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Cataluña como laboratorio político

por Santiago López Petit

Finalmente el Régimen del 78 tampoco ha muerto esta vez. Las luchas obreras autónomas de los setenta fueron derrotadas con muertos y mediante los Pactos de la Moncloa firmados por los mismos sindicatos de clase. El movimiento del 15-M que elaboró una crítica radical de la representación política, se lo calló empleando como armas efectivas el ridículo y el aislamiento. La rebelión catalanista que, por unos momentos, ha parecido arañar los fundamentos del Régimen, también ha sido derrotada. En realidad, este tercer intento no ha tenido eco en España donde ha predominado la perplejidad cuando no lo ha hecho una total incomprensión. El llamamiento al orden mediante la aplicación del artículo 155, ha bloqueado todo intento de cambio. El presidente Rajoy lo ha afirmado con su habitual capacidad argumentativa: “El Estado se defiende de los ataques de quienes lo quieren destruir”. Y ha añadido la pequeña puntualización que el artículo 155, aunque un día deje de aplicarse, nunca dejará de funcionar. Es el que se denomina “Hacer cumplir la Ley”. El aviso es inequívoco. La represión y la humillación contra la Cataluña que ha pretendido rebelarse serán grandes.

Pocas veces ha sido tan evidente que la defensa de la Ley (con mayúscula) suponía una declaración de guerra. Esto es una cosa que los juristas tertulianos tan presentes actualmente en los medios difícilmente pueden llegar a entender. La ley es una correlación de fuerzas. Ha ganado Foucault por goleada ante los Habermas y compañía. Un amigo jurista me dijo un día: “Pues si así son las cosas, ya podemos plegar”. El poder es, siempre y en última instancia, poder matar; el Estado de Derecho sirve para encubrirlo. Usualmente, y para afirmar lo mismo aunque de manera más sofisticada, se habla que el Estado posee el “monopolio de la violencia física legítima”. Esta verdad del Estado de Derecho es con la que se toparon los miembros del gobierno catalán. Cuando uno de ellos afirma que la Generalitat no estaba preparada para desarrollar la República “haciendo frente a un Estado autoritario sin límites para aplicar la violencia”. O cuando el portavoz de los republicanos nos dice que: “Ante las pruebas claras que esta violencia podría llegar a producirse, decidimos no traspasar esta línea roja” y acaba con una confesión estremecedora : “Nunca quisimos poner en riesgo a los ciudadanos de Cataluña”. La respuesta es de acuerdo. Muchas gracias. A nadie le gusta morir. Pero aquí hay gato encerrado. Dicho con otras palabras: ¿los miembros del Gobierno son unos ingenuos o son unos ineptos?

Spinoza tiene en su Ética una frase que se ha hecho muy conocida: “No sabemos lo que puede un cuerpo”. Sustituir “cuerpo” por “Estado” es útil para explicar los hechos. El gobierno no sabía qué puede hacer realmente un Estado. Pero el gobierno quería construir un Estado propio ¿verdad? Nadie puede negarles experiencia. Incluso una persona perdió un ojo debido a una bala de goma. Digámoslo claramente: lo que no creían es que la represión del Estado español pudiera llegar a la que denominan la “buena gente”. A los radicales sí… pero a personas pacíficas y cívicas! Es lo que el Consejero de Sanidad reconoce cuando asegura que “la hoja de ruta de Junts pel Sí no tuvo en cuenta la violencia del Estado”.
Efectivamente el gobierno acabó siendo un gobierno posmoderno. Prisionero de su propio aparato de comunicación, creaba la realidad, y la misma realidad retroalimentaba un aparato que veía así confirmada su apuesta.

La participación masiva en tantas efemérides no permitía ninguna duda y el camino hacia la independencia parecía abierto. Hasta que la crueldad y el sadismo de la maquinaria jurídico-represiva del Estado español ahogó en lágrimas el anhelo de libertad de algunos e hizo nacer una rabia inmensa en muchos. ¿Baño de realidad? Depende de para quien. Para el gobierno, ciertamente. Dentro de su burbuja autocomplaciente no podía comprender el asalto que se ponía en marcha y el desconcierto empezó a abrumarlos. Fueron incapaces de reaccionar ante dos hechos fundamentales: la fuga de empresas, que es una de las expresiones actuales de la lucha de clases, y la presencia de otra Cataluña que también expresa la lucha de clases aunque a menudo de una manera perversa. Fue, pero, la extraña proclamación de la DUI (Declaración Unilateral de Independencia), el acontecimiento que acabó por convertir al gobierno en un auténtico gobierno posmoderno obligado a emplear un lenguaje teológico para poder salvarse. Por esta razón la DUI tuvo un carácter inefable: ¿realidad o ficción?

