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Primavera 2018: sobre los movimientos sociales y la defensa del servicio público

Durante casi treinta años en Francia, todo el conflicto social parece tener que expresarse a través de las luchas en el sector de la administración pública, con grandes huelgas organizadas por los sindicatos, que atraviesan lo que se llaman movimientos sociales. Lo que estaba en juego en la mayoría de estos movimientos consistía en oponerse a alguna reforma relacionada con el servicio público, o la administración por el Estado de los diversos aspectos relacionados con la reproducción global de la fuerza de trabajo (contribuciones al desempleo, seguridad social, pensiones , etc.)

Esto se debe a toda una serie de razones, analizadas mil veces, que van desde el peso real y el papel ideológico que ha adquirido el servicio público en este antiguo estado-nación desde la organización centralizada de la Edad Media, que es Francia, hasta el debilitamiento de los sindicatos del sector privado, resultado de las transformaciones sociales del capital en sus formas más recientes y que han convertido al sector público en el último baluarte de las luchas de masas de los trabajadores.

Pero, si la defensa del servicio público ha adquirido tal importancia ideológica en Francia, es esencialmente porque las grandes concentraciones de los trabajadores que existieron hasta los años 50 y 60 han sido derrotadas progresivamente por la reestructuración del capital, a partir de los años 70, y, de forma acelerada, a partir de los años 1999 y 2000. El fin de la identidad trabajadora, y con ella el fin de la capacidad de los trabajadores a movilizarse en masa, así como producir un discurso político específico, ha abierto espacio para una administración pública en la que los empleados todavía pueden hacer huelga sin incurrir en sanciones excesivas, y como consecuencia, pueden convertirse en representantes del interés común defendiendo sus propios intereses. Además, en Francia, la mitad del servicio público está compuesto por maestros, muchos de ellos profesores, es decir, personas que son extremadamente capaces de producir un discurso político. La capacidad de movilización y la capacidad de producción ideológica han hecho que las luchas de servicio público reemplazarían las luchas del pasado movimiento de los trabajadores, manteniendo algunas partes, imponiendo su ideología particular de una manera hegemónica a todas las luchas.

Entonces, habría muchas razones para pensar que, en 2018, este es solo otro movimiento social con sus grandes manifestaciones rituales, sus débordements-en-marge (los desbordamientos / enfrentamientos al lado de las manifestaciones oficiales), sus jornadas de huelga, sus entrevistas televisivas a pasajeros “tomados como rehenes” en estaciones ferroviarias o de servicio, la denuncia por los más radicales de la función colaboradora de los sindicatos, sus asambleas autónomas y su regreso a la calma declarado por sindicatos mismos después de un tiempo más o menos largo. Al mismo tiempo, todos se dan cuenta de que esta vez las cosas son un poco diferentes, y que, incluso si todos los elementos enumerados anteriormente no dejarán de estar presentes en el movimiento por venir, lo que está en juego no será lo mismo que siempre.

En primer lugar, el movimiento que se inicia llega después de una larga serie de derrotas, incluidas las notables de las luchas sobre la edad de jubilación de 2010, a pesar de una movilización masiva, y la de la lucha contra el loi travail en 2016. Las huelgas y manifestaciones que hasta finales de la década de los 90 lograron hacer retroceder a los gobiernos (que en cualquier caso solían tener éxito en sus propios intereses), parecen ser tratadas solo como problemas de orden público, y no como elementos de un diálogo que parece haber desaparecido, desde el momento en que las reformas son impuestas por el 49-3 (n. 49.3 es el artículo utilizado cuando las discusiones en la Asamblea Nacional se estancan o cuando el gobierno quiere aprobar una ley de urgencia) y por ordenanzas.

La larga serie de derrotas de los movimientos sociales que comenzó al menos desde 2003 (a excepción de la lucha contra CPE en 2006) no solo tuvo un efecto desmoralizador, sino también efectos muy concretos sobre la estructura del trabajo en Francia, distanciándola aún más del modelo basado en la defensa del servicio público. Así es como la defensa del servicio público se ha vuelto más y más omnipresente y urgente, a partir de su propio fracaso. Pero al mismo tiempo que nos hemos centrado en el servicio público y su defensa, todo el sector privado se ha adaptado cada vez más a las nuevas demandas del capitalismo. Paralelamente a estas transformaciones, la tendencia de las empresas públicas ha sido acercar sus estructuras operativas a las del sector privado, en su gestión y en sus necesidades de resultados concretos, o incluso de su desempeño financiero.

La brecha entre los servidores públicos y los asalariados privados no es solo ideológica sino real. No existe exclusivamente por razones psico-políticas de odio a los empleados públicos o por propaganda mediática, sino simplemente porque las dos realidades ya no se corresponden. Algunas reformas se han aplicado y se han luchado más o menos con fuerza y eficacia. Los asalariados del sector privado, que ahora están llamados a apoyar a los trabajadores de los ferrocarriles en nombre del interés general, podrían preguntar a los sindicatos qué hicieron en 2003 cuando se aprobó el aumento de la edad de jubilación, aunque Balladur había asegurado de que los regimenes especiales hubieran quedado seguros. Pero, sobre todo, las relaciones sociales se han transformado, con cambios que han sido seguidos o promovidos por las leyes, pero que responden a la transformación global del capital en su fase de reestructuración completa, en la que todos nos encontramos.

Incluso en el corazón de la administración pública, el uso de la subcontratación y la contratación, la lógica comercial en los servicios, los métodos de gestión (a veces incluso más estrictos que en el sector privado, véase Correos) tienden a garantizar el empleo, la protección social, así como las cadenas jerárquicas tradicionales una supervivencia del pasado. También es una forma de relacionarse con el trabajo heredado de la identidad trabajadora anterior (mezcla sútil de conciencia de su posición en las relaciones empresariales y de la horizontalidad en las relaciones individuales) que se ha combatido, como es evidente en el caso del correo, pero también del SNFC o EDF. Este es el efecto de más de veinte años de modernización.

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Por todos estos motivos, parece que las condiciones iniciales no son las mejores. Esta puede ser la razón por la cual, incluso antes de comenzar, miramos hacia atrás, en 1995, la última gran victoria sindical que enfrentó a una reforma del gobierno y un movimiento social, y también en mayo de 68, de la cual este año conmemoramos el medio siglo. Uno recordará – o a lo mejor no- que este movimiento comenzó el 22 de marzo.

El hecho de que casi el mismo espacio de tiempo separa estas dos fechas ’68 y ’95, debería hacernos comprender la ruptura que marca el 95 contra mayo de 1968 y los contenidos revolucionarios del viejo ciclo de lucha, y hacernos sospechar que el El ciclo abierto por el movimiento de diciembre de 1995 probablemente esté cerrado.

El movimiento de diciembre de 1995 fue el registro oficial de nacimiento de lo que podemos llamar ciudadanismo o democraticismo radical. Desde la crisis entre el 2007 y 2008, la derrota histórica de esta ideología se ha hecho evidente a través del abandono de cualquier posibilidad de retorno al keynesianismo social como solución a la crisis. Con la gestión de la crisis, es el mismo capital que ha reafirmado la producción de riqueza como resultado de la explotación y no como un objeto neutro que debería ser distribuido armoniosamente, y que a través de las políticas de austeridad aplicadas por los estados, ha hecho del disciplinamiento de los proletarios y la intensificación de la explotación, ya sea con la reducción de los salarios o con la reducción de las contribuciones, la afirmación del contenido objetivo de la relación entre las clases. Las luchas salariales se han vuelto ilegítimas, quizás tendencialmente ilegales, como lo demuestra el debate eterno sobre el “derecho” o no de bloquear el país durante una huelga.

El ciudadanismo, una ideología que se desarrolló en Francia sobre la base de la defensa del servicio público, por el contrario apoyó un renacimiento keynesiano con un modelo que data de los gloriosos años treinta. Pero con la crisis como el ápice de la reestructuración, como un momento en el que las características de esta reestructuración se afirman con mayor dureza, todos los elementos en la base de esta ideología son atacados y derrotados uno por uno. Así, el programa positivo de ciudadanía se refugia en la simple defensa de sus resultados (que de todos modos se han convertido en “conquistas”, para recordar que nada se gana) y la palabra clave se convierte en “resistencia”. El reformismo no tiene nada que proponer que no sea la oposición a las reformas llevadas a cabo por otros y que contradicen punto por punto todas sus aspiraciones. Simplemente se vuelven el negativo de lo que critican.

El movimiento de 1995 había podido formular la base del programa ciudadano sobre los elementos de esta resistencia, ciertos que era necesario preservar: la seguridad social, las pensiones, el desempleo, etc. en resumen, la reproducción de la fuerza de trabajo garantizada por el Estado dentro de un mercado regulado, es decir, un socialismo moderado que permitiría la preservación de las relaciones capitalistas fundamentales. Pero veinte años más tarde, si el Estado ha continuado desempeñando su función de disciplinar a la reproducción de la fuerza de trabajo lo ha hecho a sus condiciones de Estado del capital, en el momento actual del capitalismo, y no de acuerdo a cualquier ideología, sino a la ideología liberal, es decir, la ideología funcionalmente adecuada, para la clase dominante, a las relaciones de clase existentes. De hecho, el Estado interviene y reforma las prestaciones de desempleo para obligar a los desempleados a aceptar cualquier tipo de trabajo, extiende la edad de jubilación indefinidamente, disminuye las cotizaciones sociales y, por lo tanto, los salarios, etc. Todo esto, acompañado por el mantra de la “defensa del servicio público” que sale de nuestros oídos, lo sufrimos todos los días. Debido a que durante cientos de miles de personas en Francia hoy en día, el servicio público son también los profesores que humillan y clasifican socialmente, los inquisidores servicios sociales que cortan los beneficios sociales al más mínimo error en el llenado de documentos, controles mensuales a la oficina de empleo, las multas en los medios de transporte y los controles policiales.

