#LoiTravail: las estudiantes hablan sobre la “juventud” del movimiento

El texto de las estudiantes de secundaria franceses apareció el 22 de marzo después de la movilización del 17 contra la reforma del mercado laboral del ministro El Khomri.

A fuerza de repetirlo nosotras mismas comenzamos a ser conscientes: juventud quiere decir precariedad. Para la escuela, el trabajo, el amor, la vivienda, la condición económica, la identidad, para cada cosa, en todos los sentidos, somos “precarias”. Es decir, no del todo terminadas, estabilizadas, tranquilas, seguras. Una especie de cerilla en una ventisca. Por lo tanto, es por esto que simpatizan con nosotras, es en nombre de esta decretada fragilidad que hablamos, que tomamos nuestras defensas: con un poco de suerte y esfuerzo, podremos tener un día, el privilegio de volver adultas, integradas, trabajadoras satisfechas.
Y es verdad que, en cierto modo, somos frágiles, manipuladas, explotadas. La escuela, en realidad, no nos han enseñado a defendernos, y aún menos a luchar a solas. Lo que nos ha enseñado es a prepararnos a recoger mierda toda la vida con la cucharita, una vida con sus pequeñas resignaciones, y sus kilos de sueños rotos, su falta cruel de destino. Es verdad que muchas quedan en condiciones precarias. Pero para ser honestas, la “vida normal” que nos hacen entrever es tan emocionante como una nueva versión de la serie V.

Cuando navegamos en las redes sociales o en las paginas de información, vemos fácilmente lo que los viejos piensan de nosotras: nos tienen compasión o nos desprecian. Todavía un “movimiento juvenil”! Se conmueven o se ríen, de todas maneras sería toda una película ya vista. Tal vez o tal vez no. Nosotras tenemos otra intuición, la intuición que la historia retorna, pero no se repite. La intuición de que este gobierno está particularmente asustado y que seguimos, no nos rendimos, no abandonamos las calles. Esta también es la única explicación de la brutalidad desenfrenada de los policías desplegados para evitar una asamblea general en Tolbiac. Y no, Valls no tiene miedo de la CGT* y de los trabajadores que marchan en silencio. Lo que teme son todos esas jóvenes a las que todos desprecian porque sabe que, al final, tal vez nos cansaremos pero no nos dejaremos comprar por falsas promesas o un futuro bajo anestésicos. No son completamente estúpidos en las oficinas ministeriales, saben bien que no tenemos mucho para perder y que no será fácil hacernos creer en su futuro brillante.

Estamos realmente en el corazón de esta paradoja: es porque no valemos mucho para esta sociedad que de alguna manera estamos liberadas de ella. No hemos apostado ni un duro en este mundo, entonces no es necesario hacer el avestruz, mientras que esto se hunde. Si lo pensáis no luchamos contra la precariedad, sino a partir de la precariedad.
Por lo tanto habrá que decir a todas estas personas que se preocupan de nosotras y por nosotras: no tenemos miedo del futuro, es vuestro futuro el que tiene miedo de nosotras. No tenemos miedo de la calle, del cambio, de la revuelta. No tenemos miedo de perder nuestro trabajo o nuestra referencias, nuestros privilegios y nuestro pequeño consuelo. Pasamos completamente de vuestro mundo, lo que queremos es intentar algo, algo nuevo, inaudito, inverosímil. Y vosotros no vais a hacernos creer que el resultado podría ser peor del mierdero que nos habéis dejado. “¿Pero que proponéis?” Meteros en el culo esta pregunta. Para vosotros, tendríamos que ser no solo jóvenes y estúpidas, sino también “jóvenes con propuestas”. La vida no es un vídeo para las presidenciales, no proponemos nada, invitamos a la agitación, la sublevación, la insurrección. Ideas tenemos y tendremos, y esto nos va genial porque moriréis mucho antes que nosotras.

La cuestión no es la de tener 16, 30 o 77 años. Tenemos que dejar de creer que la juventud es una fase de transición. No se es jóvenes y luego, más tarde, viejas. No se es viejas porque se ha sido jóvenes. La juventud es lo opuesto a dejarse ir: es partir al asalto del mundo, incluso cuando se trata de derrocarlo.

La ley El Khomri es quizás una excusa – una excusa que nos faltaba – para salir a la calle, ocupando los edificios públicos, encontrarse y decidir juntas. Sabemos todas que si no lo hacemos ahora, si carecemos de audacia y valentía, la vuelta a la normalidad será aún más brutal: la vida de mierda y las elecciones 2017 de mierda. Intentemos menos producir un movimiento de jóvenes que pensar en la juventud del movimiento. Es decir, darle la oportunidad de no ser lo que han sido los movimientos antecedentes. Permitirle de ser imprevisible. Démosle la oportunidad de no repetir lo que ha hecho la generación anterior. Miremos a la revuelta. De los 7 a los 77 años.

* https://es.wikipedia.org/wiki/Confederaci%C3%B3n_General_del_Trabajo_(Francia)

Fuente: lundi.am

Piel negra. Poder blanco. Dallas, Baton Rouge y las cenizas del mito “post-racial”

Por Miguel Mellino

Dallas y Baton Rouge están dando el golpe decisivo a la era Obama. La era del primer presidente negro de uno de los estados más racistas que el capitalismo y el colonialismo moderno han producido en la historia, está acabando de la única manera en la cual podía acabar. Difícil encontrar otro ejemplo en la historia reciente – a parte quizás el de J. F. Kennedy – en la cual los discursos a través de los que el poder tiende a legitimarse son tan distantes de su efectiva constitución material. Acogida en 2008 como la expresión de una necesidad colectiva de discontinuidad respecto a las previas administraciones teo-con, también desde buena parte de la izquierda radical global, la era Obama ha demostrado totalmente otro posicionamiento respecto a tal espera: a nivel tanto de política nacional que la política exterior.

El complejo “militar-financiario-neoliberal”

Desde el punto de vista económico, más que encorajar políticas anti-ciclicas frente a la crisis del 2007 – la cual lógica más perversamente depredadora tuvo como objeto  los negros pobres de EE.UU., ulteriormente expropiados por los créditos subprime – la era Obama ha sido caracterizada por la promoción de medidas finalizadas no solo a mantener, sino a reforzar la estructura neoliberal del actual orden financiero global. En la era Obama, lo que Peter Gowan ha llamado en su The Global Gamble (1999) el conjunto “FMI-Wall Street-Señoria del dolar” – es decir   la estructura material del neoliberalismo como dispositivo global de gobierno – seguramente se ha reforzado después de la crisis de 2007. También los últimos episodios de esta saga hablan claro: piense en la promoción activa y directa por parte de Obama mismo, en sus últimos viajes oficiales, del TTIP (Transatlantic Trade and Investement Partnership), un tratado que derrumbaría las última barrera para una entrega total del mundo a la soberanía de las multinacionales y la economía financiera, pero también en su apoyo explicito al Remain en el referéndum británico, es decir una elección proclamada sobre todo en la continuidad del actual poder financiero europeo basado en el papel estratégico de la City londinense en el interior del actual modo de acumulación neoliberal global.