Dejemos de lado las peripecias concretas (secretismo, aplazamientos, desaparición del gobierno, etc.). A partir del momento en que aparece la represión brutal del Estado Español, el único objetivo de los partidos independentistas se reduce a pensar la acción política exclusivamente en función de sus efectos penales. Seguramente es correcto actuar así. No queremos mártires y hay que evitar la prisión siempre que se pueda. A pesar de todo, surge una sombra de duda. Cuando una convicción, es decir, una verdad política, no se defiende hasta las últimas consecuencias por las razones que sean: ¿esta verdad se ve de alguna manera afectada en ella misma? Pongo un ejemplo. Cuando Galileo jura ante sus jueces y admite que la Tierra no gira alrededor del Sol, la verdad científica no se ve en absoluto afectada por su decisión. En cambio si la presidenta del Parlamento no va a la manifestación por la libertad de sus compañeros -porque así se lo aconseja su abogado- a pesar de no existir ninguna condición judicial explícita: ¿su retracción tiene el mismo valor que en el caso anterior? Se podrían traer a colación otros ejemplos de esta estrategia “preventiva” que va desde aceptar pagar multas elevadísimas hasta refugiarse en frases ambiguas. El problema es hasta qué punto una estrategia de este tipo no contamina finalmente el mismo discurso, y lo debilita al extender una sensación de confusión. El gobierno español y sus adlátares han aprovechado enseguida la ocasión para hablar de cobardía y de engaño. El gobierno catalán nos habría engañado a todos los catalanes y a todas las catalanas.

No hay que perder mucho tiempo a denunciar el cinismo asqueroso de quien ataca y después reprocha al atacado la falta de valentía. Vamos al esencial. No. No fuimos engañados. El gobierno, en cambio, sí que se va autoengañar. Creyó en la política. Se obstinó a jugar a ver quién era lo más demócrata cuando la democracia no existe. Existe aquello democrático. Aquello democrático es la forma como hoy el poder ejerce su dominio. Tiene dos caras: estado-guerra y fascismo posmoderno, heteronomia y autonomía, control y autocontrol. El diálogo y la tolerancia remiten a una pretensa dimensión horizontal. La existencia de un enemigo interior / exterior a eliminar, remite a una dimensión vertical. “Aquello democrático” vacía el espacio público de conflictividad, lo neutraliza política y militarmente. Aquéllo democrático es esta Europa, auténtico club de estados asesinos, que externaliza las fronteras para no ver el horror. No hubo fracaso de la política como a los bienpensantes les gusta decir ahora. La política democrática consiste en callar y acallar las disonancias que podrían amenazar la orden. El gobierno catalán incapaz de entender el funcionamiento real de aquello democrático, se vió abocado a un camino lleno de incoherencias. Por eso es de agradecer la honestidad de Clara Ponsatí cuando desde el exilio se atrevió a decir: “No estábamos preparados para dar continuidad política a lo que hizo el pueblo de Cataluña el 1-O”. Fue muy atacada, pero afirmó la verdad inevitable: el Gobierno no supo estar a la altura del coraje y de la dignidad de la gente que puso sus cuerpos para defender un espacio de libertad. Por supuesto, sin sacralizar las urnas, es evidente que lo que pasó aquel día marca un antes y un después. Pero ¿qué sucedió exactamente?

Por unos momentos la política con su juego de mayorías, con sus correlaciones de fuerza, etc. quedó relegada, y lo que tuvo lugar fue un auténtico desafío colectivo. Un desafío que se prolongó en la impresionante manifestación del 3 de octubre para rechazar la represión. Es difícil analizar la fuerza política inmensa, y a la vez, escondida que había en esta manifestación. Allá empezó a formarse un sujeto colectivo que desbordaba el paralizante “un solo pueblo”. ¿Cómo podemos denominar a este sujeto político? Eran unas singularidades que, habiendo dejado el miedo en casa, no estaban dispuestas a claudicar fácilmente. Un pueblo que estalla en miles de cabezas capaces de expulsar a los fascistas infiltrados con exquisita violencia. La sospecha que toma más fuerza es si el miedo del gobierno, no era tanto en cuanto a la acción del Estado, como respecto al que esta gente un día pudiera llegar a hacer. Gente que era una amalgama entre la irreducible consistencia del catalanismo popular y el malestar social existente. Por eso, resultan empalagosos tantos llamamientos al civismo, a la buena gente, y a las sonrisas en unos momentos de represión desbocada. Me sabe mal. Cuando siento la palabra “civismo” pienso automáticamente en las normativas cívicas que sirven para limpiar el espacio público de residuos sociales de todo tipos.

Sorprende, después de todo lo que ha pasado, la facilidad con que los partidos políticos independentistas han aceptado una convocatoria de elecciones directamente impuesta. Sorprende esta rápida adaptación a un nuevo escenario a pesar de existir presos políticos. El planteamiento es bastante ilusorio: las elecciones son ilegítimas pero con nuestra elevada participación conseguiremos legitimarlas (y, por lo tanto, legitimarnos ante el mundo). El discurso independentista o bien se hace necesariamente autocontradictorio, o bien tiene que aceptar explícitamente una renuncia a la independencia. “Seremos independientes si somos perseverantes y conseguimos una mayoría. ¿Cuándo? No lo sabemos. Antes de independentistas somos demócratas. Y antes de demócratas, somos buena gente”, asegura un importante político republicano.

¿Y si probáramos a ser, por una vez, “malos” y, en vez de aspirar a ser un país normal con su pequeño estado, quisiéramos ser una anomalía que no encaja? Liberar Cataluña de este horizonte independentista que siempre acaba por ahogarla -puesto que todo horizonte siempre encadena- quizás podría abrir una vía inédita. En una anomalía hacia todo el que el catalanismo hegemónico ocultaba. Desde la fuerza del dolor de la Cataluña interior pobre, hasta los silencios de las periferias. Nos querían presentables ante una Europa que, sin embargo, mira hacia otro lado. Por qué emperrarse a ser presentables? Los partidos políticos de cualquier color corren apresurados hacia las subvenciones. Pero ante estas elecciones impuestas, había la posibilidad de sabotear con una abstención masiva y organizada. Empezar a desocupar el Estado español, y extender la ingovernabilitad de la autoorganización. ¿También en España? Cataluña como esta anomalía irreducible que escapa, mientras en su fuga ensaya otras formas de vida.