En resumen, el Estado, hoy, hace lo que hizo el Estado keynesiano en los gloriosos años treinta erigido como modelo de ideología ciudadanista: enmarca la evolución del capital y hace los ajustes necesarios. Después de la Segunda Guerra Mundial, fue necesario reconstruir y modernizar. Las fuerzas productivas integraron la fuerza de trabajo como un factor esencial en la producción de valor, el aparato productivo nacional fue la prioridad, el tema de la vivienda, la salud y la educación fueron las condiciones necesarias para proporcionar capital con una fuerza de trabajo masiva, calificada y válida. El Estado se ha aplicado a este objetivo, por el bien del capital, y sin duda, “globalmente”, como dijo Marchais, por el bien de los proletarios de la época, que han visto mejorar sus condiciones de vida considerablemente. Pero queda el hecho de que este período ha terminado: el Estado-providencia ha hecho su trabajo de reconstrucción, ha pasado las riendas al Estado liberal, que debe hacer lo suyo, deshacer lo que él construyó primero: cuando el cemento está vertido, ya es hora de derribar la estructura que lo contienía.

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Aquí estamos en 2018 y, por enésima vez, es necesario “defender el servicio público”. Esta vez para atacar es el estatuto de los trabajadores de los ferrocarriles, con el deseo de hacer de la SNCF una sociedad anónima de capital público, para abrir la posibilidad de la competencia. Cabe señalar que Correos se convirtió en una sociedad anónima en 2010, sin haber dado lugar a otra cosa que a “decididas protestas” sindicales.

El anuncio de esta reforma del estatuto de los trabajadores de los ferrocarriles (empleo garantizado, edad fija de jubilación – alargada de hecho ya en 2007 por alineación con el sector privado -, régimen especial de seguridad social) ha provocado, de una manera que ya está bien conocida pero con una intensidad particular, una oleada de odio mediático sobre los “privilegiados” y “vagos” de la SNCF. Frente a esta ola, los sindicatos y los políticos (en primera línea Besancenot, que con este tema logró formar un frente de la “izquierda de la izquierda”- que de hecho parece haberse convertido en la única izquierda) han construido, explotando el ‘arsenal ideológico a su disposición, una línea de defensa basada en el doble eje de defensa del servicio público y la solidaridad de clase. Apoyar a los trabajadores de los ferrocarriles sin duda será defender el servicio público, una garantía para el interés general y defender a nosotros mismos, en nombre del efecto dominó de las derrotas de los trabajadores.

Pero defender a los trabajadores de los ferrocarriles en nombre de los ferrocarriles, de la calidad del servicio o de su supuesto carácter ecológico, sería como incorporar al trabajador a su propio producto, convirtiendo al proletariado en algo perteneciente a su máquina. En este razonamiento, los trabajadores de los ferrocarriles se convierten en los “medios humanos” del ferrocarril. ¿Alguna vez ha habido una huelga de trabajadores en la industria del automóvil que enfatice el carácter ecológico de los vehículos o la calidad de sus motores? Pero aquí los trabajadores de los ferrocarriles ya no parecen pertenecer a la SNCF, como un servicio público, como si fueran parte de un bien común de la nación, un poco como los soldados en 1914. Se convierten en nuestros ferroviarios. En esta línea de nacionalismo productivo, nos gusta recordar que estos estatutos se remontan al final de la Primera Guerra Mundial por el servicio prestado a la nación.

Esto significa no quedarse lo suficiente en lo que realmente es la SNCF hoy en día, es decir, una empresa que tiene menos usuarios que clientes. ¿Cuál es el servicio de transporte público asegurado por sus trenes, cuando un billete entre París y Marsella cuesta 200 euros, por lo que la clase dominante toma el TGV a la Gare de Lyon, mientras que los proletarios el Ouigo (ndt. bajo coste en las rutas francesas) a Marne-la-vallèe, a Disneyland, a pesar de la noble idea de “igualdad en el acceso y tratamiento de todos los usuarios”? El hecho es que la transformación de SNCF en una empresa privada, ahora utilizada como espantapájaros, comenzó hace mucho tiempo, con la creación del TGV en los años 80 y la introducción del software Sócrates a principios de los 90 que ahora logran calcular el precio del boleto de acuerdo con la oferta y la demanda, siguiendo una lógica de mercado pura. Anteriormente, había una tarifa por kilómetro, la misma para todos, coherentemente con la idea republicana. Nadie ha ido a la huelga por la defensa de la tarifa única, ya que nadie en Renault va a trabajar cuando se produce un sedán de lujo, en nombre de “la igualdad que debe reinar entre los consumidores” por la simple razón de que todos reconocen que el pago de los salarios se justifican por las ganancias de la empresa.

Por lo tanto, el empleado de la SNCF debe ser un empleado como los demás. ¿Por qué, en nombre de la ideología del servicio público, es imposible para los trabajadores de los ferrocarriles afirmar su propia situación como proletarios? ¿Es corporativismo defender una situación particular, en la medida en que es la misma situación de todas? Los bajos salarios, los agotadores 3 × 8 (ndt i 3 × 8 o trois-huit es un sistema de organizaciones de tiempo de trabajo que consta de turnos de ocho horas para tres equipos de trabajo en el mismo lugar, a fin de garantizar el funcionamiento continuo de la producción, 24 de 24, excluidos los fines de semana), la naturaleza pesada del trabajo, todo les da el derecho a defender los escasos beneficios que poseen, que no son privilegios, sino compensaciones. Ademas, derecho o no, no hay que tener vergüenza en defender los propios intereses, cuando uno es proletario.

El hecho es que los trabajadores del ferrocarril están atascados en la defensa del servicio público, ya que están directamente amenazados por la apertura de la SNCF a la competencia. Pero al defender al SNFC como un servicio público, los trabajadores de los ferrocarriles se ven obligados a defender incluso su propio sistema reproductivo. Entonces, cuando, en su defensa, la reducción continua de la fuerza de trabajo desde 1950 se presenta en un folleto como una promesa de la modernidad de “su” empresa pública, lo que en realidad se ven obligados a reconocer, son las condiciones de ganancias y políticas llevadas a cabo por la empresa hasta el día de hoy. El problema sigue siendo el mismo, tanto para los trabajadores de los ferrocarriles como para el proletariado en general: cuando se reconocen por lo que son en el aparato productivo, también reconocen que sobran, que tienen un costo como “medio humano”, servicio público o no.

Es cierto que la apertura a la competencia conduce a una aceleración del proceso que pone en tela de juicio el estatuto, que se ha iniciado durante algún tiempo mediante “alineaciones” con los privados llevados adelante por los sindicatos. A pesar de las promesas de mantener las condiciones del estatuto actual para los trabajadores del ferrocarril que ya formaban parte de él, será la nueva mano de obra, tanto como la competencia y los métodos liberales de gestión, lo que ejercerá presión sobre el estatuto para que sea marginal. Con el paso del tiempo, en esta evolución, se hace evidente que las pensiones anticipadas serán necesarias para la “modernización” de la empresa. Los trabajadores de los ferrocarriles están justamente preocupados por su futuro en las líneas ferroviarias menores que estarán abiertas a la competencia, ya que es seguro que ningún operador privado considerará necesario retener al personal de quien es imposible separar: los capitalistas no son más filántropos del estado. Lo que están preparando a vivir los trabajadores de los ferrocarriles, y que ya han empezado a vivir, es la evolución de la sociedad francesa de los últimos treinta cuarenta años, acelerada hasta la marcha forzada. Esta evolución se ha realizado en el curso de los movimientos sociales, regulados por los sindicatos que han estado negociando para bien o para mal. Ciertamente, a partir de ahora, los sindicatos están negociando garantías con el ministro de transporte, para proteger lo que se puede proteger, y especialmente su presencia en cualquier negociación.

Los trabajadores de los ferrocarriles se enmarcan en la contradicción entre la defensa político-sindical del servicio público y la defensa inmediata de sus intereses como trabajadores de una empresa, es decir, como proletarios. Martínez también puede complacerlos al declarar que “Es suficiente incluir a todos en las reglas del estatuto ferroviario y todo saldrá bien”, nadie puede tomarlo como un reclamo real y ver cualquier otra cosa que no sea una broma, quizás con un contenido político, como el reclamo de la semana 32 horas, pero seguramente nunca será el objeto de una lucha real. Hablar como si fueramos en 1936, actuar como en 2018: es esta la lengua de madera de los sindicatos.

Si las ventajas de los trabajadores de los ferrocarriles, por pequeños que parezcan, aparecen como privilegios, es que representan en 2018 una anomalía en el mercado de trabajo tal como existe. El empleo garantizado de los trabajadores de los ferrocarriles en la sociedad de los años 50 y 60 fue solo una formalización de lo que ya existía para todos: en ese momento, la mayoría de los empleados firmaba un contrato indefinido y trabajaba durante 35 o 40 años. para la misma compañía antes de retirarse. Cuando nos declarabamos en huelga, luchabamos por salarios, no por “protección laboral”. En la actualidad, el mercado de trabajo se está desmoronando, es precario, las carreras están en zigzag cuando no caen en la ruina de la descalificación y el desempleo de larga duración, con o sin RSA. Y, de hecho, cada vez más, la principal diferencia entre las empresas públicas y las empresas privadas es el estatuto de los funcionarios. No es el “progreso” lo que quiere eso, es la marcha desastrosa del capitalismo.

Si hay que fomentar la solidaridad con los trabajadores de los ferrocariles, no es para defender el servicio público, sino para luchar al lado de los que son atacados por sus capitalistas, en este caso por el Estado, sin otro objeto que no sea una simple autodefensa de clase. La defensa del servicio público es, en realidad, lo que impide la solidaridad de clase, transformándola en “interés general”, algo de la burguesía y el Estado. Pero esto, la ideología del servicio público, atascada en su propio discurso, no puede decir, si no dando aparentemente razón al “neoliberalismo”, que lleva a cabo sus reformas de una manera completamente apolítica, por medio de administradores puros como Macron , como pasos de una actualización social cruel pero necesaria. El impasse de la defensa del servicio público radica en la imposibilidad de sostener este tipo de discurso pero, al mismo tiempo, no tener nada más tangible para proponer que el status quo.

Para salir de este punto muerto, sería necesario reconocer que, de hecho, la protección social heredada de los gloriosos Años Treinta, como los regímenes especiales, están destinados a desaparecer, que todo lo que uno tuvo que resistir ya ha sido prácticamente vencido y que lo que necesitaba ser defendido se perdió. Ya, durante las luchas contra las pensiones, en 2010, la CGT (ndt una importante confederación sindical francesa) se ha doblado ante la lógica contable reconociendo que el alargamiento de la esperanza de vida implica la de los años de trabajo, y declarando al unísono con el Estado que antes que nada era necesario “salvar el sistema de pensiones con su distribución” porque era una voluntad de “interés general”; está claro que los fondos de pensiones podrían haber ayudado a completar las pensiones, fondos que, además, son gestionados por los sindicatos a través de un Comité intersectorial de ahorro salarial, todo está dicho.