Tampoco desde el punto de vista geopolítico no ha habido ninguna ruptura con las administraciones conservadoras anteriores. La “mitológica” retirada de EEUU en Iraq y Afghanistan, lanzada en 2008 como parte del proyecto “Obama Hope”, se ha vuelto en su contra, en la decisión de mantener los marines en estas zonas de guerra a “tiempo indefinido”. Los discursos de los inicios a favor de un “pacifismo multilateral” se han acompañado de intervenciones directas e indirectas a favor de nuevas “guerras permanentes” y nuevas balcanizaciones de estados no del todo “alineados”  al orden internacional, como en el caso de Libia, Ucraina y Siria. Pasando por la asfixia de los así llamados países emergentes (BRICS) efectuada a través de un acuerdo deliberado con los sauditas a favor de un fuerte aumento de la producción de petroleo, el  único objetivo del cual ha sido el de hacer caer el precio internacional del crudo. Se trata de una estrategia que ha metido en problemas no sólo a países como Rusia y China (tradicionales estados canallas), sino también la Bolivia de Morales, el Ecuador de Correa y la Venezuela de Maduro. Es en este contexto que se debe ubicar el apoyo de Obama – con una visita oficial en Marzo – al neoliberalismo despiadado de Macri en Argentina y la deriva reaccionaria y conservadora en Brasil después del impeachment del controvertido gobierno de Dilma Roussef. Mas allá de los juicios que se puedan tener sobre los diferentes gobiernos “post-neoliberales” de  América Latina, los cuales, los límites de clase, si se quiere, están claramente en la base de su progresivo debilitamiento interno, no se puede negar que la era Obama haya conspirado desde el inicio contra el así llamado “regreso a la izquierda” de esta parte del mundo: aquí es suficiente recordar el apoyo explicito al golpe contra Zelaya en Honduras de 2008 y contra Lugo en Paraguay de 2012.

El complejo “militar-penitenciario-racial”

Pero si es cierto que en la era Obama el conjunto “militar-financiero-neoliberal”global se ha  reforzado progresivamente, es además cierto que también a partir de Angela Davis lo que podemos llamar el conjunto “militar-penitenciario-racial” interno indudablemente no está más debilitado. Aquí también se puede observar la misma tipología perversa de “blackwashing”, por así decirlo: los discursos sobre el inicio de una condición finalmente “post-racial” en los EE.UU., de una democracia  finalmente libre de las jerarquías de la raza y de la “linea del color”, han funcionado como un siniestro contrapunto de la marcha inestancable del “estado penal” neoliberal. La celebración de una “condición post-racial” – sellada por la puesta en discurso de la elección de un presidente “negro” en el país de las plantaciones, del Ku Klux Klan, de los linchamientos de los negros, de las violaciones sistemáticas de las esclavas negras, de las leyes Jim Crow – ha sido la banda sonora de una singular “tecnología racista de gobierno” emergida junto al proceso de reestructuración neoliberal y basada en la represión militarizada de los territorios, el encarcelamiento y el abandono de masas, el recurso al racial profiling y el homicidio de estado entre negros pobres y excluidos.

No se dejen engañar los significados literales vehiculados por la palabra “post-racial”. Lo que muestran los hechos, es decir la continua producción institucional de los negros pobres como “grupo sujeto a muerte prematura”, por decirlo como Ruth Gilmore, es que el discurso “post-racial” a través el cual continua a interpelarnos todavía la era Obama, no es más que la condensación fetichista o el suplemento ideológico de una nueva y más perversa forma de racismo. Es cuanto afirma, por ejemplo, David Theo Goldberg, notable estudioso del racismo moderno, en su Are we all Post-racial yet? (2012). Según Goldberg, la especificidad del orden del discurso “post-racial” no está tanto en volver innombrable la raza en el lenguaje ordinario o en volverla “invisible” como fenómeno social, cuanto en su negar de manera continua y obsesiva la dimensión estructural-material del racismo en la sociedad americana. El discurso “post-racial” niega el racismo como “constitución material”, es decir como dispositivo (simbólico y material) a la base de la producción de la relaciones entre las clases y por lo tanto de la jerarquización de la ciudadanía. En términos marxistas, se puede decir que el discurso “post-racial”, construyendo las “razas” como fenómenos escindidos de las condiciones materiales de su producción, opera a través de una especie de fetichización de la raza y del racismo. Es en esta manera que, paradójicamente, el discurso “post-racial” acaba por ontologizar – esencializar – aquellas mismas “razas” de las cuales niega la existencia; es así que fenomenos sociales que son claramente el producto del racismo como dispositivo estructural de producción de la sociedad – por ejemplo, el alto porcentaje de negros entre pobres, excluidos, desempleados, población carcelaria, etc. – acaban por aparecer como el producto de una manera de vivir “equivocada”, de una cierta patología cultural, o de un simple déficit de “instrucción”, “educación” o “inteligencia” personal. El discurso “post-racial”, por decirlo en los términos de Fanon, pone el racismo del lado del ontogenesis en lugar de la sociogenesis.

Negando la dimensión público-material del racismo, por tanto, el discurso “post-racial” funciona como un dispositivo (racista) de naturalización de las desigualdades, cuyo efecto principal es justo aquel de convertir la raza y todo lo que ella implica un componente natural (o presocial) de la sociedad. Desde el interior de este discurso, los procesos de racialización, entendidos como la distribución de jerarquías y privilegios según la pertenencia a ciertos grupos y clases, no aparecen más como algo “adscriptivo”, como un producto activo de la interacción entre estado (instituciones) y capital, sino como un simple y neutral “amalgama” social originado por el libre juego entre sujetos, el desarrollo de lo que podemos llamar la “mano invisible” de la sociedad.

Desde este punto de vista, es sintomático que en los casos de Dallas y Baton Rouge se ha empezado a hablar de “odio racial” o de “guerra racial” sólo cuando los negros han disparado a los policias y no viceversa; movilizadas solamente en referencia al actuar de los negros, expresiones como “odio racial” o “guerra racial” acaban por poner “blancos” y “negros” al mismo nivel, como si las relaciones de poder fueran aun aquí “simétricas” y “equivalentes”; y como si el conflicto (racial) fuese generado por una especie de “natural” y reciproca intolerancia: más de esto que de un cierto sentido común entiende por “xenofobia” (fenómeno neutro, universal, inherente a la misma condición humana) que del racismo como sistema histórico de dominio de los blancos sobre los negros. Esta particular narración de los hechos además nos muestra que en el interior del discurso “post-racial” es a menudo el “negro” (o “latino”, o “musulmán”, y ciertamente no es ni el blanco ni tampoco el sistema) el portador del elemento “racial”, y últimamente, también del racismo, si como nos recuerda todavía Goldberg, uno de los aspectos más destacados de la condición o del discurso “post-racial” es que los que son acusados de “actitudes racistas” son cada vez más aquellos que históricamente han sufrido el racismo en lugar de sus verdaderos partidarios o promotores. En consecuencia, se puede decir que una de las finalidades fundamentales del discurso “post-racial” es volver “invisible” la whiteness (por que vuelve “neutra”) a través de la hiper visibilización de los otros – el “negro”, el “latino” – en clave “racial”.

