Manifiesto Aceleracionista [parte 2]

02. INTERREGNUM: Sobre el aceleracionismo

1. Si hay algún sistema que se haya asociado con ideas de aceleración, ese es el capitalismo. El metabolismo esencial del capitalismo demanda un crecimiento económico constante, una competencia permanente entre entidades capitalistas individuales y un desarrollo continuo de las tecnologías para aumentar la ventaja competitiva, todo ello acompañado de una fractura social cada vez más grande. En su forma neoliberal, su proclama ideológica es la liberación de las fuerzas de destrucción creativa para despejar el camino a las innovaciones tecnológicas y sociales, en constante aceleración.

 

2. El filosofo Nick Land perfiló todavía más este fenómeno con la creencia miope, aunque hipnótica, de que la velocidad capitalista por sí sola podría generar una transición global hacia una singularidad tecnológica sin precedentes. En esta visión del capital, el ser humano podría acabar siendo una carga y un obstáculo para alcanzar esa inteligencia planetaria abstracta rápidamente construida juntando fragmentos de civilizaciones pasadas. El neoliberalismo de Land confunde, sin embargo, la velocidad con la aceleración. Puede que estemos avanzando rápidamente, pero sólo lo hacemos dentro de un conjunto de estrictos parámetros capitalistas que nunca oscilan. Lo que estamos experimentando es solo la percepción del aumento de velocidad de un horizonte local, un simple espasmo clínicamente muerto en lugar de una aceleración navegable, de un proceso experimental de descubrimiento dentro de un espacio universal de posibilidades. Es esta última forma de aceleración la que consideramos esencial.

 

3. Lo peor es que, tal y como ya detectaron Deleuze y Guattari, lo que la velocidad capitalista desterritorializa por un lado, lo territorializa por el otro; y esto ha sido así desde el principio. El progreso se ve limitado por un marco rígido de valor añadido, capital flotante y un ejército reservista de mano de obra. La modernidad se reduce a medidas estadísticas de crecimiento económico y la innovación social se encalla en los restos obsoletos de nuestro pasado colectivo. La desregulación impulsada por el tándem Tatcher-Reagan convive en armonía con los valores familiares y religiosos victorianos basados en el “retorno a los orígenes”.

 

4. Una de las tensiones fuertes que existen en el neoliberalismo hace referencia a la autoimagen que proyecta como instrumento de modernidad, de hecho, directamente como sinónimo de modernidad, prometiendo un futuro que es incapaz de proporcionar. Por el contrario, a medida que el neoliberalismo ha ido avanzando, en lugar de fomentar la creatividad individual ha tendido a eliminar la inventiva cognitiva en beneficio de una línea de producción afectiva de interacciones ajustadas a un guión preestablecido. Todo ello combinado con cadenas de suministro globales y una zona de producción neofordista al Este. El reducido y exclusivo cognitariado de trabajadores intelectuales se empequeñece cada año que pasa, y lo hace al ritmo en el que la automatización algorítmica se abre paso entre las esferas del trabajo afectivo e intelectual. A pesar de haberse posicionado a sí mismo como un acontecimiento histórico necesario, el neoliberalismo era en realidad un conjunto de medidas de contingencia para hacer frente a la crisis de valores que emergió en la década de los setenta. Inevitablemente, el neoliberalismo se convirtió en una sublimación de la crisis en lugar de en su derrota definitiva.

 

5. Marx, junto con Land, es el pensador por excelencia del aceleracionismo paradigmático. A pesar de las manidas críticas e incluso del comportamiento de algunos contemporáneos de Marx, cabe recordar que Marx utilizó los instrumentos teóricos más avanzados y los datos empíricos disponibles para intentar entender y transformar su mundo. No era un pensador contrario a la modernidad, sino un pensador que buscaba analizarla e intervenir en ella y que era consciente de que, a pesar de toda la explotación y corrupción que el capitalismo llevaba implícitas, era el sistema económico más avanzado del momento. Sus beneficios eran irreversibles, pero aceleró hasta límites insospechados el valor del modelo capitalista.

 

6. En 1918, en su obra titulada “”Izquierdismo: Una enfermedad infantil del comunismo”, Lenin escribió incluso:
El socialismo es inconcebible sin la gigantesca maquinaria capitalista basada en los últimos avances de la ciencia moderna. Es inconcebible sin una organización estatal planificada que someta a decenas de millones de personas al más estricto cumplimiento de una norma única de producción y distribución.
Nosotros, los marxistas, hemos hablado siempre de esto, y no merece la pena gastar siquiera dos segundos en conversar con gente que no comprende ni siquiera eso (los anarquistas y un parte considerable de los revolucionarios de la izquierda socialista).

 

7. Marx sabía muy bien que el capitalismo no puede ser identificado como el verdadero agente de la aceleración. De igual forma, afirmar que las políticas de izquierda son la antítesis de la aceleración tecnosocial es, al menos en parte, una grave tergiversación de los hechos. Si la izquierda política se quiere asegurar un futuro, tiene que ser uno en el que adopte al máximo esta tendencia aceleracionista reprimida.

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