Por otro lado, la defensa del servicio público puede inicialmente parecer ser el servicio público en sí mismo, es decir, un gran número de personas, a menudo suficiente. Pero los llamamientos al sector privado que se hacen desde la defensa del servicio público se incluyen exclusivamente sobre la base del sector público / privado. Si en el sector privado existieran los medios para producir movilizaciones importantes, las prioridades de las luchas no se quedarían en la defensa del servicio público. De la división de la hegemonía aparece su reverso, el aislamiento.

Inevitablemente, con el paso del tiempo, el estatuto de los trabajadores ferroviarios alcanzará el pleno empleo, la jubilación a los 60 y trece mensilidades, abordadas a nivel de acuerdo sectorial en la tienda de antigüedades del capital reestructurado. Del mismo modo, los sindicatos mayoritarios solo serán instrumentos de cogestión, comprometidos a luchar entre sí para mantener su lugar entre las numerosas instituciones conjuntas, de las que derivan la mayor parte de sus ganancias. Su futuro también está garantizado “en la base”, cuando los utilizarán, caso por caso, para gestionar los acuerdos comerciales de la empresa, lo que posiblemente limitará el golpe. Esto no será el resultado de una deriva ideológica de los sindicatos o de algún tipo de traición, sino una adaptación real a la realidad del capitalismo contemporáneo, ya que el sindicalismo revolucionario fue adecuado a una situación completamente diferente. En la lenta y planificada disolución del servicio público en Francia, es todo el período de los movimientos sociales el que debe cerrarse gradualmente.

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Los movimientos sociales se basaban en un acuerdo tácito entre el Estado y “actores sociales”: el Estado avanzaba algunas reformas, medía la resistencia y la negociaba sobre la base de esta resistencia. Es lo que expresa el viejo eslogan “dos pasos adelante, tres pasos atrás”. Este sistema se refiere al período desde 1985 hasta el final de la década de 1990. Este período fue muy lejos de la violencia de los enfrentamientos de clase (incluyendo aquellos sindicales) de los años 60 y 70, de acuerdo con un aumento real de las tasas de ganancia de las cuales disfrutaron las políticas liberales impulsadas por el gobierno de Mitterrand, y la derrota de la ofensiva de clase post-1968. Desde 1998, la parte efectiva del valor añadido de los salarios comenzó a subir, sin que el nivel de los salarios hubíese cambiado en realidad, esto significa que la tasa de ganancia ha disminuido, poniendo fin a un breve embellecimiento capitalista, y endureciendo de hecho a las llamadas políticas neoliberales, es decir, las políticas del capital reestructurado.

La crisis económica de 2008 ha acelerado radicalmente esta tendencia. En todas partes de Europa, los Estados miembros han estado llevando a cabo políticas de austeridad bajo la presión de las instituciones internacionales, por lo que podría lograrse una salida de la crisis que generaría las mismas tendencias que llevaron a la crisis.

Diez años más tarde, se ha dado una salida relativa de la crisis, con la disminución general de los salarios y las ayudas sociales, con la creciente precariedad del empleo, con los recortes hechos por los Estados a todas esas formas de bienestar aún existentes, poniendo así en el mercado millones de proletarios dispuestos a aceptar trabajar bajo cualquier condición. Esta salida de la crisis renueva las condiciones de la crisis y prepara para una nueva caída que sin duda será aún más brutal, tanto en sus efectos como en su gestión.

En este nuevo contexto, el sistema de movimientos sociales tal como funcionó hasta la década de 2000 se ha vuelto obsoleto. Por un lado, la capacidad efectiva para la resistencia sindical se ha erosionado y, por otro lado, la reacción de los sucesivos gobiernos se ha vuelto cada vez más brutal y cerrada al “diálogo social”.

Cuando los sindicatos actuaban en un nivel casi simbólico y se contentaban con mostrar su capacidad de movilización llevando a la gente a las calles y organizando huelgas, el estado los toma literalmente, obligándolos a demostrar su imposibilidad de implementar sus amenazas, o practicar cualquier medio para prevenirlo. Desde entonces, hemos sido testigos de la criminalización de los movimientos sociales.

A la pregunta-trampa: “¿Tenemos derecho a bloquear el país? La respuesta obviamente puede ser no. Los sindicatos, que son instituciones válidas solo por el reconocimiento por parte del Estado de su carácter legítimo, no pueden colocarse fuera de la ley. En cualquier huelga y cualquier ocupación, hay desbordamientos. Los sindicatos pueden en cierta medida esconderse detrás de actos individuales (“los chicos quieren liarla”), encubrirlos o, a veces, “denunciar la violencia”. No se les puede pedir que organicen desbordamientos, porque esa no es su función. Su papel está en el límite y en el mejor de los casos para cubrir estos excesos gracias a la legitimidad que tienen. Esta legitimidad, cada vez más, es reconocida por el Estado solo en torno a la mesa de negociación, para ratificar lo que se ha decidido desde arriba, con posiblemente algunas concesiones a nivel cosmético para no hacerles perder la cara.

En cualquier caso, cuanto más se vuelve dura la política gubernamental, más se obligan los sindicatos a endurecer sus acciones. La cuestión sobre la práctica del “bloqueo” lo ha demostrado durante diez años. En 2010, cuando el bloqueo de las refinerías, lejos de ser el bloque de producción total es nada más que un descanso, por lo que las refinerías podrían volver a funcionar rápidamente, sucedió simplemente porque un bloque real y total de la producción se habría asimilado al sabotaje, severamente castigado por la ley. Los sindicalistas no son unos desperados. En 2016, durante otro movimiento de refinerías, el Estado fue a extraer de sus reservas estratégicas, como en tiempo de guerra, y el pánico en las estaciones de servicio fue causado más por la cola de los automovilistas que por un cese real del suministro. En 2018, la SNCF establece un co-manejo y ofrece un aumento mensual a los empleados para conducir los trenes. Intenta organizarse para asegurarse de que la huelga ilimitada utilizada por los sindicatos para hacer que el movimiento dure sin afectar los salarios se considera como una huelga única, y que todos los días se pierdan. Está bastante claro que el objetivo es, como dijo Sarkozy, cuando hay una huelga en Francia, para asegurarse de que nadie la note más, o mejor aún – en el respeto del derecho de huelga, por supuesto – no haya más huelgas por completo.

La realidad es que los sindicatos no tienen la capacidad, ni el deseo de bloquear el país. El hecho es que los sindicatos están hechos por trabajadores que sólo tienen su fuerza de trabajo para vivir y son, de hecho, unido a sus recursos productivos, como los ferroviarios que no existen nada más que dentro de la SNCF, y por eso defienden a los servicios públicos. A medida que el Estado los pone de nuevo en la pared y los empuja a implementar sus amenazas, los sindicatos y los trabajadores que representan deben reconocer que la función de los sindicatos no es conducir la insurrección, sino negociar. La negociación no se deriva solo de las directivas recibidas del ministerio, también existe a nivel de las fábricas y, a veces, en contradicción con las líneas decididas a nivel nacional. En 2013, por ejemplo, la CGT se ha negado a firmar los acuerdos sobre “flexiseguridad”, de manera que en el Aveyron, el sindicato local CGT salvó una empresa Bosch permitiendo gotas salariales y reducciones de la jornada laboral, en el más puro espíritu flexiseguridad. El hecho es que las secretarías hacen política y la base debe seguir. La vida cotidiana del sindicalismo consiste en estos ajustes diarios, lejos de las proyecciones de los grandes movimientos sociales.

Pero si el Estado, durante un movimiento, empuja a los sindicatos a declarar ilegales, y por lo tanto los vuelve a colocar en torno a la mesa de negociaciones en las condiciones que son más favorables para él, también dice más y más de lo que podemos hacer sin negociar. El 49-3 y las ordenanzas están ahí para eso, pero también los procedimientos democráticos: que el estatuto de los ferroviarios y la ley sobre la apertura de la competencia pasa ante la Asamblea Nacional, que constituirá solo una pequeña desaceleración en el procedimiento, y tal vez la duración de las huelgas, pero todos saben el resultado de los debates en una Asamblea que en su mayoría apoya a las reformas. Ahí es cuando el sistema de partido único instituido por Macron está en pleno apogeo.

El problema de los movimientos sociales, es precisamente que siguen siendo sociales, que a través de las luchas y las críticas que formulan de la sociedad, devuelven en negativo todas las categorías de esta sociedad que es entonces infinitamente criticable solo porque es infinitamente salvable. Así es como marcan críticamente, cada tres o cinco años, los cambios en el capital, caminando de la mano con él en el camino hacia su desarrollo. Por lo tanto, proletarios, caminamos de la mano con lo que simultáneamente nos mata y nos hace vivir.

En esta situación estancada, es el desbordamiento el que se afirma a sí mismo como la única solución posible. Los “movimientos sociales”, en su reclamo de hacerse cargo de todo el conflicto social, para encarnar la lucha de clases en sí, han tenido el efecto de invisibilizar cualquier otra forma de conflictividad, de designar lo que es una lucha legítima y lo que no es, para reducir cualquier conflicto al reclamo y el diálogo con el poder. Obviamente, estamos pensando en los disturbios de 2005 en los suburbios franceses, que podrían no haber sido considerados tan exclusivamente como una cuestión de desorden público si el modelo dominante de la lucha no hubiera sido el de los movimientos sociales. En 2016, durante la lucha contra la Loi Travail, los desbordes sistemáticos contribuyeron a reintroducir la conflictividad donde no había nada más que un ritual percibido como vacío y obsoleto: las famosas manifestaciónes de “globos y salchichas”.