De estas consideraciones se puede inferir otro de los efectos más perversos del discurso “post-racial”: en su negación de la raza y del racismo como dispositivos materiales aún a la obra en el ejercicio del poder en la sociedad americana, eso desata el pasado del presente dejando los sujetos “libres” de vender en el mercado, o de meter a trabajar, la propia “diferencia” (quizás racial, pero ciertamente no producida por el racismo). Dicho de otra manera, el discurso “post-racial” trabaja en el olvido de la historia, de aquellas mismas condiciones históricas – el capitalismo colonial, la esclavitud –  que han consentido la formación de las jerarquías y los privilegios raciales. Es el olvido de esta historia a consentir, de manera totalmente perversa, una proliferación “libre” y “sin culpas” de discursos y practicas racistas, porque, como es evidente, no vienen reconocidas como tales. Además, eliminando el racismo del discurso público sin la eliminación de estructuras materiales en las cuales se establece históricamente la supremacía de la whiteness, el discurso “post-racial” acaba por inscribir en la piel sólo las verdades producidas socialmente por el “capitalismo racial”, por usar la expresión conocida de Robinson Cedric en Black Marxism (1983). En resumen: la neutralización de la dimensión material de la historia y la privatización de las cuestiones de raza y racismo (atribuyéndole a la esfera privada y no pública), el discurso “post-racial” ha llegado cada vez más a ser visto como un elemento necesario y constitutivo de la razón del gobierno neoliberal. Más: el aumento significativo de la desigualdad entre las clases, la ruptura radical de raza y clase en el cuerpo social causada por el desarrollo del neoliberalismo ha encontrado en el discurso “post-racial” uno de sus elementos centrales de recomposición ideológica.

Piel negra. Poder blanco.

La era Obama, por lo tanto, propone de una manera infinitamente más perversa la famosa citación de Fanon: Piel Negra. Poder blanco. El discurso “post-racial”, la celebración de una supuesta condición social de “color blindness“, fue parte de la respuesta del capitalismo racial estadounidense a la lucha del movimiento por los derechos civiles y la radicalización de la cuestión negra expresada por el “black power” en los setenta. Este nuevo dispositivo racista osciló entre la negación del racismo como una dimensión histórico-material del capitalismo estadounidense y la mercantilización/poner a trabajar todas las expresiones tradicionales de la blackness. Alguien, sin embargo, sostiene que el aumento racista que está caracterizando el final de la era de Obama es parte de la respuesta del poder blanco a la elección de un presidente negro, un intento de dar una siniestra y definitiva marca histórica sobre este período singular en la historia de EE.UU. El hecho no cambia: Dallas y Baton Rouge quizá han demostrado que algunos de los negros – los más pobres y marginados – cansados de ser sometidos de forma pasiva el mito cada vez más grotesco de la integración “post-racial” en curso. Un mito que se vende en diferentes maneras, cabe recordar, incluso por parte de la élite negra. Esta reacción podría ser la única noticia real de lo que ha sucedido en los últimos días, aunque todavía es pronto para decirlo. En el movimiento Black Lives Matter la discusión sobre cómo reelaborar de manera efectiva su propuesta y como de organizar políticamente la rabia generalizada sigue y las interpretaciones de los eventos no son de ninguna manera homogéneas.Lo que es cierto es que la violencia es “post-racial” de la policía y las absoluciones comunes de los agentes imputados vuelven la situación cada vez más enervante.

Fuente: Commonware

¿Quiénes somos “nosotras” después de Orlando?

Por Jack Halberstam

En una reciente reacción a los tiroteos de gays latinos y otros en el local nocturno Pulse en Orlando, Florida, el 12 de junio, The Atlantic publicó un artículo afirmando que la violencia contra la gente LGBT en los Estados Unidos era demasiado común y que era incluso más común que la violencia dirigida contra otras minorías. El argumento principal de este artículo fue repetido cuatro días después en The New York Times bajo el titular “El colectivo L.G.B.T. tienen más probabilidades de ser objetivo de crímenes de odio que cualquier otro grupo minoritario”. Ambos artículos citaban la misma fuente, concretamente una investigación dirigida por el Southern Poverty Law Center, y ambos citaban al mismo investigador veterano, Mark Potok. En el artículo que aparecía en The Atlantic Potok es citado diciendo: “El colectivo LGBT tienen el doble de posibilidades de ser objeto de crímenes violentos de odio que los judíos o la gente de color”.

¡Esta es una declaración interesante en cuanto presupone que el colectivo LGBT no son ni judíos ni gente de color y que los asesinos eligen a sus víctimas sobre la base de un único aspecto de odio! También crea una jerarquía engañosa de violencia dentro de la cual la gente blanca dentro del colectivo LGBT son vistos como más vulnerables que otros grupos minoritarios. Este tipo de declaraciones que circulan ampliamente, apoyan una expresión generalizada de la vulnerabilidad del colectivo LGBT que aparece en plataformas de medios de comunicación, Facebook y Twitter, después de los asesinatos. Pero estas matanzas fueron muy específicas y en tanto nuevas expresiones materiales de la relación torturada que Omar Mateen tenía con su propia sexualidad, queremos desafiar este sentido de una amenaza homofóbica amorfa que separa violencia homófoba de las expresiones convulsas y particulares de odio racial.

Ambos artículos sobre los crímenes de odio esconden detalles demográficamente contradictorios hacia el final de sus reportajes sobre los ataques contra el colectivo LGBT. En The New York Times, por ejemplo, una gráfica que representa la distribución de la violencia contra el colectivo LGBT sobre la raza y la clase cuenta una historia diferente al titular sensacionalista. Si se ordena por raza, las gráficas revelan que, en palabras del reportero, “la gran mayoría de aquellos que fueron asesinados eran negros y transexuales”. Y las gráficas muestran que, incluso entre aquellos que no fueron asesinados, la gente LGBT que fueron víctimas más a menudo de crímenes de odio fueron gente de color.

Obviamente, el tiroteo de 49 personas en un club gay en una noche dirigida a los hombres gays latinos sacude a todas las comunidades LGBT hasta sus cimientos y nos recuerda otros ataques violentos y llenos de odio en otros clubes en las últimas décadas. En otros clubes gays, en otras noches, otros cuerpos han sido víctimas de las masculinidades tóxicas que imaginan la violencia como la solución a los movimientos en el status quo que podrían sacudir las jerarquías del sexo y el género. Pero esta noche, en este club, el objetivo de la masculinidad profundamente conflictiva, narcisista, militarista y alimentada de esteroides fue un grupo compuesto mayoritariamente por hombres gays y latinos.