El laboratorio político “Cataluña” momentáneamente se cierra. Esto está claro. Cuando aquello democrático es el marco de lo pensable y el que está permitido vivir: ¡qué difícil es cambiar algo! Desde una lógica de Estado (y de deseo de Estado) nunca se podrá cambiar la sociedad. Pero el que se ha vivido, el atrevimiento de transgredir juntos, la fuerza colectiva de un país que nadie puede representar y la alegría de resistir … No se olvidan nunca. La dignidad y la coherencia no se negocian.

Fuente: Crític

Vencer a la desafección

En los tiempos de la gobernanza neoliberal la democracia se reduce a una simple formalidad para la aplicación de medidas al servicio de organismos supranacionales como, por ejemplo, el FMI, el Banco Central Europeo, la Comisión Europea o el Eurogrupo. Lo que importa no es quien gobierna, lo ha confirmado el referendum griego de julio 2015 y lo confirma la mitad de la población del Estado español que no ha asistido a la cita electoral y ha preferido quedarse en casa o dedicarse a otra cosa – y también parcialmente la victoria del primer partido ganador de las dos últimas elecciones. Hoy quien no vota expresa el mismo rechazo que quien vota en contra, para nosotras éticamente hablando es lo mismo. Es más que evidente que la desafección no es, en sí, una amenaza para las clases dominantes. Prefieren democracias reducidas a la expresión de una pluralidad manejable de voces contrapuestas. Antes el voto se planteaba como sustituto de la lucha en los movimientos sociales. Hoy, con las calles prácticamente vacías, es una expresión del rechazo como otra.

No pretendemos dar explicaciones del porqué ha vuelto a ganar el verdadero partido de “clase”. Para nosotras, lo necesario es prepararse para lo que viene. Existe una distancia creciente entre la clase media con miedo al empobrecimiento y la clase pobre. Estos días, las redes sociales arden con expresiones de frustración alienada y autodestructiva. Frases como “país de mierda lleno de subnormales” o “somos unos pringaos ignorantes” que nos recuerdan a los apodos que se les ha dado a los votantes que apoyaron el Brexit en Inglaterra, que se articulan sobre la creencia en una clase iluminada y una plebe irracional incapaz de discutir civilizadamente los argumentos expuestos en los hilos de Facebook y los artículos publicados en los medios digitales progresistas.

Hoy más que nunca, en cada comicio europeo, asistimos a la multiplicación de las valoraciones morales de quien no se ve reflejado en la opción mayoritaria. La soberbia de algunos comentarios aumentan el aislamiento, relegando la alienación que acompaña a la pobreza a ocupar un lugar oscuro, donde fácilmente encuentra refugio en la alucinación colectiva del nacionalismo o incluso del odio. Desde esa oscuridad, el miedo a un ataque desde el exterior empuja hacia el nacional-socialismo, como está sucediendo en varios países del este de Europa, en Grecia o en Francia antes de las extraordinarias movilizaciones contra la Loi Travail et son monde.

No es casual que en la política contemporánea, donde los procesos de integración alejan los centros de control directo de las decisiones políticas de los votantes, las instancias soberanistas y referendarias se unan a las nacionalistas, como si para reclamar la soberanía “usurpada” fuera necesario ejercerla inmediatamente y volver a establecer el límite natural, el del Estado. Esta dinámica, que todavía está emergiendo en casi todas partes como una solución de compromiso entre la democracia y la integración, es especialmente explosiva en Europa no porque las instituciones europeas sean burocráticas e ineficientes, sino debido a que pretenden representar una forma de unión política supranacional. Quienes lamentan este déficit democrático de la UE son los federalistas, por lo que no puede haber una verdadera política común sin una soberanía común. Los nacionalistas, en su lugar, acusan a Bruselas exactamente de lo contrario: de transformar la UE en un superestado artificial, que los procesos (en realidad intermitentes) de integración política e institucional constituyen una amenaza para la libertad y la prosperidad de las naciones. Las dos posturas son los dos reflejos del mismo espejismo.

Entonces ni el Estado capitalista del libre mercado y la propiedad privada, ni el Estado socialista y el monopolio de la propiedad pública de un pasado que afortunadamente no volverá, ni tampoco el de otras ideologías producidas como reacción a la supuesta ausencia de democracia como el independentismo “a prescindir”: las tres opciones son proyectos institucionales al servicio de la propiedad mediante la expropiación y la explotación de lo común. No estamos en contra de la independencia por estar en contra de la liberación de los pueblos oprimidos, sino porque no existen las condiciones materiales objetivas para producir una independencia política en este contexto. Tampoco se trata de estar o no en el euro o la UE, a pesar de que ninguna de estas decisiones pueden ser tomadas por vías democráticas o plebiscitarias. Si hay capitalismo no hay independencia y si queremos independencia hay que deshacerse del capitalismo.