En el movimiento del cual se habla, la violencia sufrida o practicada, la ausencia de reclamos como condición necesaria para la acción, la superación requerida por el problema de la legitimidad de la lucha para su deslegitimación efectiva, han hecho que el tema del desbordamiento parezca todo lo contrario a la convergencia de las luchas, como una fuerza centrífuga. El “cortège de tete” mismo, ahora institucionalizado y ritualizado, se convierte en un freno para este movimiento centrífugo, ya que designa a los individuos por su afiliación sociopolítica (túnicas rojas y k-way negras), y se ve que se reduce a una forma convergente, tomada por la dinámica del movimiento social. Esta observación ya ha sido hecha por varios de los que participaron en ello. El cortege de tete, en el momento en que se formalizó, se convirtió en un objeto político, un asunto militante, un discurso ideológico. Él ha llegado a negar lo que lo había constituido en su forma más vívida, y que existe en un nivel u otro de todas las luchas de clases de este ciclo; actuar y reunirse en una forma social indistinta y provisional que permite “romper todo”, significa no reclamar nada como propio en este mundo, no construir nada, no buscar lo “común” fuera del yo, des-subjetivizar el sujeto. Resaltar el desbordamiento de las procesiones en los cuales está contenido, establecerlo como una forma de relación entre los individuos y, más allá de los disturbios, llevarlo a diferentes lugares – en particular en los lugares de producción, pero no solo – a fin de determinar el uso inmediato al abolir su rol social, es lo que se postula el momento en que nos encontramos: el desafío del comunismo en acción.

Pero aún no hemos llegado en ese momento. Por ahora, solo podemos ver el declive de los movimientos sociales. Su incapacidad para oponerse a la evolución del capitalismo, porque desde el punto de vista del trabajo, no somos más que un polo de esta evolución, que nos lleva consigo. También podemos ver, a través de este declive, la derrota ideológica del ciudadanismo y su incapacidad para promover políticas efectivas, atrapado como está en una apología del Estado y la democracia. Evidentemente, estamos en un momento de ruptura, o al menos de dislocación. Entonces podemos preguntarnos la dirección que tomarán las luchas de clases, que nunca se han limitado a la forma de los movimientos sociales, en este debilitamiento. Nadie puede responder esta pregunta por el momento. Solo a partir de la comprensión de la situación tal como está ahora, siguiendo las hipótesis que hemos formulado aquí, podríamos, a partir de la observación de lo que sucede durante las luchas diarias, comprender de manera efectiva en qué dirección van las cosas. En este sentido, lo que está en juego en las luchas que están dando en la primavera de 2018, más allá de la victoria o la derrota del movimiento, será mostrarnos la dirección en la que nos dirigimos.

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Pero si el declive de los movimientos sociales se anuncia como inevitable en la situación actual, debemos prestar atención a las extrapolaciones arriesgadas y no elevarnos a lo que podríamos llamar “la teoría de la pureza” según la cual la lucha de clases real, deshacerse de sus atavíos sindicales y ciudadanos, eventualmente podría aparecer en toda su radicalidad e inmediatamente estallar en una insurrección generalizada que borraría el Estado y el capital.

No debemos olvidar que estamos tratando con procesos a largo plazo (es decir, sin prejuzgar los efectos de la interrupción que podría ser causada por una crisis de capital generalizada). Incluso Macron-Júpiter no puede romper ninguna oposición en tres semanas y privatizar todo en tres meses. En esta primavera de 2018 en particular, pudo haber pecado por presunción y haber lanzado demasiados proyectos simultáneos. Si el ataque de esta primavera es masivo y ha tenido un buen comienzo, probablemente ganaremos un poco más de tiempo. La empresa capitalista llamada Francia no puede trasladarse: tiene que tratar con su personal, y no puede reestructurarse a marchas forzadas, porque debe seguir funcionando como un marco capitalista global, es decir, como una sociedad. Todo esto tomará mucho tiempo y causará mucho debate y oposición. Además, como ya se ha señalado, mientras más obstinadas sean las derrotas, más uno se apega a la ideología. La ideología de la defensa del servicio público, si depende cada vez menos de los movimientos sociales en declive en su forma clásica y es bastante obsoleta en su versión ciudadana, tiene buenas posibilidades, debido a estos debates que existirán a largo plazo y fuera del movimiento social, para ser reconstituidos en un nivel estrictamente político.

Es precisamente este plan que los sucesivos gobiernos han abandonado deliberadamente, hasta la figura de Macron que es el emblema de este abandono. El modo de gobierno puramente gerencial promovido por Macron (y reclamado por una parte importante de la clase media), tiene el límite absoluto de no promover más la trascendencia, lo que deja la parte bella a todos los que ahora pretenden, dentro del capital, restablecer lo común. Este común, que puede tomar mil formas en la retórica alternativa, y expresar una aspiración a una dimensión más horizontal en el “todos juntos” de 1995, tiene buenas posibilidades, en el contexto actual, de encarnarse muy estrechamente en una forma populista y nacionalista, que la pareja Le Pen y Melenchon han encarnado recientemente, pero eso quizás también se haya constituido realmente. La reciente victoria electoral en Italia del M5S de Beppe Grillo nos da, entre otras cosas, una idea.

Esta constitución de un grupo nacional-populista tal vez se dará sobre el declive de los movimientos sociales, cuyo componente radical y componente institucional se dividirá en la definición que se dará a lo común, lo que hace una gran apuesta política en los próximos años. El común será entonces el otro lado, el lado social del desbordamiento, será, en su versión alternativa como en su versión nacional-populista, la forma del regreso al orden.

2 de abril 2018, AC.

 

Fuente: carburblog

Vencer a la desafección

En los tiempos de la gobernanza neoliberal la democracia se reduce a una simple formalidad para la aplicación de medidas al servicio de organismos supranacionales como, por ejemplo, el FMI, el Banco Central Europeo, la Comisión Europea o el Eurogrupo. Lo que importa no es quien gobierna, lo ha confirmado el referendum griego de julio 2015 y lo confirma la mitad de la población del Estado español que no ha asistido a la cita electoral y ha preferido quedarse en casa o dedicarse a otra cosa – y también parcialmente la victoria del primer partido ganador de las dos últimas elecciones. Hoy quien no vota expresa el mismo rechazo que quien vota en contra, para nosotras éticamente hablando es lo mismo. Es más que evidente que la desafección no es, en sí, una amenaza para las clases dominantes. Prefieren democracias reducidas a la expresión de una pluralidad manejable de voces contrapuestas. Antes el voto se planteaba como sustituto de la lucha en los movimientos sociales. Hoy, con las calles prácticamente vacías, es una expresión del rechazo como otra.

No pretendemos dar explicaciones del porqué ha vuelto a ganar el verdadero partido de “clase”. Para nosotras, lo necesario es prepararse para lo que viene. Existe una distancia creciente entre la clase media con miedo al empobrecimiento y la clase pobre. Estos días, las redes sociales arden con expresiones de frustración alienada y autodestructiva. Frases como “país de mierda lleno de subnormales” o “somos unos pringaos ignorantes” que nos recuerdan a los apodos que se les ha dado a los votantes que apoyaron el Brexit en Inglaterra, que se articulan sobre la creencia en una clase iluminada y una plebe irracional incapaz de discutir civilizadamente los argumentos expuestos en los hilos de Facebook y los artículos publicados en los medios digitales progresistas.

Hoy más que nunca, en cada comicio europeo, asistimos a la multiplicación de las valoraciones morales de quien no se ve reflejado en la opción mayoritaria. La soberbia de algunos comentarios aumentan el aislamiento, relegando la alienación que acompaña a la pobreza a ocupar un lugar oscuro, donde fácilmente encuentra refugio en la alucinación colectiva del nacionalismo o incluso del odio. Desde esa oscuridad, el miedo a un ataque desde el exterior empuja hacia el nacional-socialismo, como está sucediendo en varios países del este de Europa, en Grecia o en Francia antes de las extraordinarias movilizaciones contra la Loi Travail et son monde.

No es casual que en la política contemporánea, donde los procesos de integración alejan los centros de control directo de las decisiones políticas de los votantes, las instancias soberanistas y referendarias se unan a las nacionalistas, como si para reclamar la soberanía “usurpada” fuera necesario ejercerla inmediatamente y volver a establecer el límite natural, el del Estado. Esta dinámica, que todavía está emergiendo en casi todas partes como una solución de compromiso entre la democracia y la integración, es especialmente explosiva en Europa no porque las instituciones europeas sean burocráticas e ineficientes, sino debido a que pretenden representar una forma de unión política supranacional. Quienes lamentan este déficit democrático de la UE son los federalistas, por lo que no puede haber una verdadera política común sin una soberanía común. Los nacionalistas, en su lugar, acusan a Bruselas exactamente de lo contrario: de transformar la UE en un superestado artificial, que los procesos (en realidad intermitentes) de integración política e institucional constituyen una amenaza para la libertad y la prosperidad de las naciones. Las dos posturas son los dos reflejos del mismo espejismo.

Entonces ni el Estado capitalista del libre mercado y la propiedad privada, ni el Estado socialista y el monopolio de la propiedad pública de un pasado que afortunadamente no volverá, ni tampoco el de otras ideologías producidas como reacción a la supuesta ausencia de democracia como el independentismo “a prescindir”: las tres opciones son proyectos institucionales al servicio de la propiedad mediante la expropiación y la explotación de lo común. No estamos en contra de la independencia por estar en contra de la liberación de los pueblos oprimidos, sino porque no existen las condiciones materiales objetivas para producir una independencia política en este contexto. Tampoco se trata de estar o no en el euro o la UE, a pesar de que ninguna de estas decisiones pueden ser tomadas por vías democráticas o plebiscitarias. Si hay capitalismo no hay independencia y si queremos independencia hay que deshacerse del capitalismo.

Dejemos de quejarnos de la gente, de lo que hace o de lo que deja de hacer. Aunque resulte cómodo – incluso terapéutico – atribuir la responsabilidad a la composición social, no deja de ser efímero cuando no, contraproducente. Identifiquemos nuestras insuficiencias y asumamos nuestros límites. Habrá que repensar lo que abrió el 15M como un desbordamiento de la sociedad no traducible en la lógica de los partidos políticos, ni en la tristeza de un espectáculo forzado y la simplificación por defecto de toda la complejidad social. Pensemos cómo sonreír juntas de verdad, no para las cámaras de los platós de televisión, ni por la ridiculización de un líder en las redes sociales. Aprendamos como interpelar a la realidad, tomémonos en serio finalmente nuestra alegría y nuestra capacidad de acción y organicémonos para volver a sentirnos más felices que en las plazas del 15M. Porque no hay alegría sin lucha y no hay lucha sin organización.

