Syriza no te salvará

por Antonis Vradis

El 28 de diciembre, a sólo unas horas de la crucial votación que llevaría a Grecia a unas elecciones anticipadas, la policía antidisturbios golpeó y detuvo a enfurecidos huelguistas en el centro de Atenas. No es nada nuevo, ¿verdad? Como consecuencia de una austeridad insoportable, la tensión social ha aumentado astronómicamente el volumen de este tipo de estampas por todo el país. Estas imágenes se dan la mano junto con la de callejuelas empedradas de islas, románticas puestas de sol sobre el mar Egeo y todos los clichés imaginables antes de que Grecia aterrizara en el ojo de la última tormenta financiera de hace unos cuatro años y medio.
Pero hete aquí una noticia preocupante para todos aquellos convencidos e ilusionados con una victoria de Syriza: en esta ocasión, la policía antidisturbios fue llamada para proteger un evento co – organizado por la emisora de radio oficial del partido, Sto Kokkino Fm . La emisora había organizado el evento en una céntrica Librería-Ateneo un domingo, a pesar de que la reciente ley que permite el comercio los domingos sea una desregulación del mercado laboral. Hasta ahora Syriza había apoyado movilizaciones contra la medida bajo el argumento de que esta ley favorecería masivamente a las grandes superficies en detrimento de las pequeñas empresas. Esta vez no actuaron en consecuencia. El sindicato de libreros de Atenas convocó una huelga a las afueras de la librería. Sus dueños llamaron a la policía y el resto es historia.

Para un partido que aspira a ganar las elecciones del próximo mes y conseguir el primer gobierno de izquierda en el país y de la UE, este tipo de actos no muestran su mejor cara.
Es innegable la presión internacional a la que el partido ha sido sometido para armonizar sus políticas con la ideología dominante de austeridad en Europa. De todas maneras, el viento nunca ha soplado a favor de este partido que nació como un pequeño partido de izquierda, de perfil intelectual y cuya lucha era unicamente entrar en el Parlamento hace apenas cinco años. Ahora se ha catapultado a la primera posición en un momento donde las espadas están en alto. Todo es comprensible, las esperanzas son altas también.

La Victoria de Syriza supondría liberar al pueblo griego del gobierno más conservador desde el final de la junta militar en 1974. El mismo gobierno que ha establecido campos de detención para inmigrantes, ha desalojado los centros okupas del país y ha negociado bajo cuerda con el notorio Amanecer Dorado, solo por nombrar algunos ejemplos de las inclinaciones ideológicas del partido dominante, cuyos movimientos han ido mucho más allá de la lucha contra los problemas financieros del país.
Ahora bien, la pregunta es la siguiente, ¿puede Syriza llevar con éxito el peso de una alternativa tangible? No hay ninguna certeza de que exista una masa crítica dentro del país que pueda respaldar este cambio. Incluso si Syriza gana las elecciones de enero, el voto para el partido habrá sido impulsado principalmente por la rabia, la desesperación y el deseo de ver algo diferente a los gobiernos al servicio de la austeridad que han operado hasta el presente.

No existe una tabula rasa para Syriza, ni su existencia constituye necesariamente un cambio progresivo en la sociedad griega – el cambio hasta el momento ha sido dramáticamente hacia la derecha. El auge de Amanecer Dorado, la xenofobia y la apatía política nos muestran que hay algunos que simplemente no quieren ser salvados. Pero incluso para aquellos que sí que quieren, delegar todas nuestras esperanzas en la victoria electoral de un partido que opera bajo presión no es muy sabio. La estación de radio Syriza emitió un comunicado de disculpa sobre los sucesos del domingo, pero eso resulta escaso y demasiado tarde. Aunque también, por suerte fue un recordatorio muy prematuro de que posiblemente, ningún cambio a largo plazo podrá venir jamás de los partidos políticos que se alternan en el poder.

Para todos aquellos que estamos hartos de las reformas de austeridad y sus políticas adyacentes de extrema derecha que se extienden por nuestro continente, sería más sabio fortalecer y construir economías y estructuras de solidaridad que sobrevivan a los cambios dentro de la corriente principal de la escena política. Syriza puede salvarnos algún tiempo, pero no va a salvar a nadie – es lo que debemos asumir todxs y cada unx de nosotrxs.

Fuente: openDemocracy

Un Comentario

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