Dejemos de quejarnos de la gente, de lo que hace o de lo que deja de hacer. Aunque resulte cómodo – incluso terapéutico – atribuir la responsabilidad a la composición social, no deja de ser efímero cuando no, contraproducente. Identifiquemos nuestras insuficiencias y asumamos nuestros límites. Habrá que repensar lo que abrió el 15M como un desbordamiento de la sociedad no traducible en la lógica de los partidos políticos, ni en la tristeza de un espectáculo forzado y la simplificación por defecto de toda la complejidad social. Pensemos cómo sonreír juntas de verdad, no para las cámaras de los platós de televisión, ni por la ridiculización de un líder en las redes sociales. Aprendamos como interpelar a la realidad, tomémonos en serio finalmente nuestra alegría y nuestra capacidad de acción y organicémonos para volver a sentirnos más felices que en las plazas del 15M. Porque no hay alegría sin lucha y no hay lucha sin organización.

Antes del próximo rescate, saboteemos las instituciones que están al servicio de la Troika bloqueando la economía.

Por una nueva re/vuelta de la política

Cuando escribimos este texto no pensabamos que unos titiriteros podrían ser acusados de enaltecimiento del terrorismo por representar ironicamente la estigmatización que se hace desde arriba del los movimientos sociales asociandolos al terrorismo. La libertad de expresión bajo responsabilidad no es más que una operación de censura de estado. El ataque a los movimientos sociales no está dirigido sólo hacia las estructuras y a sus organizaciones como fue en el caso de la PAH, sino es una batalla cultural para la hegemonía y el mantenimiento de una mayoría. La debilidad de este posicionamiento es evidente a la hora de que hasta un espectaculo de titeres puede desestabilizar un gobierno, esto es suficientemente ilustrativo para imaginar lo que este gobierno puede hacer con respecto a las políticas de austeridad de la Troika. Quien habla de revolución democrática hoy no le queda nada mas que apelar a la buena voluntad de sus intenciones, la experiencia del referendum griego desvela su impotencia mientras que nadie ha asistido a algun cambio real. Los neodem pueden unicamente limitarse a señalar las insuficiencias de la nueva política apuntando a sus limites como si otro sujeto político pudiera obtener mejores resultados. En su lugar la situación nos pone frente a otra realidad, donde la política está cada vez mas espectacularizada y reducida a la pantomima de los medios de comunicación. Parafraseando a Mario Tronti “porque si la democracia es la opinión masificada, la libertad es la crítica de todo lo que es”, gracias al endurecimiento de las leyes y la censura asistimos a la represión sistematica de los movimientos sociales, por esto es mas que necesario poner nuestras energías dentro de las luchas, empujar el razonamiento hacia adelante para conquistar nuevos espacios de libertad.

  1. La crítica es tachada de terrorismo y los marcos políticos para fortalecernos son cada vez más estrechos, atrapados entre la legalidad y la “nueva política”.
  1. Las plazas del 15M abrieron una brecha en la política enteramente subsumida por las elecciones. Si medios y fines concurren de igual manera, las plazas han fracasado por volver a los barrios e intentar reformar la democracia en lugar de inventar otras formas de vida. Donde se han dado estructuras e insurrecciones en los barrios, que sí bien cambian la forma de vida de algunas y refuerzan la solidaridad y el apoyo mutuo, estas quedan insuficientes en cuanto a canalizar energías hacia cambios estructurales.
  1. Hay un conformismo de masas, hasta dentro de los propios movimientos. A partir de 2011 hemos pasado de una política expansiva hacia volver a la reproducción de cada espacio, en algunos casos en forma de asistencialismo, en otros en forma de partido.
  1. Los nuevos fascismos y la derecha están creciendo. En momentos de crisis los nacionalismos y el proteccionismo se vuelven la moneda de cambio de la inmovilización social y el miedo. En la dialéctica nacionalista se difumina cualquier posibilidad emancipadora porque falta el sujeto que tendría que protagonizar el supuesto cambio y el contexto sociopolìtico, el pueblo y la soberanía nacional, que en la sociedad globalizada ya no existe ni volverá a existir.
  1. Europa es un contenedor vacío, o más bien existen solo las instituciones del euro y sus infraestructuras irreformables. Las fronteras europeas definen el volumen de la fuerza de trabajo y sirven para controlar el movimiento de ella.
  1. El desempleo es la otra cara de la precariedad. A más desempleo corresponden peores condiciones de trabajo. La precariedad indica la imposibilidad de garantías de continuidad con cualquier situación laboral y la tendencia al empeoramiento de las condiciones de trabajo y de vida. En estas condiciones no es posible una vuelta al pleno empleo, ni tampoco pedir un subsidio de pobreza a las instituciones existentes. Si no existen reformas posibles para salir de la precariedad y de la pobreza, habrá que inventar nuevas formas de mutualismo.
  1. La tecnología cumple la función de sustituir las relaciones con su simulacro, constituye una herramienta para el control y la manipulación de nuestras vidas. A la vez ordenadores y smartphones componen un entramado con el cual tenemos que aprender de qué manera podemos utilizarlos para coordinarnos y encontrarnos. Sin aislarnos en el gueto del decrecimiento voluntario, el decrecimiento ya está en marcha, es generalizado y está impuesto desde arriba.
  1. Las fórmulas políticas que hemos utilizado hasta ahora no son suficientes, ni para sumar las simpatías y participación a la movilización ni para identificar el problema y atacarlo.
  1. Las ciudades son espacios a la venta transitables y regulados exclusivamente para el consumo y la especulación, todo lo que queda afuera de esta función mercantil supone una amenaza.
  1. Las ideologías y las narraciónes del siglo pasado forman un obstáculo y una lección, encerrarse en ellas crea un bloqueo a la acción. De cada experiencia y acontecimiento podemos aprender algo sin perder de vista donde estamos y nuestra historia.
  1. El ataque sistemático a los movimientos sociales es una estrategia que intenta someternos a la resignación o la aceptación de nuestras condiciones de vida. Nuestra tarea es la de reformular la manera de resistir y atacar, crear empoderamiento colectivo, construir una perspectiva revolucionaria.