Antes del próximo rescate, saboteemos las instituciones que están al servicio de la Troika bloqueando la economía.

El mundo o nada. Comité de acción 16 de marzo 2016

Clases anuladas, manifestaciones salvajes, pintadas, daños, lacrimógenos, gobierno bajo estrés, fucultades en huelga. Algo está naciendo. “Nosotrxs” estamos naciendo. Nombrar lo que está naciendo a partir del nombre que lo ha precedido significa intentar matarlo. Reportar lo que el pasado miércoles hemos vivido en las calles, lo que se cuece desde hace semanas, reconducir la rabia que ruge por todas partes a la “sombra del CPE” y toda la arenga que hemos escuchado la semana pasada es una operación, una operación de neutralización.

¿Qué relación hay entre el discurso sindical y lxs compañerxs estudiantes que escribían en las paredes el pasado miércoles “el mundo o nada”, antes de atacar metódicamente a los bancos? Ninguna. O simplemente un lamentable intento de recuperación liderada por zombies. Nunca los sindicatos, ni los políticos han seguido tan visiblemente un movimiento. Si son tan febriles en su deseo de supervisar todo, es precisamente porque todo se le podría escapar de las manos.

Lo que ha pasado es simple: una banda de youtubers han añadido sus me gusta, han hablado fuera de cualquier marco, de cualquier “representatividad”, han llamado a la calle; una mujer que se representaba a sí misma ha lanzado una petición contra la ley del trabajo (reforma laboral); y como lo que decía sonaba justo, ha encontrado un sentimiento generalizado, una náusea general, bajamos a la calle y éramos numerosos. Las organizaciones siguieron.

El riesgo de no seguir era demasiado grande para ellos. Si no lo hacían su mandato caducaba. Aquellos a los que pretenden representar habrían cogido el camino sin ellos, sin que ellos pudieran meter delante, a la cabeza, sus pancartas, sin que ellos hubieran podido llevar sus enormes globos rojos, sin que ellos pudieran recubrir nuestras voces con sus horrendos sistemas de sonido, sus lemas vulgares, sus discursos de funeral. Estaban desnudos. Por tanto, los líderes siguieron; como siempre.

No hay una ley que pone un problema, sino una entera sociedad que está exhausta.

Nosotrxs somos la juventud. Pero la juventud no es la juventud, ella es más de ella misma. En cualquier sociedad la juventud es la imagen del elemento disponible. La juventud es símbolo de la disponibilidad general. Los jóvenes, no significan nada. Quiere decir aquellos que non están todavía obligados. Obligados por un jefe, por los créditos, por un CV. Obligados y por lo tanto encadenados, al menos hasta que la máquina social continúe funcionando.

Los discursos mediáticos sobre la amenaza de un “movimiento de la juventud” miran a desconjurar la amenaza real y ésta es que el conjunto de lo que está disponible en esta sociedad, el conjunto de quienes no pueden más de la vida que se les hace vivir, el conjunto de aquellos que ven muy bien que no es la justicia de esta ley la que crea un problema, sino que la entera sociedad está exhausta, y se agrega. Se agrega y se junta en masa. Porque en nuestros días es innumerable la masa de incrédulos. La mentira social, la farsa política, no convencen más. Y es este el gran problema que tiene este gobierno. Y no solo él: ¿Quién es todavía tan estupido para querer aún votar a la izquierda, a la izquierda de la izquierda, a la izquierda de la izquierda de la izquierda, cuándo se ha visto lo que esto ha producido en Grecia el verano pasado? Un gobierno de izquierda radical sobretodo en la aplicación de la austeridad.

Eh, ¡Los viejos! Vosotros no habéis sido traicionados, solo os habéis dejado engañar.

¡Ay, los viejos! Ay, nuestros viejos. Vosotros decís que os sentís traicionados. Que habeís votado a un partido de izquierdas pero que la política que hacen no corresponde con vuestras espectativas.

Vosotros hablais de “negación”. ¿Pero dónde estabáis en el 1983? Los años 80, los años del dinero fácil, de Tapie en el gobierno, Libé que titula “¡Viva la crisis!”, ¿No os dice nada todo esto? Nosotrxs no estábamos, pero mientras tanto, vuestras “batallitas” se han convertido en nuestros cursos de historia.

Y cuando las escuchamos, estas clases, se nos dice que Macron sólo termina el trabajo comenzado en 1983. Desde entonces, es el mismo programa. No ha cambiado. Vosotros no habéis sido traicionados. Vosotros sólo os habéis dejado engañar. Habéis preferido cultivar vuestras ilusiones. No son los actos de los socialistas los que han traicionado su discurso. Son precisamente aquellos discursos que, en cada período de elecciones, han servido para engañaros y así poder continuar poniendo en marcha el mismo programa, para seguir con la misma ofensiva. Una ofensiva de 35 años, llevada con constancia a todos los niveles y al mismo tiempo – económico, seguridad, social, cultual, existencial, etc.

Esta ley, no se discutirá.

Lo que esta naciendo tiene poco que ver con la ley del trabajo. Esa ley es solo el punto de inflexión. La gota que colma el vaso. Demasiado arrogante, demasiado flagrante, demasiado humillante. La ley sobre las investigaciones, la ley Macron, la decadencia de la nacionalidad, la ley antiterrorista, el proyecto de la reforma penal, la ley del trabajo, todo esto forma el sistema. Es una sóla empresa la que pone de rodillas a la población. La ley El Khomri es solo la guinda del pastel.

Es por eso que se reacciona ahora, y es por esto que no se ha reaccionado a la ley Macron. Al máximo, si se sale a la calle contra la ley del trabajo, no es porqué concierna al trabajo. Es porque la cuestión del trabajo es la cuestión del empeño de la vida; y el trabajo, como lo vemos en torno a nosotrxs, es precisamente la negación de la vida, la vida en version de mierda.

Ya no estamos en los años 60, vuestros Gloriosos Treinta, recuperaos, no se han conocido nunca. Nadie entre nosotrxs piensa que se “realizará” en el trabajo. De lo que nos defendemos ahora es el hecho de que lo poco que se nos deja de vida después del trabajo, más allá del trabajo, no se reduzca a nada.

El jueguecito de las organizaciones sindicales y de los partidos para limitar el terreno de conflicto a la cuestión de la ley trabajo, a la negociación con el gobierno, es sólo una manera de contener nuestro deseo de vivir, de bloquear todo aquello que excede la esfera sofocante de sus pequeña artimañas.

Sindicatos y partidos, no hay necesidad de ser vidente para ver, desde ya, que nos dejarán con el culo al aire en el momento decisivo. No tenemos nada contra ellos. Es su función. Pero, no nos pidáis que confiemos en ellos.

No es que por ser jóvenes seamos ingenuos. Y luego, dejad de darnos la lata con vuestras viejas consignas que no funcionan: la “masificación”, la “convergencia de las luchas” che no existen, el hablar por turnos y el pseudo-feminismo que os sirven solo para controlar las asambleas, para monopolizar la palabra, para repetir siempre el mismo discurso. Francamente, ya es suficiente.

La cuestión no es la de la masificación, es la de la justicia y la determinación. Todos saben que lo que hace retrasar un gobierno no es el número de personas en la calle, sino su determinación. La única cosa que tira para atrás un gobierno es el espectro de la sublevación, la posibilidad de una perdida total del control.

Aunque se quisiera sólo la retirada de la ley del trabajo, se necesita de todas maneras apuntar a la insurrección: golpear fuerte, dotarse de los medios para tener a la policía en su sitio, bloquear el funcionamiento normal de esta sociedad, atacar los objetivos que hacen temblar el gobierno. La cuestión de la “violencia” es una cuestión falsa. Lo que desde los medios es descrito como “violencia” se vive en la calle como determinación, como rabia, como seriedad y como juego.

Esto es lo que hemos sentido el pasado miércoles, y que tiene alguna razón para hacer flipar a los gobernantes: había valor entre nosotrxs, el miedo se había ido, estábamos segurxs de nosotrxs. Segurxs de querer marchar sobre las cabezas de aquellos que gobiernan. Sobre la cabeza de aquellos que, durante todo el año, marchan sobre nuestras caras.

¡Golpear fuerte! ¡Golpear justamente!
#BATTAILLEDESOLFERINO

Al contrario de lo que nos dicen los aprendices burócratas de la UNEF o del NPA, golpear fuerte no significa “aislarnos de las masas”, si los objetivos son justos. Al contrario, quiere decir que todos aquellos que estan agotados se pueden unir; y todo el mundo.

La cuestión que pone la ley laboral es la cuestión de la política del PS desde hace 35 años, la cuestión es saber si sí o no sobre el hecho que podrán llevar a cabo su campaña pluridecenal. Y es también la cuestión de la política en general. Que un movimiento se levante a un año de la campaña por la presidencia, que generalmente impone el silencio y la espera a todos, dice mucho sobre la profunda indiferencia, o sea sobre la hostilidad, que la misma ya suscita.

Todos sabemos que las próximas elecciones no son la solución, pero forman parte del problema. No es casualidad que espontaneamente, el pasado miércoles, los estudientes de Lyon han buscado alcanzar la sede del PS y se han enfrentado a la policia para golpear este objetivo. Y no es casualidad que la sede de PS en París y Ruan hayan sido destrozadas. Y es a esto a lo que, espontaneamente, apunta el movimiento. En lugar de enredarse en negociaciones-trampa por gilipollas, lo que hace falta atacar, en todas partes en Francia, a partir del próximo jueves, son entonces las sedes del PS. En París, hace falta que esto se transforme en la batalla de Solferino. Lo de después, pues bueno, se verá. Hará falta jugarsela bien. Pero la apuesta que se juega es colosal.

Ellos retroceden, ¡ataquemos!

Fuente: lundi.am

La ilusión democrática

por Dario Lovaglio

Hace ya unos años que empezó a cuajar la idea de que el estado español era el laboratorio político del siglo XXI. Políticos, académicos, periodistas y activistas convenían en que un fenómeno como el 15M era la ruptura cultural que acabaría con el bipartidismo blindado de la constitución del 1978. La palabra ‘revolución’ fue evocada como un mantra de forma incesante, y su eco resonó por todo el mundo, pero de manera inversamente proporcional a su evocación, no vivimos ningún cambio radical sino un empeoramiento general de la realidad. Un discurso político populista basado en la recomposición de una clase media imaginaria ha sustituido a un análisis de las condiciones materiales de las relaciones sociales, por lo que sin un discurso que articule una organización de movimientos inclusivos sobre las transformaciones del capitalismo, la composición social y las correlaciones de fuerzas, muchas personas seguirán ilusionadas con los trending topics, la idea de una Europa que sólo existe en función de los intereses de la Troika y la esperanza en un retorno al socialismo.