Justin Torres evocó la escena en The Pulse aquella noche en un precioso ensayo ofrecido como tributo a los asesinados y titulado “En elogio a la noche latina en el club gay”:

Tal vez tu madre te bendijo mientras salías de casa. Tal vez te dejó comida en el frigorífico para que no le hicieras un desastre la cocina cuando llegaras a casa hambriento. Tal vez tu tía te llevó en coche y te dio dinero para volver a casa en taxi. Tal vez tuviste que buscar a una canguro. Tal vez, todavía no has salido del armario definitivamente para tu familia o tal vez tu familia te echó de casa hace algunos años. Olvídalo, sobreviviste… Tal vez tu culo medio latino ni siquiera habla español; tal vez apenas hablas inglés. Tal vez no tienes papeles.

Con cuidado y ternura, Torres sitúa a las víctimas de la masacre de Orlando no como un grupo unido de víctimas gays sino como un grupo felizmente desordenado de gays latinos con diferentes relaciones con la raza, el lenguaje, la clase, la ciudadanía, la familia y el parentesco. Usando la forma de segunda persona como destinatario -“tal vez no tienes papeles”- Torres habla a los muertos más que a los que están alrededor de ellos, sobre ellos, a través de ellos. Habla a los muertos, reconociendo las diferencias entre ellos y con respecto a la cultura que también a menudo les amenaza, les excluye, les explota o los ignora, y Torres sitúa a los asiduos al club en relación con la vida nocturna, con Orlando, en la relación entre ellos y las comunidades LGBT más grandes. En el párrafo siguiente, Torres describe lo que hay fuera del club -cristianos, Trump, exclusión, racismo- y entonces dibuja una línea mágica alrededor del club que lo señala como un lugar seguro para la gente que evidentemente no está segura en otro lugar en la cultura. De vuelta a la realidad, Torres recuerda la pérdida, la lucha continúa, pero aquí, en el club tú creces, bailas, vives: “No viniste aquí para ser un mártir, viniste a vivir, papi. A vivir, mamacita. A vivir, hijos. A vivir, mariposas”.

La preciosa canción de Torres a las mariposas caídas reconoce la belleza y la fragilidad de esta comunidad y sitúa esa fragilidad en relación a los múltiples vectores de violencia que existen fuera del club y que siempre amenazan con llevarla adentro. Algunos de esos violadores llegarán en forma de hombres inestables con armas, algunos vendrán en la forma de la policía de inmigración o de la seguridad nacional, algunos llegarán y llegaron en forma de policía y otros llegarán en forma de gente blanca LGBT que ve esta violación como propia e incorpora este crimen a una narrativa general de violencia anti gay.

Christina Hanhardt ha escrito extensamente sobre la especificidad de las manifestaciones en contra de la violencia en las comunidades LGBT y sobre los modos en los cuales algunas de esas reclamaciones llevan a aumentar la presencia policial en las comunidades LGBT y a incrementar la vigilancia de las comunidades de color. En un resumen de su posición en The Scholar and Feminist Online (S&F Online), Hanhardt identifica el rol de gentrificación de las comunidades de hombres gays dentro del panorama neoliberal y urbano posterior al estado del bienestar. Los gentrificadores gays y lesbianas, explica, a menudo “han sido saludados como el remedio a los problemas urbanos”. Y así, demasiado a menudo, las poblaciones urbanas de gays blancos sustituyen a las comunidades pobres y de color y se convierten en lugares de inversión. Escribe:

Un punto central en la historia del activismo LGBT, en la cual los temas de la violencia y la seguridad han sido tan importantes, ha sido el cálculo del riesgo: el riesgo de violencia asociado con la vulnerabilidad gay que pide iniciativas contra el crimen así como el riesgo de pérdida de beneficio relacionado con la especulación inmobiliaria. Un resultado ha sido redefinir la identidad gay normativa como identidad amenazada por aquellos considerados “criminales” (en particular, los pobres de color), mientras se buscan soluciones en negociaciones sobre el riesgo, incluyendo auto-regulación y mercados financieros abiertos.

En otras palabras, los proyectos de desarrollo urbano dependen de y estimulan a la clase gay creativa, y a menudo blanca, mientras que desplazan y amenazan a las comunidades pobres de color. Una por una, las comunidades blancas LGBT se pueden imaginar a sí mismas como parte de la nación y de su prosperidad mientras que las comunidades gays de color son situadas como lugares de crimen, ilegalidad y protestas culturales.

Dadas las diferentes historias de las poblaciones urbanas blancas LGBT y de las comunidades de color LGBT en relación al espacio, la propiedad, la vigilancia policial y el peligro, podríamos preguntarnos quienes somos “nosotras” después de Orlando. ¿El ataque a estos cuerpos marrones refleja una vulnerabilidad más generalizada experimentada por las comunidades LGBT en general? ¿Hay, de hecho, algún tipo de conexión entre la vulnerabilidad de las comunidades blancas LGBT y la homofobia y la violencia actual que las comunidades de color LGBT afrontan dentro del clima actual de caos anti-inmigrantes, anti-negros, pro-bancos, pro-negocios y de libre mercado?

Después de Orlando, podría ser el momento de romper la fantasía del monolito LGBT no en favor de unas cada vez más precisas calibraciones de la identidad sino en nombre de la necesidad urgente de confrontar la violencia estatal si es expresada a través de un régimen de seguridad que trabaja bien en nombre de los banqueros y políticos pero en absoluto en nombre de la gente pobre y de color, o si llega en la forma de estrategias de incorporación dirigidas a los gays privilegiados o el incremento de la vigilancia policial dirigida a los gays de color. Mientras que el matrimonio gay rápidamente está siendo presentado como la motivación para el incremento de la actividad de los crímenes de odio hacia homosexuales- el NYT sugirió que “irónicamente, parte de la razón de la violencia contra el colectivo L.G.B.T. podría tener que ver con una actitud de más aceptación hacia los gays y lesbianas durante las últimas décadas, según gente que estudia crímenes de odio”- un mejor modo de entender el matrimonio gay es como parte y parcela de una lógica de incorporación en la cual la oposición es engullida y convertida en más de lo mismo.

En tanto los LGBT blancos de clase media celebran su acceso a las formas sociales normativas y están de acuerdo en pagar el precio por tal aceptación consintiendo nuevas formas de exclusión violenta, ellos/nosotras no podemos declarar simultáneamente ser los más vulnerables de los vulnerables, las víctimas más victimizadas, los que más necesitan refugio, protección y asilo. Orlando me mostró al menos que el estado de seguridad en el que vivimos, con sus valores basados en la segunda enmienda y sus formulaciones crudas y estridentes de “nosotras” y “ellos”, necesita ser argumentado con conversaciones peligrosas, intrincadas y complejas sobre quienes somos “nosotras” y en qué queremos convertirnos “nosotras”.