 

 

La ilusión democrática

por Dario Lovaglio

Hace ya unos años que empezó a cuajar la idea de que el estado español era el laboratorio político del siglo XXI. Políticos, académicos, periodistas y activistas convenían en que un fenómeno como el 15M era la ruptura cultural que acabaría con el bipartidismo blindado de la constitución del 1978. La palabra ‘revolución’ fue evocada como un mantra de forma incesante, y su eco resonó por todo el mundo, pero de manera inversamente proporcional a su evocación, no vivimos ningún cambio radical sino un empeoramiento general de la realidad. Un discurso político populista basado en la recomposición de una clase media imaginaria ha sustituido a un análisis de las condiciones materiales de las relaciones sociales, por lo que sin un discurso que articule una organización de movimientos inclusivos sobre las transformaciones del capitalismo, la composición social y las correlaciones de fuerzas, muchas personas seguirán ilusionadas con los trending topics, la idea de una Europa que sólo existe en función de los intereses de la Troika y la esperanza en un retorno al socialismo.

Trending Topic
2011 inauguró un ciclo de luchas que coinciden con cambios culturales y económicos. Estos cambios y las letales condiciones laborales de corporaciones como Apple, Foxconn o Amazon, permitieron a una parte significativa de la población mundial poder comprar smartphones para conectarse a internet, y articular la organización de las nuevas luchas populares.
No pretendemos demonizar las redes sociales ni internet ya que pueden ser un medio para conseguir determinados objetivos, pero nunca un fin: el fin es invertir el poder capitalista, la distribución de la riqueza y la emancipación colectiva. Es necesario replantearse el uso de estas redes y la relación entre el lenguaje y la representación dada su intrínseca ambivalencia en los medios de comunicación de masas. Así por ejemplo, la radio retransmitió la propaganda de las dictaduras; la televisión y la prensa fueron la herramienta para la difusión del consumo masivo y la alfabetización de la clase obrera, e internet aporta la ilusión vendida a precios populares de una comunicación horizontal con determinados recintos y dispositivos de control.

El lenguaje no es autosuficiente para construir subjetivación. El lenguaje por sí mismo no puede sustituir ni crear una organización política, y en 140 caracteres aún menos: la construcción de lazos de confianza y solidaridad no se construyen sólo a través del lenguaje, es necesario construir espacios de encuentro autónomos donde el discurso esté vinculado a la acción política.
Resulta emocionante observar en las campañas de Twitter, cómo los hashtags se convierten rápidamente en trending topic, cómo ilusiona ver los lemas lanzados por la red hasta convertirse en cotidianos mainstream. Recientemente un grupo de investigadores en Barcelona trató de legitimar las teorías del contagio emocional en la red, con un estilo similar a la investigación que Facebook acaba de realizar, pero olvidó completamente las ambivalencias internas de la comunicación lingüística como por ejemplo la ironía… Aunque en realidad este proceso pasa necesariamente por un filtro que está relacionado por un lado con la propiedad del medio de comunicación, el canal de trasmisión y con el dispositivo de recepción porque existen unas correlaciones de fuerzas muy claras en la relación emisora-media-público. Nada será publicado fuera de los intereses de estos medios, a menos que los podamos ocupar y hacerlos nuestros.

Europa
Los países de la Unión Europea con fronteras en países no europeos son escenario de conflictos que demuestran que esta institución (la UE) defiende el dictado financiero de algunos de sus miembros a costa de la vida de las personas. En Ucrania hubo una guerra entre imperialismos mientras poco después en Ceuta unas veinte personas que querían cruzar la frontera fueron matadas por agentes de la Guardia Civil del estado español.
La Europa actual, gracias a la modificación de su constitución, ha dejado paso al neoliberalismo más salvaje para someter a los países miembros a políticas de austeridad para pagar los intereses de la deuda. Quien ha visto en la constitución de esta institución un campo de posibilidad para el desarrollo de las luchas ha cometido un doble error: por una parte, pensar que dentro de la dialéctica con el imperialismo democrático estadounidense cualquier institución más allá del estado fuese favorable para su propia superación y por otra, el de no considerar la importancia de que unos contrapoderes puedan romper con la perspectiva eurocéntrica de alguna manera. Por este motivo que la semana anterior a la fecha electoral, considerada como prioritaria en la agenda de un grupo europeísta radical, ha sido un fracaso completo. En el plan de la articulación política no ha conseguido construir ni organización ni movimiento (ni Trending Topic!), las correlaciones de fuerzas ha debilitado ulteriormente la posibilidad de organización de un movimiento autónomo transnacional relegando el protagonismo político a una minoría de intelectuales y activistas.

El desgaste de energías empleadas en la construcción de las campañas, en un apoyo político más o menos explícito a nuevos partidos, la burocratización de las organizaciones de movimiento han sido una causa de la descomposición y fragmentación de los discursos y de las organizaciones que, desde el ciclo de movimiento MayDay, habían ido más allá las fronteras europeas impulsando las luchas contra la precariedad y la necesidad de una distribución de la renta a escala global.