Trending Topic
2011 inauguró un ciclo de luchas que coinciden con cambios culturales y económicos. Estos cambios y las letales condiciones laborales de corporaciones como Apple, Foxconn o Amazon, permitieron a una parte significativa de la población mundial poder comprar smartphones para conectarse a internet, y articular la organización de las nuevas luchas populares.
No pretendemos demonizar las redes sociales ni internet ya que pueden ser un medio para conseguir determinados objetivos, pero nunca un fin: el fin es invertir el poder capitalista, la distribución de la riqueza y la emancipación colectiva. Es necesario replantearse el uso de estas redes y la relación entre el lenguaje y la representación dada su intrínseca ambivalencia en los medios de comunicación de masas. Así por ejemplo, la radio retransmitió la propaganda de las dictaduras; la televisión y la prensa fueron la herramienta para la difusión del consumo masivo y la alfabetización de la clase obrera, e internet aporta la ilusión vendida a precios populares de una comunicación horizontal con determinados recintos y dispositivos de control.

El lenguaje no es autosuficiente para construir subjetivación. El lenguaje por sí mismo no puede sustituir ni crear una organización política, y en 140 caracteres aún menos: la construcción de lazos de confianza y solidaridad no se construyen sólo a través del lenguaje, es necesario construir espacios de encuentro autónomos donde el discurso esté vinculado a la acción política.
Resulta emocionante observar en las campañas de Twitter, cómo los hashtags se convierten rápidamente en trending topic, cómo ilusiona ver los lemas lanzados por la red hasta convertirse en cotidianos mainstream. Recientemente un grupo de investigadores en Barcelona trató de legitimar las teorías del contagio emocional en la red, con un estilo similar a la investigación que Facebook acaba de realizar, pero olvidó completamente las ambivalencias internas de la comunicación lingüística como por ejemplo la ironía… Aunque en realidad este proceso pasa necesariamente por un filtro que está relacionado por un lado con la propiedad del medio de comunicación, el canal de trasmisión y con el dispositivo de recepción porque existen unas correlaciones de fuerzas muy claras en la relación emisora-media-público. Nada será publicado fuera de los intereses de estos medios, a menos que los podamos ocupar y hacerlos nuestros.

Europa
Los países de la Unión Europea con fronteras en países no europeos son escenario de conflictos que demuestran que esta institución (la UE) defiende el dictado financiero de algunos de sus miembros a costa de la vida de las personas. En Ucrania hubo una guerra entre imperialismos mientras poco después en Ceuta unas veinte personas que querían cruzar la frontera fueron matadas por agentes de la Guardia Civil del estado español.
La Europa actual, gracias a la modificación de su constitución, ha dejado paso al neoliberalismo más salvaje para someter a los países miembros a políticas de austeridad para pagar los intereses de la deuda. Quien ha visto en la constitución de esta institución un campo de posibilidad para el desarrollo de las luchas ha cometido un doble error: por una parte, pensar que dentro de la dialéctica con el imperialismo democrático estadounidense cualquier institución más allá del estado fuese favorable para su propia superación y por otra, el de no considerar la importancia de que unos contrapoderes puedan romper con la perspectiva eurocéntrica de alguna manera. Por este motivo que la semana anterior a la fecha electoral, considerada como prioritaria en la agenda de un grupo europeísta radical, ha sido un fracaso completo. En el plan de la articulación política no ha conseguido construir ni organización ni movimiento (ni Trending Topic!), las correlaciones de fuerzas ha debilitado ulteriormente la posibilidad de organización de un movimiento autónomo transnacional relegando el protagonismo político a una minoría de intelectuales y activistas.

El desgaste de energías empleadas en la construcción de las campañas, en un apoyo político más o menos explícito a nuevos partidos, la burocratización de las organizaciones de movimiento han sido una causa de la descomposición y fragmentación de los discursos y de las organizaciones que, desde el ciclo de movimiento MayDay, habían ido más allá las fronteras europeas impulsando las luchas contra la precariedad y la necesidad de una distribución de la renta a escala global.

Democracia
La proliferación de formaciones electorales en el estado español es una manifestación de la distancia que separa a la izquierda del malestar social. La reutilización de palabras como “ilusión” o “esperanza” -la primera como proyección del deseo de la clase política, gente previamente politizada que participa ya dentro de colectivos u organizaciones- y la segunda como lo imprevisible de un proyecto político que trasciende la materialidad de las relaciones de explotación y las correlaciones de fuerza (lo que la autonomía italiana en los ’70 llamaba composición de clase). Se necesita hablar de un “nosotros” sesgado apelando a pertenencias identitarias como el de pueblo, patria, nación, etc. para defender esta postura. La construcción simbólico-discursiva se vuelve central respecto a la de la construcción de una subjetividad colectiva, por este motivo, para protagonizar este nuevo ciclo las caras más visibles son figuras mediáticas que a menudo encontramos en la televisión, el medio de comunicación de masas del poder constituido por excelencia. A la vez hay una profecía autocumplida de que las múltiples candidaturas vacíen las organizaciones de movimientos que serían necesarias como base para el respaldo de estas candidaturas animadas al grito de “si se puede”. Pero nadie considera que, en esta ilusión del pensamiento único de la (social) democracia, la abstención es una constante y que la híper-celebración de éxitos parciales sea el simple resultado de un trasvase interno entre vieja y nueva izquierda. Last but not least la temporalidad, en poco más de un año solo en Barcelona han nacido por lo menos cuatro partidos y/o agrupaciones con unos programas parecidos, que por cada cita electoral necesitan recomponer un tejido de alianzas y discursos que vuelvan a despertar la adicción a la ilusión de sus seguidores. Esta incapacidad de impulsar dinámicas que empoderen y respondan a las necesidades de las personas más afectadas por las políticas de austeridad, aumenta la distancia creciente entre profesionalismo político y la sociedad, hasta en su léxico y estilo de vida. Viviendo en la ilusión de creerse las futuras mayorías, se sirve a los intereses del mercado ya sea el del consumo, el laboral o electoral: la mayoría es el enemigo.

Nosotras
Hemos hablado del derecho a la ciudad en muchas ocasiones para señalar cómo el desarrollo capitalista se impone con violencia en la expulsión de los vecinos y generando espacios al servicio del negocio de unos pocos, aquellos que el movimiento Occupy llamó para simplificar, el 1%. Pero no sólo la ciudad neoliberal es el espacio de los intereses de lo privado, la administración controlada por la deuda y sometida al mando de las instituciones financieras también son parte de este desarrollo, un modelo que se pone como obstáculo no solo para los habitantes de la ciudad sino también para el progreso de la sociedad. Por un lado asistimos al desmantelamiento del tejido social para la construcción de mega eventos como las olimpiadas en Barcelona del 1992 o el mundial en Brasil, por el otro el decrecimiento, la privatización y la restricción al acceso de los servicios, la educación, la sanidad, el chantaje del empleo escaso y mayormente precario, la vivienda que, a pesar de la gran cantidad de vivienda vacía en todo el estado español, es un privilegio para unos pocos y el sacrificio de una vida para muchas otras. Desde México a Brasil con las luchas por el derecho a unos transportes asequibles, pasando por la plaza Taksim en Estambul y la lucha para bloquear la construcción de un centro comercial, la lucha en el barrio de Gamonal en Burgos para bloquear la construcción de un bulevar, la del barrio de Sants en Barcelona para parar el desalojo del centro social autogestionado Can Vies y la de la plataforma Aturem el Pla Paral·lel son síntomas de la misma resistencia al empobrecimiento generalizado para el beneficio de unos pocos y constituyen a la vez, la radicalidad de unas demandas innegociables de un cambio para un modelo de desarrollo y de ciudad orientado hacia todas las personas.
Por lo tanto impulsar unas estrategias que favorezcan la organización del conflicto en las ciudades significa también construir la posibilidad de atacar el enemigo desde múltiples direcciones e intensidades para derrotarlo. Sobre todo porque sabemos que no encontraremos el enemigo en el “Palacio de Invierno”, sino en todos los lugares donde nos han acostumbrado a la violencia cotidiana del capitalismo. El desafío es lo de organizarnos para que cada una pueda atravesar con sus prácticas y dentro de sus propias posibilidades un espacio inclusivo, un espacio que abra la posibilidad de impulsar las demandas de dignidad, autodeterminación y justicia social para que el eco de la revolución materialice su potencia.

fuente: Diagonal Periodico

Por la dignidad, hacia una huelga social indefinida

Bajo el lema dignidad, que expresa la insostenibilidad de una crisis y una austeridad que intensifican el control post-nacional de la gobernanza europea y del gobierno represivo de Rajoy, las marchas han multiplicado su participación inundando Madrid. Es evidente que la participación masiva en la movilización ha desbordado las categorías a las cuales se apelaba desde la convocatoria: protagonista es una multitud irrepresentable y heterogénea que desea autoconvocarse autónomamente no solo para decir “¡Ya Basta!” al sistema sino también para derrocar a su régimen de una vez.

El 22M ha sido una reacción explosiva a un trastorno generalizado que afecta a la vida en su totalidad y cuyos síntomas se presentan en cada territorio. Ya hay una multiplicidad dispersa de luchas sociales contra el mando capitalista: unas son más organizadas, otras menos; unas son más explícitamente políticas, otras más implícitas.

Lo cierto es que existe un enorme potencial, hasta ahora latente, de antagonismo al sistema y a sus estructuras de gobernanza. El reto es la actualización y la organización de este potencial más allá de las citas electorales y de los sindicatos de concertación. Las fórmulas del siglo XX se han acabado: hoy es necesario un salto en nuestra imaginación política. El ciclo de movimientos-red que empezó con las Primaveras Árabes, pasando por el 15M, Occupy, Gezi Park, etc., nos ayudan a abordar este reto. La capacidad de autoconvocatoria de estos movimientos consigue apelar a la ciudadanía en su conjunto sin ser reconducible a una identidad o a un liderazgo definido, que ahora es fluido y que se distribuye entre todas.

