienen que pensar y ‘hacer cosas de izquierdas'”. Por último, pero no menos importante, la izquierda y sus miembros son percibidos —con razón, añade correctamente della Loggia— como una parte significativa de la élite del poder, no sólo en cuanto a las posiciones y espacios políticos que ocupan, sino también incluso por su forma de vestir y su estilo de vida.

“En el ámbito de la UE y sus políticas, la Izquierda parece diferenciarse poco o nada de sus adversarios, al tiempo que es propensa a la ideología vacía del “europeísmo a toda costa”, escribe Galli della Loggia: ¿Tal vez estudia nuestros materiales?

En la parte final el columnista demuestra ser no tanto reaccionario como pequeño, con una apología nauseabunda de Matteo Renzi, la supuesta novedad capaz de dar respuesta a los tres motivos que han llevado a la derrota de la izquierda, escapando de su nostalgia, de la ideología y del compromiso con la las élites tradicionales. Pero lo de Galli della Loggia no es un respaldo, sino más bien un vínculo político: la brecha donde el columnista del Corriere espera al jovencito es su capacidad para ir más allá del liderazgo personal y coagular dirigentes y dimensiones colectivas capaces de construir una perspectiva hegemónica. Un bloque social y del orden, capaz de gobernar la crisis permanente y las políticas de austeridad. Es aquí mismo donde Galli della Loggia, al igual que sus colegas de izquierda, está preso en una grotesca nostalgia.

Asedio al trabajo siniestro

La fecha en que se publicó la editorial no es casual, o al menos no para nosotros: en la misma página –como en todos los medios de comunicación– aparece de forma muy destacada la manifestación del día anterior [12 de abril], en línea con la senda abierta el pasado 19 de octubre, que reunió a 30.000 personas en las calles de Roma. La cobertura mediática se ha logrado por el asedio al Ministerio de Trabajo, propiedad de Legacoop, gracias al convencimiento en las prácticas utilizadas (por supuesto reducidas en los periódicos a los habituales centenares de radicales que arruinan una manifestación pacífica, es decir, una manifestación que no molesta) y las violentas y brutales cargas policiales (por supuesto corderos sacrificados en el altar de la heroica defensa del orden democrático). En este punto dejamos la lectura de los medios de comunicación, que no ofrecen otra cosa que la aburrida y pre-envasada repetición del mantra de costumbre, y volvemos a concentrarnos en lo que sucedió en la calle el 12 de abril. Aquí tenemos la confirmación de algunos elementos que habíamos detectado ya después del 19 de octubre: la centralidad de temáticas tales como la vivienda y la renta (que comienza a abandonar su connotación abstracta para traducirse en prácticas concretas de reapropiación) y la amplia participación migrante (algunos medios, alarmados, se dan cuenta de que ya no son solo migrantes que participan esporádicamente en las manifestaciones, sino ocupantes de casas, trabajadores en lucha o incluso militantes). Todo ello complementado por la presencia consolidada de los movimientos territoriales y de las luchas específicas, que fueron las promotoras del 19 de octubre.

Aquellos que permanezcan en el interior de una dialéctica totalmente institucional podrán intentar ver en esta composición y en sus formas de expresión lo que quieran ver según sus deseos: unos la vuelta a un estado-nación del cual apropiarse (cómo y cuándo, ahora, no se sabe), otros un europeísmo ahistórico vacío, que según las necesidades se puede pintar de jacobinismo, federalismo o incluso de independentismo; y es que en el plano de las retóricas desvinculadas de las correlaciones de fuerzas todo encaja de alguna manera.

Estas posiciones ponen de relieve una vez más la incapacidad de apartarse del concepto actual de izquierda, con su confusión entre idealismo y materialismo, entre cartas de principios y principios de papel mojado, con su trágica incapacidad de pensar a través de la composición de clase y no por alianzas entre clases políticas. Por el contrario, a nosotros nos parece que esta composición, y a lo que hace referencia por extensión, se distancia en gran medida o incluso se separa de la izquierda, desde luego de aquellas características que Galli della Loggia pro domo sua identifica y critica. Esta composición no siente nostalgia por un compromiso social democrático del que las nuevas generaciones ni siquiera han oído hablar. No hay espacio para las narrativas ideológicas, que se perciben como completamente abstractas y ajenas a la materialidad de los temas con los que hay que enfrentarse cotidianamente en un contexto de crisis. Hay un odio profundo, arraigado e incluso instintivo, con respecto de aquel bloque de poder político y social del cual la izquierda es corresponsable o protagonista. Así, es normal encontrar como principales enemigos al PD (Partido Democratico, el partido de centro izquierda) y a su gobierno. En Italia ha empezado por fin el post-antiberlusconismo. Y es exactamente en esta característica, y no en improbables recetas institucionales, donde esta composición puede revelarse europea y transnacional, porque traza en un espacio general los hilos comunes con las otras expresiones de la subjetividad colectiva.

No es casual, por otra parte, que lo que le guste a Galli della Loggia de Renzi sea su “sentido común populista”, sustituyendo los intereses de clase por una vaga imagen de “los pobres” que obviamente pueda adaptarse a diferentes figuras de acuerdo a lo que convenga en cada momento. Naturalmente, a condición de que “los pobres” estén siempre disponibles para ser representados y no molesten, es decir, que no se organicen de forma autónoma. Que la manifestación permaneciera compacta durante el asedio y frente a las cargas criminales de las fuerzas del orden y la existencia de una disposición o, como mínimo, de una simpatía por las prácticas concretas, simboliza de manera efectiva que se va en la dirección correcta. Se acabaron los tiempos del simbolismo malintencionado (a veces inventado por los grandes medios de comunicación y siempre subordinado a ellos) con el que se pretende sustituir, simular o representar a las luchas. Son las luchas las que producen símbolos, y no al revés.

El 12 de abril ha sido un día importante, sobre todo porque se enmarca en un proceso que viene de lejos y quiere ir muy lejos. La próxima etapa de este proceso, formado por la cotidianeidad de las luchas y los intentos de organización territorial, será el 11 de julio en Turín, con ocasión de la Cumbre Europea –bastante provocativa– sobre el desempleo juvenil. Hasta los pequeños reaccionarios del Corriere nos explican por qué sobre esta temática, en el marco de la crisis (económica y de representación), la revuelta es hoy un principio de realismo político.

Queremos la libertad inmediata para los compañeros detenidos el sábado pasado. Porque no nos cansaremos de repetir que no se puede detener el viento…

Fuente: Commonware