Democracia
La proliferación de formaciones electorales en el estado español es una manifestación de la distancia que separa a la izquierda del malestar social. La reutilización de palabras como “ilusión” o “esperanza” -la primera como proyección del deseo de la clase política, gente previamente politizada que participa ya dentro de colectivos u organizaciones- y la segunda como lo imprevisible de un proyecto político que trasciende la materialidad de las relaciones de explotación y las correlaciones de fuerza (lo que la autonomía italiana en los ’70 llamaba composición de clase). Se necesita hablar de un “nosotros” sesgado apelando a pertenencias identitarias como el de pueblo, patria, nación, etc. para defender esta postura. La construcción simbólico-discursiva se vuelve central respecto a la de la construcción de una subjetividad colectiva, por este motivo, para protagonizar este nuevo ciclo las caras más visibles son figuras mediáticas que a menudo encontramos en la televisión, el medio de comunicación de masas del poder constituido por excelencia. A la vez hay una profecía autocumplida de que las múltiples candidaturas vacíen las organizaciones de movimientos que serían necesarias como base para el respaldo de estas candidaturas animadas al grito de “si se puede”. Pero nadie considera que, en esta ilusión del pensamiento único de la (social) democracia, la abstención es una constante y que la híper-celebración de éxitos parciales sea el simple resultado de un trasvase interno entre vieja y nueva izquierda. Last but not least la temporalidad, en poco más de un año solo en Barcelona han nacido por lo menos cuatro partidos y/o agrupaciones con unos programas parecidos, que por cada cita electoral necesitan recomponer un tejido de alianzas y discursos que vuelvan a despertar la adicción a la ilusión de sus seguidores. Esta incapacidad de impulsar dinámicas que empoderen y respondan a las necesidades de las personas más afectadas por las políticas de austeridad, aumenta la distancia creciente entre profesionalismo político y la sociedad, hasta en su léxico y estilo de vida. Viviendo en la ilusión de creerse las futuras mayorías, se sirve a los intereses del mercado ya sea el del consumo, el laboral o electoral: la mayoría es el enemigo.

Nosotras
Hemos hablado del derecho a la ciudad en muchas ocasiones para señalar cómo el desarrollo capitalista se impone con violencia en la expulsión de los vecinos y generando espacios al servicio del negocio de unos pocos, aquellos que el movimiento Occupy llamó para simplificar, el 1%. Pero no sólo la ciudad neoliberal es el espacio de los intereses de lo privado, la administración controlada por la deuda y sometida al mando de las instituciones financieras también son parte de este desarrollo, un modelo que se pone como obstáculo no solo para los habitantes de la ciudad sino también para el progreso de la sociedad. Por un lado asistimos al desmantelamiento del tejido social para la construcción de mega eventos como las olimpiadas en Barcelona del 1992 o el mundial en Brasil, por el otro el decrecimiento, la privatización y la restricción al acceso de los servicios, la educación, la sanidad, el chantaje del empleo escaso y mayormente precario, la vivienda que, a pesar de la gran cantidad de vivienda vacía en todo el estado español, es un privilegio para unos pocos y el sacrificio de una vida para muchas otras. Desde México a Brasil con las luchas por el derecho a unos transportes asequibles, pasando por la plaza Taksim en Estambul y la lucha para bloquear la construcción de un centro comercial, la lucha en el barrio de Gamonal en Burgos para bloquear la construcción de un bulevar, la del barrio de Sants en Barcelona para parar el desalojo del centro social autogestionado Can Vies y la de la plataforma Aturem el Pla Paral·lel son síntomas de la misma resistencia al empobrecimiento generalizado para el beneficio de unos pocos y constituyen a la vez, la radicalidad de unas demandas innegociables de un cambio para un modelo de desarrollo y de ciudad orientado hacia todas las personas.
Por lo tanto impulsar unas estrategias que favorezcan la organización del conflicto en las ciudades significa también construir la posibilidad de atacar el enemigo desde múltiples direcciones e intensidades para derrotarlo. Sobre todo porque sabemos que no encontraremos el enemigo en el “Palacio de Invierno”, sino en todos los lugares donde nos han acostumbrado a la violencia cotidiana del capitalismo. El desafío es lo de organizarnos para que cada una pueda atravesar con sus prácticas y dentro de sus propias posibilidades un espacio inclusivo, un espacio que abra la posibilidad de impulsar las demandas de dignidad, autodeterminación y justicia social para que el eco de la revolución materialice su potencia.

fuente: Diagonal Periodico

El 15M nunca fue un actor, sino una forma de actuar

Artículo del Comité Disperso publicado en el nº 306-307 de El Viejo Topo en Julio de 2013.

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El 15M nunca fue un actor, sino una forma de actuar, es a partir de esta constatación que uno de los lemas que han circulado este año alrededor de su segundo aniversario ha sido “no hemos vuelto, porque nunca nos hemos ido”. El método 15M empezado en 2011 en las redes sociales hoy asume un carácter general, en el estado español como en Turquía las luchas se difunden en la resonancia de las redes sociales. No podemos negar la complejidad del asunto, a lo largo de dos años muchas organizaciones previas al 15M han aprendido a utilizar el lenguaje y las herramientas del movimiento creando híbridos que tal vez a veces han debilitado y otras veces han mantenido actual esta forma de actuar. En particular, la izquierda política en crisis que a lo largo de estos dos años ha revitalizado su discurso gracias al 15M hoy sólo podrá avanzar si está a la altura de volver a “las plazas” sin banderas para devenir un movimiento difuso y plural.