Estas movilizaciones trascienden las formas tradicionales de organización y se articulan y desarrollan en forma de red. Internet abre un nuevo ámbito desterritorializado de comunicación y organización basado en la inteligencia colectiva, el cual favorece la creación y proliferación de momentos y lugares de encuentro entre personas. Quien ve en la red la solución estratégica a los problemas políticos que tenemos enfrente, confundiendo los medios con el fin, obvia la importancia de la materialidad de las relaciones sociales. Las herramientas tecnopolíticas no pueden prescindir de la micro-politización distribuida del tejido social.

A pesar de las novedades que han aportado estas luchas interconectadas, reconocemos en ellas unos importantes límites estratégicos: ocupar las plazas es importante para permitir que los cuerpos en lucha se encuentren y para dar visibilidad a un problema, pero esto no es suficiente para aproximarse a su solución. Las ocupaciones de espacios urbanos, las acampadas, son útiles solo si se convierten en lugares de agregación y en centros logísticos para organizar e impulsar dinámicas de conflicto en la ciudad.

Creemos que es necesario un esfuerzo de coordinación para bloquear la economía y encontrar la forma de conseguir que las demandas de #Dignidad surgidas desde los movimientos sociales sean efectivas. Proponemos como ejemplo la coordinación de diferentes acciones que se pueden practicar simultáneamente para que el miedo cambie de bando:

  • Bloqueo simultáneo de autopistas y vías principales de tránsito
  • Bloqueo simultáneo de la red de metro y del transporte urbano
  • Bloqueo de enclaves logísticos importantes
  • Bloqueo y ocupación de sucursales bancarias y oficinas estatales
  • Ocupación de edificios propiedad de bancos, ayuntamiento y del 1%
  • Ocupación de las universidades y autoformación
  • Reapropiación en supermercados y grandes empresas
  • Hackeo de webs del gobierno y otras instituciones
  • Escraches a políticos e instituciones

Este catálogo de acciones, que no pretende ni mucho menos ser exhaustivo, se propone como una invitación al desborde y como un primer paso hacia una #HuelgaSocial indefinida que golpee el sistema con acciones de desobediencia y bloqueo distribuidas y sincronizadas.

 

El 15M nunca fue un actor, sino una forma de actuar

Artículo del Comité Disperso publicado en el nº 306-307 de El Viejo Topo en Julio de 2013.

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El 15M nunca fue un actor, sino una forma de actuar, es a partir de esta constatación que uno de los lemas que han circulado este año alrededor de su segundo aniversario ha sido “no hemos vuelto, porque nunca nos hemos ido”. El método 15M empezado en 2011 en las redes sociales hoy asume un carácter general, en el estado español como en Turquía las luchas se difunden en la resonancia de las redes sociales. No podemos negar la complejidad del asunto, a lo largo de dos años muchas organizaciones previas al 15M han aprendido a utilizar el lenguaje y las herramientas del movimiento creando híbridos que tal vez a veces han debilitado y otras veces han mantenido actual esta forma de actuar. En particular, la izquierda política en crisis que a lo largo de estos dos años ha revitalizado su discurso gracias al 15M hoy sólo podrá avanzar si está a la altura de volver a “las plazas” sin banderas para devenir un movimiento difuso y plural.

Después de dos años, empezamos a tomar una perspectiva sobre que fue, que es y hacia donde va el 15M. En el análisis de la deriva del movimiento es inevitable pensar qué hemos hecho durante este tiempo y qué ha cambiado. Los primero es reconocer ciertas victorias, unos objetivos iniciales cumplidos de sobra, como eran la movilización y el despertar político de una sociedad adormecida. Pero más allá de la politización es necesario también reconocer pequeños logros concretos, la suma de los cuales implican uno mayor: la progresiva instauración de un nuevo paradigma en el cual la cultura de la transición está siendo puesta al descubierto y superada, y la asimilación de unas nuevas formas de hacer en lo colectivo y en lo personal que se oponen al modelo en el que la sociedad española estaba instalada.

El 15M es difícilmente definible, en tanto que es una manera de actuar en continua reconfiguración. Partiendo de esa premisa, podemos decir que la fase por la que atraviesa ahora el movimiento es otra, que no corresponde a la fotografía de las plazas en 2011, sino que ha evolucionado tanto en objetivos, en maneras de hacer como en formas de organización. Estos tres aspectos del 15M en su momento presente tienen en común los conceptos de irrepresentabilidad, auto-organización y autonomía.

Tras dos años, los objetivos han cambiado debido a la superación de los objetivos iniciales. Durante este tiempo el 15M ha atravesado diversas fases, desde la inicial de movilización, a la protesta más organizada, la construcción de unas demandas colectivas y la apelación directa a las instituciones para que tomen en cuenta esas demandas. En todo este proceso se ha construido una legitimidad social que hace incuestionables las reivindicaciones del movimiento y que desarma las críticas sobre su ausencia de propuestas. Pero en esta fase también hemos podido constatar que simplemente pedir un cambio no conlleva que éste se produzca, por eso los objetivos ahora son diferentes. Ya no se trata de crear opinión publica, despertar conciencias, movilizar o hacer demandas. Todo eso ya se hizo, como un primer paso necesario -fue el objetivo inicial de la convocatoria del 15 de mayo de 2011-, sin embargo ahora es necesario ir más allá porque no es suficiente con hacer demandas justas y protestar.

El problema no es que no se pueda, sino que no quieren. Es una cuestión de voluntad política.

Esto nos lleva a las nuevas maneras de hacer, que ya no es apenas reactiva sino que implica construcción de realidad. Asumiendo que nuestras demandas son innegociables, ha llegado el momento de actuar no sólo de forma simbólica sino con prácticas concretas.

Estas maneras de hacer implican descartar la conquista del Estado, porque el Estado, el poder, en el sentido clásico es inconquistable, y porque la lucha por el poder del Estado, en sí misma, es una forma de reproducir el poder, es caer la trampa de la representación y volver a ceder la capacidad de decidir y actuar. El cambio de verdad se genera en los márgenes y en las grietas, autónomamente de las estructuras del estado.

Las nuevas maneras implican construir cambio real, que ataque los poderes sin entrar en su terreno, sino desbordándolo. Rechaza la mediación externa, como partidos y sindicatos, para trabajar con madurez, sabiendo bien lo que queremos y decidiendo cómo hacerlo realidad, pero no deniega la colaboración cuando las estructuras estén a disposición de las necesidades del movimiento.

El 15M 2011 abrió una grieta para volver a hablar de democracia cuestionando la función de nuestros gobiernos. Los partidos y los sindicatos han sido los elementos críticos que este movimiento individuó como ineficaces e inadaptados para cumplir sus funciones. Entonces, una regeneración del movimiento podría  empezar por atacar sus instituciones a partir de aquellas que pusieron  las bases para la conquista de los derechos de la clase obrera, el  derecho a sindicato y la huelga. Sindicato y huelga han sido en el fordismo las conquistas de las luchas obreras, de genero, de raza, etc. que ofrecieron la posibilidad de negociación  entre capital y trabajo. Hoy este pacto salta, igualmente que la  fabrica hoy no representa el lugar central de la producción, mas bien el  del capital financiero. Siendo imposible hoy un nuevo New Deal como colchón para la reproducción de la fuerza de trabajo de la fabrica, un reto teórico-político sería  traducir lo que el sindicato y la huelga han sido durante el fordismo  para declinarlo al presente. Si la fabrica se extiende a toda la sociedad en su conjunto entonces las herramientas tradicionales resultan  insuficientes. Como la democracia representativa y el dispositivo constitucional fueron los  objetos de la critica del 15M, la critica de sus instituciones puede ser  una lanzadera para abrir un proceso constituyente. Transformar la huelga en una toma de posición subjetiva significaría atacar en la dispersión para construir empoderamiento social para la creación de nuevas instituciones  democráticas comunes que distribuyan la riqueza producida hacia toda la sociedad.

En cuanto a estructura del movimiento o forma de organizarse, después de la confluencia en las plazas, ha habido una progresiva dispersión, que ha facilitado una gran capacidad de actuación del movimiento en diferentes puntos, ámbitos y maneras. Hasta las instituciones han intuido la relevancia de la dispersión para seguir justificando la necesidad de una estructura central que sea capaz de actuar como interlocutora o que, gracias a su solidez, garantice la estabilidad a través de una coordinadora central del movimiento. Ni una ni otra son necesarias ni deseables. Puesto que las demandas son innegociables es innecesaria la interlocución. Y no es deseable porque representa jugar en terreno enemigo y someterse a sus reglas del juego. La dispersión como estructura es mucho más efectiva y genera más cambio que una coordinación centralizada, eso lo ha demostrado la propia experiencia de estos dos años, por tanto no es deseable esa conglomeración, sino mas bien lo contrario: autonomía de los grupos, autoorganización y comunicación fluida para juntarnos sólo en los momentos necesarios.

Han habido intentos de reorganización del movimiento que pretendían  combatir dicha dispersión estructurando una lucha coordinada a través de la centralidad de unaorganización. Estos intentos de rearticulación se han revelado siempre poco operativos, anclados en superestructuras sin capacidad de transformación ni respuesta rápida, que además implican la  jerarquización y la representación dentro del propio movimiento. El futuro del 15M pasa por ser capaz de reconocer en la dispersión una nueva forma de organización más sostenible, gracias a la creciente autonomía de la producción de la riqueza que favorece la capacidad de  autoorganizarse y crear nuevas formas de vivir y de habitar.

Organizarse en la dispersión posibilita la creación de nuevas maneras de hacer en todos los contextos, una renovación en las ideas y en las prácticas. Oponiéndose al sentido común que delega en la “clase política” los cambios deseados enmarcados dentro del derecho y de la constitución,  la campaña de logros15M propone un mapeo de experiencias de lucha que sirva para visibilizar que la lucha autónoma a cualquier escala, aunque sea pequeña, puede influir mucho en la realidad cotidiana de muchas personas. Prácticas que suponen un hackeo al sistema, que dan solución a problemas cotidianos, que vertebran redes de apoyo y posibilitan la multiplicación y amplificación de estas luchas en diferentes territorios.