Para Torres, Orlando nos pone frente a frente con el poder transformador de la noche latina en el club gay: “El único imperativo es ser transformada, transfigurada en la luz de la discoteca”. De un modo similar, Orlando nos trae a Jose Muñoz conjurando sobre la utopía gay como “un tipo de exceso afectivo que presenta la fuerza que posibilita el porvenir que mira hacia el mañana”. Orlando no es un “nosotras” generalizado y no específico. Es un “tú” claramente puesto en pie, bailando, viviendo y muriendo en la madrugada, en un espacio en el borde más alejado de la comunidad, en la orilla del porvenir que mira hacia el mañana en el que otros mundos podrán y llegarán a ser.

Fuente: Bully Bloggers

Vencer a la desafección

En los tiempos de la gobernanza neoliberal la democracia se reduce a una simple formalidad para la aplicación de medidas al servicio de organismos supranacionales como, por ejemplo, el FMI, el Banco Central Europeo, la Comisión Europea o el Eurogrupo. Lo que importa no es quien gobierna, lo ha confirmado el referendum griego de julio 2015 y lo confirma la mitad de la población del Estado español que no ha asistido a la cita electoral y ha preferido quedarse en casa o dedicarse a otra cosa – y también parcialmente la victoria del primer partido ganador de las dos últimas elecciones. Hoy quien no vota expresa el mismo rechazo que quien vota en contra, para nosotras éticamente hablando es lo mismo. Es más que evidente que la desafección no es, en sí, una amenaza para las clases dominantes. Prefieren democracias reducidas a la expresión de una pluralidad manejable de voces contrapuestas. Antes el voto se planteaba como sustituto de la lucha en los movimientos sociales. Hoy, con las calles prácticamente vacías, es una expresión del rechazo como otra.

No pretendemos dar explicaciones del porqué ha vuelto a ganar el verdadero partido de “clase”. Para nosotras, lo necesario es prepararse para lo que viene. Existe una distancia creciente entre la clase media con miedo al empobrecimiento y la clase pobre. Estos días, las redes sociales arden con expresiones de frustración alienada y autodestructiva. Frases como “país de mierda lleno de subnormales” o “somos unos pringaos ignorantes” que nos recuerdan a los apodos que se les ha dado a los votantes que apoyaron el Brexit en Inglaterra, que se articulan sobre la creencia en una clase iluminada y una plebe irracional incapaz de discutir civilizadamente los argumentos expuestos en los hilos de Facebook y los artículos publicados en los medios digitales progresistas.

Hoy más que nunca, en cada comicio europeo, asistimos a la multiplicación de las valoraciones morales de quien no se ve reflejado en la opción mayoritaria. La soberbia de algunos comentarios aumentan el aislamiento, relegando la alienación que acompaña a la pobreza a ocupar un lugar oscuro, donde fácilmente encuentra refugio en la alucinación colectiva del nacionalismo o incluso del odio. Desde esa oscuridad, el miedo a un ataque desde el exterior empuja hacia el nacional-socialismo, como está sucediendo en varios países del este de Europa, en Grecia o en Francia antes de las extraordinarias movilizaciones contra la Loi Travail et son monde.

No es casual que en la política contemporánea, donde los procesos de integración alejan los centros de control directo de las decisiones políticas de los votantes, las instancias soberanistas y referendarias se unan a las nacionalistas, como si para reclamar la soberanía “usurpada” fuera necesario ejercerla inmediatamente y volver a establecer el límite natural, el del Estado. Esta dinámica, que todavía está emergiendo en casi todas partes como una solución de compromiso entre la democracia y la integración, es especialmente explosiva en Europa no porque las instituciones europeas sean burocráticas e ineficientes, sino debido a que pretenden representar una forma de unión política supranacional. Quienes lamentan este déficit democrático de la UE son los federalistas, por lo que no puede haber una verdadera política común sin una soberanía común. Los nacionalistas, en su lugar, acusan a Bruselas exactamente de lo contrario: de transformar la UE en un superestado artificial, que los procesos (en realidad intermitentes) de integración política e institucional constituyen una amenaza para la libertad y la prosperidad de las naciones. Las dos posturas son los dos reflejos del mismo espejismo.

Entonces ni el Estado capitalista del libre mercado y la propiedad privada, ni el Estado socialista y el monopolio de la propiedad pública de un pasado que afortunadamente no volverá, ni tampoco el de otras ideologías producidas como reacción a la supuesta ausencia de democracia como el independentismo “a prescindir”: las tres opciones son proyectos institucionales al servicio de la propiedad mediante la expropiación y la explotación de lo común. No estamos en contra de la independencia por estar en contra de la liberación de los pueblos oprimidos, sino porque no existen las condiciones materiales objetivas para producir una independencia política en este contexto. Tampoco se trata de estar o no en el euro o la UE, a pesar de que ninguna de estas decisiones pueden ser tomadas por vías democráticas o plebiscitarias. Si hay capitalismo no hay independencia y si queremos independencia hay que deshacerse del capitalismo.

Dejemos de quejarnos de la gente, de lo que hace o de lo que deja de hacer. Aunque resulte cómodo – incluso terapéutico – atribuir la responsabilidad a la composición social, no deja de ser efímero cuando no, contraproducente. Identifiquemos nuestras insuficiencias y asumamos nuestros límites. Habrá que repensar lo que abrió el 15M como un desbordamiento de la sociedad no traducible en la lógica de los partidos políticos, ni en la tristeza de un espectáculo forzado y la simplificación por defecto de toda la complejidad social. Pensemos cómo sonreír juntas de verdad, no para las cámaras de los platós de televisión, ni por la ridiculización de un líder en las redes sociales. Aprendamos como interpelar a la realidad, tomémonos en serio finalmente nuestra alegría y nuestra capacidad de acción y organicémonos para volver a sentirnos más felices que en las plazas del 15M. Porque no hay alegría sin lucha y no hay lucha sin organización.

Antes del próximo rescate, saboteemos las instituciones que están al servicio de la Troika bloqueando la economía.

El mal Inglés

por Franco Berardi Bifo*

No creía en el Brexit, pensaba que solo un pueblo de borrachos podría decidir una catástrofe autodestructiva de este tipo. Me olvidaba de que los ingleses son, de hecho, un pueblo de borrachos. Bromeo, naturalmente, ya que no creo en la existencia de los pueblos. Pero creo en la lucha de clases, y la decisión de los trabajadores ingleses de hundir definitivamente la Unión Europea es un acto de desesperación que sigue a la violencia del ataque financiero que hace años empobrece a los trabajadores de todo el continente y de esa isla del carajo.