Después de dos años, empezamos a tomar una perspectiva sobre que fue, que es y hacia donde va el 15M. En el análisis de la deriva del movimiento es inevitable pensar qué hemos hecho durante este tiempo y qué ha cambiado. Los primero es reconocer ciertas victorias, unos objetivos iniciales cumplidos de sobra, como eran la movilización y el despertar político de una sociedad adormecida. Pero más allá de la politización es necesario también reconocer pequeños logros concretos, la suma de los cuales implican uno mayor: la progresiva instauración de un nuevo paradigma en el cual la cultura de la transición está siendo puesta al descubierto y superada, y la asimilación de unas nuevas formas de hacer en lo colectivo y en lo personal que se oponen al modelo en el que la sociedad española estaba instalada.

El 15M es difícilmente definible, en tanto que es una manera de actuar en continua reconfiguración. Partiendo de esa premisa, podemos decir que la fase por la que atraviesa ahora el movimiento es otra, que no corresponde a la fotografía de las plazas en 2011, sino que ha evolucionado tanto en objetivos, en maneras de hacer como en formas de organización. Estos tres aspectos del 15M en su momento presente tienen en común los conceptos de irrepresentabilidad, auto-organización y autonomía.

Tras dos años, los objetivos han cambiado debido a la superación de los objetivos iniciales. Durante este tiempo el 15M ha atravesado diversas fases, desde la inicial de movilización, a la protesta más organizada, la construcción de unas demandas colectivas y la apelación directa a las instituciones para que tomen en cuenta esas demandas. En todo este proceso se ha construido una legitimidad social que hace incuestionables las reivindicaciones del movimiento y que desarma las críticas sobre su ausencia de propuestas. Pero en esta fase también hemos podido constatar que simplemente pedir un cambio no conlleva que éste se produzca, por eso los objetivos ahora son diferentes. Ya no se trata de crear opinión publica, despertar conciencias, movilizar o hacer demandas. Todo eso ya se hizo, como un primer paso necesario -fue el objetivo inicial de la convocatoria del 15 de mayo de 2011-, sin embargo ahora es necesario ir más allá porque no es suficiente con hacer demandas justas y protestar.

El problema no es que no se pueda, sino que no quieren. Es una cuestión de voluntad política.

Esto nos lleva a las nuevas maneras de hacer, que ya no es apenas reactiva sino que implica construcción de realidad. Asumiendo que nuestras demandas son innegociables, ha llegado el momento de actuar no sólo de forma simbólica sino con prácticas concretas.

Estas maneras de hacer implican descartar la conquista del Estado, porque el Estado, el poder, en el sentido clásico es inconquistable, y porque la lucha por el poder del Estado, en sí misma, es una forma de reproducir el poder, es caer la trampa de la representación y volver a ceder la capacidad de decidir y actuar. El cambio de verdad se genera en los márgenes y en las grietas, autónomamente de las estructuras del estado.

Las nuevas maneras implican construir cambio real, que ataque los poderes sin entrar en su terreno, sino desbordándolo. Rechaza la mediación externa, como partidos y sindicatos, para trabajar con madurez, sabiendo bien lo que queremos y decidiendo cómo hacerlo realidad, pero no deniega la colaboración cuando las estructuras estén a disposición de las necesidades del movimiento.

El 15M 2011 abrió una grieta para volver a hablar de democracia cuestionando la función de nuestros gobiernos. Los partidos y los sindicatos han sido los elementos críticos que este movimiento individuó como ineficaces e inadaptados para cumplir sus funciones. Entonces, una regeneración del movimiento podría  empezar por atacar sus instituciones a partir de aquellas que pusieron  las bases para la conquista de los derechos de la clase obrera, el  derecho a sindicato y la huelga. Sindicato y huelga han sido en el fordismo las conquistas de las luchas obreras, de genero, de raza, etc. que ofrecieron la posibilidad de negociación  entre capital y trabajo. Hoy este pacto salta, igualmente que la  fabrica hoy no representa el lugar central de la producción, mas bien el  del capital financiero. Siendo imposible hoy un nuevo New Deal como colchón para la reproducción de la fuerza de trabajo de la fabrica, un reto teórico-político sería  traducir lo que el sindicato y la huelga han sido durante el fordismo  para declinarlo al presente. Si la fabrica se extiende a toda la sociedad en su conjunto entonces las herramientas tradicionales resultan  insuficientes. Como la democracia representativa y el dispositivo constitucional fueron los  objetos de la critica del 15M, la critica de sus instituciones puede ser  una lanzadera para abrir un proceso constituyente. Transformar la huelga en una toma de posición subjetiva significaría atacar en la dispersión para construir empoderamiento social para la creación de nuevas instituciones  democráticas comunes que distribuyan la riqueza producida hacia toda la sociedad.