Un horizonte posible para renovar el 15M podría ser la magnitud de su traducción articulando la relación entre la micropolitica y el plano molar  a través de una herramienta practico-teóretica que pueda cruzar los diferentes planos que constituyen las bases de nuestra sociedad. Por eso Europa, no desde el punto de vista de los 27 estados miembros mas bien desde el punto de vista continental, puede ser el campo donde empezar a trabajar en este sentido. Europa es un territorio físico y conceptual que por extensión y por facilidad de comunicación en espacios heterogéneos puede ser una clave para dotar el movimiento de una capacidad mas amplia de intervención política. No es algo nuevo que el movimiento apunte hacia la transnacionalidad, esta idea estuvo presente desde incluso antes del 15M en la propia gestación del movimiento y tuvo un primer momento en el 15 de octubre de 2011, fecha la que se vuelve a apuntar como próxima cita para una huelga social.

 

De Maio global a Outubro da mudança

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O 15M de 2013 não é só um aniversário, é um período de luta intensa, descentralziada, com ações em diferentes lugares.

É uma data para recuperar a dimensão inclusiva e generalizada das lutas contra a Troika e contra as políticas de austeridade responsáveis pelo genocídio financeiro.

Ao fim de dois anos atravessámos a fase do protesto e da construção de algumas reivindicações, e temos vindo a apelar à classe política para que tome em consideração estas reivindicações através de diferentes actuações: recolhendo assinaturas, ocupando praças, manifestando-nos massivamente, praticando a desobediência civil, etc.

Foram todas etapas importantes para construir uma legitimidade social, porque entendemos que as nossas exigências são inegociáveis e que simplesmente pedir uma mudança não conduz a que esta se produza efectivamente.

Uma vez definidas as propostas, e depois de algumas terem mesmo chegado ao seio das instituições mas continuem a ser ignoradas, é a hora de atacar a corrupção e o capitalismo financeiro não apenas de forma simbólica mas também de um modo material através de práticas concretas. Por isso não é simplesmente uma data com uma manifestação, mas antes todo um mês cheio de ações que atacam os responsáveis diretos da crescente precariedade e da perca de direitos que temos vindo a sofrer. E por isso, este Maio Global propõe-se como um escrache” do sistema para pressionar e tornar visível que o problema não é que não se possa, mas antes que não querem. Que é afinal uma questão de vontade política.

Como sempre, este será um 15M sem siglas nem bandeiras, à margem dos partidos, sindicatos e de qualquer forma de representação; que gere consenso dentro de diferentes sectores sociais. Um maio global que ultrapassa os limites do movimento para construir um espaço de luta de toda a sociedade.

Entendemos este 15M como mais uma etapa no quadro do processo constituinte que produza a maudança social que temos vindo a exigir desde há algum tempo. Este processo não compreende fronteiras e apela a um reconhecimento pleno de todas as pessoas para construir uma cidadania universal. Na construção de este Maio de luta se somaram outros países: Portugal, Itália, Eslovénia, Austria, Alemanha, França, Chipre, Ingalterra e Grécia também programaram ações contra as políticas da Troika, revelando a dimensão transnacional da mobilização e dos poderes.

Esta Primavera acenderá a chama que nos levará a um Outono europeu que já se está a organizar através de encontros e redes, um Outono que significará subir mais um degrau na construção de um processo constituinte e abrir para uma nova fase de luta conjunta para produzir a mudança.

Os direitos não se pedem, tomam-se. Resgatamos pessoas, não bancos.

Dal maggio globale all’ottobre del cambio

Il 15M 2013 non è solo un anniversario, è un periodo di lotta intensa, decentralizzata, con azioni in differenti luoghi.

È una data per recuperare la dimensione inclusiva e generalizzata delle lotte contro la troika e le politiche di austerità responsabili del” genocidio finanziario”.

Dopo due anni abbiamo attraversato la fase della protesta e della costruzione di alcune domande, abbiamo fatto appello alla classe politica affinché potesse prendere in considerazione le nostre domande con differenti interventi: raccogliendo firme, occupando piazze, con manifestazioni moltitudinarie, praticando la disobbedienza civile, etc.

Sono state tutte tappe importanti per la costruzione di una leggitimità sociale perchè ci rendiamo conto che le nostre domande sono innegoziabili e che chiedere semplicemente un cambio non comporta che quest’ultimo si produca.

Una volta definite le proposte, nonostante che alcune incluso siano arrivate nel seno delle istituzioni e tuttavia restino ignorate, è ora di attaccare la corruzione e il capitalismo finanziario non solo in forma simbolica ma anche in maniera materiale attraverso pratiche concrete. Per questo non si tratta semplicemente di una data di una manifestazione ma di un mese intero pieno di azioni che attacchino i diretti responsabili della precarietà crescente e della perdita dei diritti. Per questo questo maggio globale viene proposto come un escrache al sistema per pressionare e rendere visibile que un cambio è possibile ma che non lo vogliono permettere. Che si tratta di un problema di volontà politica.

Come sempre, questo 15M sarà senza sigle ne bandiere, aldilà dei partiti e dei sindacati e di qualsiasi altra forma di rappresentanza, che sia capace di generare consenso dentro dei differenti settori della società. Un maggio globale che superi i limiti del movimento per costruire uno spazio di lotta di tutta la società.

Intendiamo questo 15M come una tappa in più all’interno di un processo costituente che produca il cambio sociale che stiamo chiedendo da tempo. Questo processo non conosce confini e appella a un riconoscimento pieno di tutte le persone per costruire una cittadinanza universale. Nella costruzione di questo maggio si sono sommati anche altri paesi. Anche Portogallo, Italia, Slovenia, Austria, Germania, Francia, Cipro, Inghilterra e Grecia haano programmato azioni contro le politiche della troika, rivelando la dimensione transnazionale del potere e delle lotte contro l’austerità.

Questa primavera si accende la miccia che arriverà ad un autunno europeo che si sta giá organizzando attraverso incontri e reti, che significherà salire un gradino in piú per la costruzione di un processo costituente, di una nuova fase di lotte comuni per produrre il cambio.

I DIRITTI NON SI CHIEDONO, SI PRENDONO. RISCATTIAMO PERSONE, NON LE BANCHE.

Del maig global a l’octubre del canvi

El 15M 2013 no és només un aniversari, és un període de lluita intensa, descentralitzada, amb accions en diferents llocs.

És una data per recuperar la dimensió inclusiva i generalitzada de les lluites contra la troika i les polítiques d’austeritat responsables del genocidi financer.

Després de dos anys hem travessat la fase de la protesta i de la construcció d’unes demandes, i hem apel·lat a la classe política perquè prengui en consideració aquestes demandes mitjançant diferents actuacions: recollint signatures, ocupant les places, manifestant-nos massivament, practicant la desobediència civil, etc.

Han estat totes etapes importants per construir una legitimitat social, perquè entenem que les nostres demandes són innegociables i que simplement demanar un canvi no comporta que aquest es produeixi.

Un cop definides les propostes, després que algunes fins i tot hagin arribat al si de les institucions i segueixin sent ignorades, és l’hora d’atacar la corrupció i el capitalisme financer no només de forma simbòlica sinó de manera material mitjançant pràctiques concretes. Per això no és simplement una data amb una manifestació, sinó tot un mes ple d’accions que ataquen als responsables directes de la creixent precarietat i pèrdua de drets que venim patint. I per això aquest Maig Global es proposa com un escrache al sistema per pressionar i fer visible que el problema no és que no es pugui, sinó que no volen. Que és una qüestió de voluntat política.

Com sempre, aquest serà un 15M sense sigles ni banderes, al marge de partits, sindicats i qualsevol forma de representació; que generi consens dins de diferents sectors socials. Un maig global que sobrepassa els límits del moviment per construir un espai de lluita de tota la societat.

Entenem aquest 15M com una etapa més dins d’un procés constituent que produeixi el canvi social que venim demandant des de fa temps. Aquest procés no entén de fronteres i apel·la a un reconeixement ple de totes les persones per construir una ciutadania universal. A la construcció d’aquest maig de lluita s’hi han sumat altres països: Portugal, Itàlia, Eslovènia, Àustria, Alemanya, França, Xipre, Anglaterra i Grècia també han programat accions contra les polítiques de la troika, revelant la dimensió transnacional de la mobilització i dels poders.

Aquesta primavera s’encén la metxa que ens portarà a una tardor europea que ja s’està organitzant a través de trobades i xarxes, una tardor que significarà pujar un graó més en la construcció d’un procés constituent i obrir una nova fase de lluita conjunta per produir el canvi.

Els drets no es demanen, es prenen. Rescatem persones, no bancs.

From global may to the october of change

May 15th 2013 is not only an anniversary, it is a period of intense, decentralized fight with actions all around.

It is a date to recover the inclusive and generalized dimension of the fights against the Troika and the austerity measures, responsible for the financial genocide.
After two years, we have been through the phases of protest and building of some demands, and we have appealed to the political class to consider our demands by means of different actions: signature collecting, massive demonstrations, civil disobedience, etc.

All of them were important phases to construct a social legitimacy, because we think that our demands are not negotiable and that just asking for a change doesn’t make it happen.

Once the proposals are defined, with some of them even reaching the institutions and still being ignored, it is time to attack corruption and financial capitalism, and not only in a symbolic but also in a material way through concrete practises. That is why it is not only a date with a demonstration, but also a whole month of action against the direct responsibles of the growing precariety and loss of rights that we are suffering. For this reason, this Global May is being proposed as an escrache to lobby the system and to show that it is not a problem of not being able to, but rather of not wanting to. It is a matter of political will.

As always, this will be a May 15th independently of acronyms, political parties, trade unions or any other form of representation; one that generates consensus among the different social sectors. A Global May that goes beyond the limits of the movement to create an space of struggle for the whole society.
We see this May 15th as one step further in the constituent process that would produce the social change that we’ve been demanding for a long time.

This process doesn’t know about borders and calls to a full recognition of all the people so as to construct a universal citizenship. The development of this May of struggle has seen other countries join: Portugal, Italy, Slovenia, Austria, Germany, France, Cypruss, England and Greece have also scheduled actions against the politics of the Troika, revealing the transnational dimension of the mobilization and the powers.

This spring will light the fuse that will lead us to a European Autumn that is already being organized through meetings and networks, and that will mean taking a step further in the construction of a constituent process and a new phase of common fight to produce a change.

Don’t ask for your rights, take them. Let’s rescue people, not banks.