Desgraciadamente los trabajadores ingleses que votaron masivamente por Brexit han cometido un error colosal, como suele sucederles a quienes, debido al empobrecimiento material y psíquico, han perdido el bien del intelecto. Es cierto que la Unión europea se ha vuelto en nuestro tiempo un monstruo neoliberal pero el origen de la demecia neoliberal, que ha destruido a Europa y que arrasa el mundo entero desde hace cuarenta años estuvo en el país de Margaret Thatcher. No es Inglaterra quien debe salir de la Unión Europea sino la Unión europea la que debería salir de Inglaterra. Lamentablemente, ya es tarde para hacerlo, porque la Unión europea, luego de haber contraído el mal inglés, está actualmente reducida a ser un dispositivo de empobrecimiento de la sociedad, precarización del trabajo y concentración del poder en las manos del sistema bancario. Gran parte de las motivaciones que han llevado a los trabajadores ingleses a votar por Brexit son comprensibles.

Pero el problema no está en las razones, el problema está en las consecuencias.
La Unión Europea hace tiempo que no existe, al menos desde julio de 2015, cuando Syriza fue humillada y el pueblo griego fue definitivamente sometido.
¿Necesitamos quizás una Europa más política, como repiten ritualmente las izquierdas al servicio de los bancos? Hace años que creemos en el cuento de hadas de una Europa que debe volverse más política y más democrática, pero desde Maastricht, contraído el mal Inglés, la Unión Europea se ha convertido en una trampa financista.

Un artículo de Paolo Rumiz (“Come i Balcani”) publicado el pasado 23 en La Repubblica dice algo que desde hace algún tiempo me parecía claro: el futuro de Europa es la Yugoslavia de 1992. Rumiz lo dice bien, solo que olvida el rol que el Deutsche Bank tuvo en el empujón que se le dio a los yugoslavos hacia la guerra civil (algo para lo que Wojtila también hizo su parte).

Ahora creo que debemos decirlo sin eufemismos: el futuro de Europa es la guerra. Su presente es la guerra contra los migrantes que ya ha costado decenas de miles de muertos y una cantidad incalculable de violencia. Quizás suene un poco antiguo, pero al menos para mí sigue siendo cierto que el capitalismo trae la guerra como la nube trae la tempestad.

¿Qué se hace en estos casos? ¿Se detiene la guerra imponiendo los intereses de la sociedad sobre los de las finanzas? Naturalmente que sí, cuando esto es posible. Pero hoy detener la guerra no es posible porque la guerra ya está en marcha, aunque hasta el momento los muertos sean decenas de miles de migrantes en un Mediterráneo en el que el agua salada ha sustituido al Zyklon B.

Los movimientos han sido destruidos uno tras otro. ¿Entonces? Entonces se pasa a la otra parte del adagio leniniano (señalo a quien le quede alguna duda que nunca he sido leninista y no pretendo ahora convertirme en uno).
Se transforma la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria.

¿Qué quiere decir esto? No lo sé, y nadie puede hoy saberlo. Pero en los próximos años creo que vamos a tener que pensar únicamente en esto. No en cómo salvar la UE, que se la lleve el diablo. No en cómo salvar la democracia que jamás ha existido. Sino en cómo transformar la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria. Pacífica y sin armas, si es posible. Guerra de los saberes autónomos contra el control y la privatización.

En conclusión, no llevo luto porque los ingleses se van. Llevé luto cuando los griegos han sido obligados a permanecer bajo las condiciones que se le han impuesto (¿y ahora qué será de ellos?).
Cien años después de Octubre, creo que nuestra tarea es preguntarnos ¿qué quiere decir Octubre en la era de Internet, del trabajo cognitivo y precario?
El precipicio que tenemos por delante es el lugar en el que tenemos que pensar en esto.

* Este articulo es la revisión del autor a un articulo anterior traducido por Lobo Suelto

Volvemos a empezar por el método

por Commonware

Publicamos la traducción al español de un extracto de este editorial porque señala unos elementos para entender la fase y un análisis para salir del impasse del gueto y la “nueva política”.

0. Derrotar al pensamiento de la derrota: esto es la primera tarea política de la fase. ¿Qué es el pensamiento de la derrota? Es la asunción de la imposibilidad de transformar el estado de cosas presente, es la aceptación de un papel marginal, de hecho es levantar una bandera blanca mientras que ideológicamente se agita una bandera roja.
El pensamiento de la derrota puede asumir dos formas, opuestas y especulares: por un lado la guetización en el testimonio identitario, por el otro el oportunismo de quien dice “basta de perder” y entonces salta en el carro de los ganadores, o supuesto como tales. Cambiando el orden de los factores, el resultado no cambia: la impotencia. Un círculo vicioso, tal impotencia vuelve la justificación de la propia ritualidad sin acción, o de su propio interés institucional – cuando luego esto se traduce en los aficionados de los candidatos exóticos, en listas de pocos votos o en el enésimo anuncio de la “nueva izquierda, esta vez la de verdad”, definitivamente la farsa ha hecho olvidar la tragedia. En breve hay una convergencia paradoxal entre la práctica de la “micropolítica” y la aspiración a la “macropolítica”, es decir, la dialéctica entre islas marginales y marginalidad institucional.

Ambas tendencias, a continuación, coinciden en descargar la responsabilidad de las propias elecciones sobre la composición social: ¿qué más se puede hacer en esta situación, sino encerrarnos en nuestros pequeños espacios o seguir las quimeras institucionales? Tenemos uno de los muchos ejemplos en los últimos meses en Europa sobre la cuestión de los refugiados, con respecto al cual la política institucional está ocupada por la dialéctica entre una derecha neoliberal, fiel a la necesidad de hacer circular la fuerza de trabajo para aumentar la estratificación del chantaje y la explotación, y una derecha proto-fascista,  que erige muros y sopla sobre la guerra entre los pobres y los empobrecidos. Por un lado entonces hay quien retrocede en una opción frentista, sobre el malo menor que vuelve la defensa del status-quo, es decir nuestro verdadero enemigo; por el otro hay quien retrocede a una opción humanitaria, en la exaltación de la víctima, acabando de ser subalterno a la opinión pública democrática y a la iglesia católica. Entre otras cosas, en la misma asunción del término “refugiado” ya hay una caída hacia el léxico de la gobernanza, que utiliza esa categoría como instrumento de división entre los migrantes. En resumen, desde la perspectiva de las luchas con las lágrimas nunca se ha construido nada: todos en facebook se conmueven con la foto de Aylan, para luego consolarse a la hora del aperitivo. La izquierda prospera en las ganas de llorar, que necesita de la victimización e inferiorización de lo social, para reproducir su propia función de supuesta representación. Ese es el nombre del pensamiento de la derrota: se llama izquierda. Nosotras tenemos que ir hacia otra dirección, porque nosotras no somos de izquierdas. Porque el contrario de izquierda no es derecha, es revolución.

1. Ya lo hemos dicho y lo repetimos, las insuficiencias son sobre todo nuestras, no de la composición de clase. Este “nosotros”, aquí entendido genéricamente, se ha quedado blandamente sobre lo ya conocido, sobre la aceptación de lo que tenemos, exaltándolo como la única cosa que podemos tener. Así, reproduciendo a unos mismos, se puede insistir en una lectura escolástica de la composición técnica, esperando la explosión conflictual de los sujetos identificados como objetivamente centrales. O se puede renunciar al nudo de la composición de clase, persiguiendo las luchas cuando están y la opinión pública en su ausencia. Pero ni los apóstoles de la ideología ni los turistas de los movimientos de los demás sirven para mucho para vencer al pensamiento de la derrota, más bien son su parte integrante.