En cuanto a estructura del movimiento o forma de organizarse, después de la confluencia en las plazas, ha habido una progresiva dispersión, que ha facilitado una gran capacidad de actuación del movimiento en diferentes puntos, ámbitos y maneras. Hasta las instituciones han intuido la relevancia de la dispersión para seguir justificando la necesidad de una estructura central que sea capaz de actuar como interlocutora o que, gracias a su solidez, garantice la estabilidad a través de una coordinadora central del movimiento. Ni una ni otra son necesarias ni deseables. Puesto que las demandas son innegociables es innecesaria la interlocución. Y no es deseable porque representa jugar en terreno enemigo y someterse a sus reglas del juego. La dispersión como estructura es mucho más efectiva y genera más cambio que una coordinación centralizada, eso lo ha demostrado la propia experiencia de estos dos años, por tanto no es deseable esa conglomeración, sino mas bien lo contrario: autonomía de los grupos, autoorganización y comunicación fluida para juntarnos sólo en los momentos necesarios.

Han habido intentos de reorganización del movimiento que pretendían  combatir dicha dispersión estructurando una lucha coordinada a través de la centralidad de unaorganización. Estos intentos de rearticulación se han revelado siempre poco operativos, anclados en superestructuras sin capacidad de transformación ni respuesta rápida, que además implican la  jerarquización y la representación dentro del propio movimiento. El futuro del 15M pasa por ser capaz de reconocer en la dispersión una nueva forma de organización más sostenible, gracias a la creciente autonomía de la producción de la riqueza que favorece la capacidad de  autoorganizarse y crear nuevas formas de vivir y de habitar.

Organizarse en la dispersión posibilita la creación de nuevas maneras de hacer en todos los contextos, una renovación en las ideas y en las prácticas. Oponiéndose al sentido común que delega en la “clase política” los cambios deseados enmarcados dentro del derecho y de la constitución,  la campaña de logros15M propone un mapeo de experiencias de lucha que sirva para visibilizar que la lucha autónoma a cualquier escala, aunque sea pequeña, puede influir mucho en la realidad cotidiana de muchas personas. Prácticas que suponen un hackeo al sistema, que dan solución a problemas cotidianos, que vertebran redes de apoyo y posibilitan la multiplicación y amplificación de estas luchas en diferentes territorios.

Un horizonte posible para renovar el 15M podría ser la magnitud de su traducción articulando la relación entre la micropolitica y el plano molar  a través de una herramienta practico-teóretica que pueda cruzar los diferentes planos que constituyen las bases de nuestra sociedad. Por eso Europa, no desde el punto de vista de los 27 estados miembros mas bien desde el punto de vista continental, puede ser el campo donde empezar a trabajar en este sentido. Europa es un territorio físico y conceptual que por extensión y por facilidad de comunicación en espacios heterogéneos puede ser una clave para dotar el movimiento de una capacidad mas amplia de intervención política. No es algo nuevo que el movimiento apunte hacia la transnacionalidad, esta idea estuvo presente desde incluso antes del 15M en la propia gestación del movimiento y tuvo un primer momento en el 15 de octubre de 2011, fecha la que se vuelve a apuntar como próxima cita para una huelga social.

 

Del mayo global al octubre del cambio

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El 15M 2013 no es solo un aniversario, es un período de lucha intensa, descentralizada, con acciones en diferentes lugares.

Es una fecha para recuperar la dimensión inclusiva y generalizada de las luchas contra la troika y las políticas de austeridad responsables del genocidio financiero.

Después de dos años hemos atravesado la fase de la protesta y de la construcción de unas demandas, y hemos apelado a la clase política para que tome en consideración estas demandas mediante diferentes actuaciones: recogiendo firmas, ocupando las plazas, manifestándonos masivamente, practicando la desobediencia civil, etc.

Han sido todas etapas importantes para construir una legitimidad social, porque entendemos que nuestras demandas son innegociables y que simplemente pedir un cambio no conlleva que éste se produzca.

Una vez definidas las propuestas, después de que algunas incluso hayan llegado al seno de las instituciones y sigan siendo ignoradas, es la hora de atacar a la corrupción y al capitalismo financiero no sólo de forma simbólica sino de manera material mediante prácticas concretas. Por eso no es simplemente una fecha con una manifestación, sino todo un mes lleno de acciones que atacan a los responsables directos de la creciente precariedad y pérdida de derechos que venimos sufriendo. Y por ello, este Mayo Global se propone como un escrache al sistema para presionar y hacer visible que el problema no es que no se pueda, sino que no quieren. Que es una cuestión de voluntad política. 

Como siempre, este será un 15M sin siglas ni banderas, al margen de partidos, sindicatos y cualquier forma de representación; que genere consenso dentro de diferentes sectores sociales. Un Mayo Global que sobrepasa los límites del movimiento para construir un espacio de lucha de toda la sociedad.

Entendemos este 15M como una etapa más dentro de un proceso constituyente que produzca el cambio social que venimos demandando desde hace tiempo. Este proceso no entiende de fronteras y apela a un reconocimiento pleno de todas las personas para construir una ciudadanía universal. A la construcción de este mayo de lucha se han sumado otros países: Portugal, Italia, Eslovenia, Austria, Alemania, Francia, Chipre, Inglaterra y Grecia también han programado acciones contra las políticas de la troika, revelando la dimensión transnacional de la movilización y de los poderes.

Esta primavera se enciende la mecha que nos llevará a un otoño europeo que ya se está organizando a través de encuentros y redes, un otoño que significará subir un escalón más en la construcción de un proceso constituyente y abrir una nueva fase de lucha conjunta para producir el cambio.

Los derechos no se piden, se toman.   Rescatemos personas, no bancos.