El punto de método, que el análisis de la composición de clase es en primer lugar el análisis de los comportamientos subjetivos que la inervan. A los centros de gravedad en el proceso de acumulación capitalista, es decir la posibilidad de golpear al amo colectivo donde le duele más, tienen que corresponder unos comportamientos potencialmente conflictuales, no de aceptación, de rechazo. Colocación y comportamientos constituyen la relación sobre la cual se basa la composición política de clase: ignorando uno de los dos términos, se acaba de resbalar en una presunta objetividad o en un subjetivismo malentendido. Luego hay quien usa la dureza del primer término para justificar la falta del segundo: por ejemplo, se dice que diversas figuras del precariado cognitivo no luchan porque sometidas a un chantaje estructural, olvidando que el chantaje es el fundamento de la relación de explotación y compraventa de la fuerza de trabajo. Y, sin embargo, si los precarios son débiles no tienen que ser objeto de compasión, tienen que ser regañados. Nuestra parte, de hecho, no es la de los oprimidos: está compuesta por quien se rebela a la condiciones de opresión.

El problema entonces es donde mirar: muchos de los lugares donde lo hemos hecho hasta ahora, aquellos donde es más sencillo, resultan inadecuados o sin embargo insuficientes. Tenemos que ir allí donde hay lo desconocido, más precisamente un desconocido potencialmente productor de conflicto. Movernos in partibus infidelium, porque las tierras de los creyentes son bastante áridas. Si el término ensuciarse las manos no os gusta, encontrad otro. Si la palabra encuesta está demasiado abusada, y ciertamente lo está, llamémosle estilo de la militancia, que está hecho de investigación y construcción de un proyecto.

Fuente: Commonware

Elogio del conflicto

por Lea Melandri

Se trata de aprender a convivir con todo lo que hemos reprimido y abandonado como una anomalía inaceptable. Se trata de entender de qué manera el ser humano, el ser humano tal cual es, el ser humano con su fondo de oscuridad constitutiva, puede crear las condiciones para una vida en común ‘a pesar’ del conflicto y, de hecho, ‘a través’ del conflicto, poniendo fin al sueño o a la pesadilla de aquellos que quieren eliminar todo lo que hay en él de ingobernable.
Benasayag y Del Rey, “Elogio del conflicto” (2012).

Decir que se dan en la experiencia del individuo, centrados y confundidos, unas necesidades, identidades, lugares, relaciones, pasiones, fantasías, diferentes intereses y deseos. Reconocer que hay un “territorio” que se escapa o va más allá de los confines de la vida pública – y por lo tanto irreductible a lo social -, que es la vida psíquica, una zona fronteriza entre el inconsciente y lo consciente, entre el cuerpo y pensamiento, donde crecen raíces que todavía quedan en gran parte sin explorar.

Las “vísceras” racistas, xenófobas, misóginas, sobre las cuales la derecha anti política ha hecho una incursión para conseguir apoyo, es el sedimento de la barbarie, la ignorancia y los prejuicios antiguos pero también sueños y deseos mal situados, que la izquierda, anclada en la prioridad del trabajo y la clase obrera, siempre ha descuidado, como si después del gran salto operado por Marx no hubieran habido otros cambios igualmente radicales, como el psicoanálisis, el feminismo, la no violencia, la biopolítica, el ecologismo.

No debería ser difícil de reconocer que el “extranjero”, el”pobre”, el “fuera de la norma”, el migrante reducido a las necesidades vitales, encarna todo esto ahora mismo, llevando a la luz, lo “reprimido” originario de una civilización que, separando cuerpo y lenguaje, biología e historia, ha construido barreras, fronteras hasta dentro los cuerpos y la vida psíquica, y sentado las bases para que aquella separación fuera progresivamente desapareciendo.

El retorno de lo que fue excluido – los cuerpos, la vida de los individuos con su complejidad y totalidad, pasiones, fantasmas contradictorios – puede traducirse en una barbarie inevitable, pero también puede volver a abrir el camino hacia el deseo y el conflicto, la posibilidad de redefinir el lazo social sobre unas bases menos abstractas.

Fuente: comune-info.net

Este no es un movimiento

La nueva estructura estatal se caracteriza por el hecho de que la unidad política del pueblo y por lo tanto el orden de toda su vida pública se presenta ordenada en tres series diferentes. Las tres series no son paralelas entre si, más bien una de ellas, es decir el Movimiento que apoya al Estado y al Pueblo, penetra y conduce los otros dos.
Carl Shmitt, “Estado, Movimiento, Pueblo” (1933).

Como cada fin de semana, desde hace casi un mes, se especula sobre el estado del “movimiento contra la ley El Khomri” – media, sindicatos, militantes y esperanzados de todo tipo quieren creer que esta vez lo hemos conseguido: después de las manifestaciones “históricas” del 31 de marzo, que han visto una duplicación de los efectivos en las manifestaciones del 19 de marzo y ahora en las asambleas de “Nuit Debout”, el movimiento sobre la cual apuntaban sus esperanzas, pero que no acababa nunca de empezar, finalmente ha nacido.

Tal vez que se insista tanto en poner a lo que está sucediendo en Francia el nombre de “movimiento” es debido al hecho de que, en realidad, se trate de otra cosa, de algo inédito. Puesto que un “movimiento” en Francia – esto es lo que significa exactamente -, es aquello que se sabe gestionar, es decir derrotar. Las organizaciones, los gobiernos y los medios, son décadas en que los movimientos no conducen a ninguna inversión significativa, se han convertido en maestros en el arte de prevenir el peligro que cada evento de la calle lleva dentro de sí, es decir, que la situación se vuelva ingobernable. No debemos olvidar que el actual Primer Ministro no se ha vuelto tal en virtud de la licenciatura de historia que obtuvo en los años ’80 a Tolbiac, sino porque cumplió su adiestramiento como sindicalista del UNEF. En ese momento, cuando iba acompañado de Alain Bauer o Stéphane Fouks, era una de las bestias pardas del colectivo Autónomos de Tolbiac (el CAT), y viceversa.

Un “movimiento”, por todo el personal encuadramiento a lo que se reduce esta sociedad, es algo tranquilizador. Hay un objeto,  algunas reivindicaciones, un marco, por lo tanto unos portavoces con licencia y unas negociaciones posibles. Sobre esta base, nunca es difícil dividir el “movimiento” de los que “desbordan” el marco, de llamar a la orden a sus elementos más determinados, su fracción más consecuente. Allí se calificará oportunamente de “violentos”, “autónomos” o “nihilistas”, cuando está clarísimo que los que están aquí para romper sus dinámicas son justo los nihilistas, que no ven más que un trampolín para sus futuros puestos ministeriales – todos los Valls, los Dray, y los otros Julliards. Separar un “movimiento” de su punta más “violenta” es siempre una forma de castrarlo, de volverlo inofensivo y finalmente de tenerlo bajo control. Los movimientos están efectivamente hechos para morir, también cuando son victoriosos. La lucha contra el CPE es un caso de manual. Al gobierno le es suficiente una retirada táctica para quitar la tierra debajo de los pies de los que se han puesto en marcha. Algunos artículos en los periódicos y algún reportaje televisivo contra los “irreductibles” son ampliamente suficientes para arrebatar, a quien hasta ayer lo podía todo, la legitimación social sobre la cual se habían apoyado hasta aquel momento las salidas más intrépidas. Una vez que estos últimos estén aislados, los procedimientos policiales y judiciales a continuación más o menos inmediatos llegan oportunamente para drenar el mar del “movimiento”. La forma-movimiento es una herramienta útil para aquellos que tienen la intención de gobernar lo social, y nada más. El nerviosismo extremo de los servicios de orden, en particular el de CGT, de la BAC y de los antidisturbios durante las manifestaciones de las últimas semanas es el signo que delata su desesperado deseo de hacer entrar en la forma-movimiento lo que ha puesto en marcha y que se le escapa por todos lados.

Ahora todos están de acuerdo en decir: la Loi Travail es la “gota que ha colmado el vaso”, lo que se expresa en las calles, en los lemas o en los enfrentamientos es el “hartazgo general”, etc. Lo que está pasando es que no aguantamos más estar gobernados por esta gente ni tampoco de esta manera; tal vez, frente a un fracaso tan flagrante de esta sociedad en todos los campos, no aguantamos más ser gobernados de ninguna manera. Es algo que ha vuelto epidérmico y epidémico, ya que es cada vez más clara una cuestión de vida o muerte. Estamos hartos de la política; cada una de sus manifestaciones se ha convertido en obscena porque es obscena esta manera de agitarse de una manera tan impotente en una situación tan extrema a todos los niveles.

Dicho esto, nos faltan palabras para designar lo que se está despertando en Francia en este momento. Si no es un “movimiento”, ¿Entonces qué es? Nosotras diremos que se trata de una “meseta”. Antes de que Deleuze y Guattari la retomaran para hacer el titulo de su mejor trabajo, Mil Mesetas, esta noción ha sido elaborada por el antropólogo y cibernético Gregory Bateson. Estudiando, en los años ’30, el ethos balinés, a Bateson le llamó la atención por esta singularidad: mientras los Occidentales, en guerra o en amor, prefieren las intensidades exponenciales, las interacciones acumulativas, las excitaciones crecientes que llevan a un punto culminante – orgasmo o guerra total- seguido por una descarga de tensión, social, sexual o afectiva; los Balinenses, sea en la música, en el teatro, en las discusiones, en el amor o en el conflicto, huyen de esta carrera al paroxismo; ellos privilegian unos regímenes de intensidad continuos, variables, que duran, se metamorfosean, evolucionan, en pocas palabras: deviniendo. Bateson enlaza todo esto a una singularidad practica de las madres balinenses: «la madre inicia con el bebé una interacción lúdica, excitándole el pene, o de otro modo estimulándolo a una actividad interpersonal; esto excitará el bebé, y por un corto tiempo habrá lugar a una interacción acumulativa. Luego, justo cuando el bebé, acercándose a un pequeño acmé, tira los brazos al cuello de la madre, esta última se distrae; en este punto por lo general el bebé empieza otra interacción acumulativa, comenzando un capricho. La madre se quedará mirándolo, disfrutando con el estallido del bebé, o si la ataca, rechazará su ataque no mostrándose enojada en absoluto» (Hacia una ecología de la mente). Así la madre balinense enseña a su progenie la fuga de las intensidades paroxísticas. La fase política en la cual estamos entrando en Francia en este momento es – por lo menos hasta las ridículas elecciones presidenciales las cuales, esta vez, no es tan seguro que consigan imponerlas – no una fase orgásmica de “movimiento” a la que sigue el reflujo necesario, sino una fase de meseta:

«una región continua o de intensidad, que vibra sobre si misma y se desarrolla evitando cada orientación sobre un punto culminante o hacia un fin exterior»
(Deleuze-Guattari, Mil mesetas)

El nivel de desacredito del aparato gubernamental es tal que ahora encontrará en su camino, en cada de sus manifestaciones, una determinación constante, procedente de todas partes, para derribarlo.

La cuestión no es entonces la vieja historia trotskista de siempre de la “convergencia de las luchas” – luchas que por otro lado hoy son tan débiles que incluso haciéndolas converger no llegarían a nada serio, más allá de perder, en la habitual reducción política, la riqueza que pertenece a cada una de ellas -, más bien la de la actualización práctica del descrédito general de la política en cada ocasión, es decir de las libertades cada vez más audaces que vamos a tomar respecto al aparato gubernamental democrático. Lo que está en juego entonces no es en ningún caso una unificación del movimiento, incluso que fuera a través de una asamblea general de la raza humana, sino el cruzar el umbral, el desplazamiento, el agenciamiento, la metamorfosis, la puesta en contacto entre puntos distantes de intensidad de política. Es evidente que la proximidad con la ZAD produce sus efectos sobre el “movimiento” a Nantes. Cuando 3000 estudiantes cantan “todo el mundo odia la policía”, gritan contra el servicio de orden de la CGT, comienzan a manifestarse disfrazados, no huyen más frente a las provocaciones de la policía y se intercambian el suero fisiológico después de haber sido gaseados, se puede decir que en un mes de bloqueos unos cuantos umbrales han sido superados, han sido tomadas unas cuantas libertades. El desafío no es el de canalizar el conjunto de los devenires, los trastornos existenciales, los encuentros que son la trama del “movimiento” en un río poderoso y majestuoso, más bien de dejar vivir la nueva topología de esta meseta, y seguirla. La fase de meseta en la cual hemos entrado no mira a nada exterior de sí misma: «un rasgo desagradable del espíritu occidental consiste en relacionar las expresiones y las acciones a finalidades exteriores o trascendentes, en lugar de considerarlas en un plano de inmanencia, según su valor en sí»(Deleuze-Guattari, Mil mesetas). Lo importante es lo que se hace ya, y que no acaba nunca de hacerse, cada vez más: impedir paso a paso al gobierno de gobernar – y por “gobierno” no hay que entender solo el régimen político, sino todo el aparato tecnocrático público y privado en el cual los gobernantes son el espectáculo de títeres que se nos ofrece. No se trata entonces de saber si este “movimiento” consiga o menos a derrotar la ley El Khomri, sino de lo que ya está en marcha: la destitución de lo que nos gobierna.

Fuente: lundi.am

Noches despierto

por Paul B. Preciado

Vosotros pasáis la noche de pie en la plaza de la République de París y yo paso la noche con vosotros despierto en las calles de Atenas. Anochece una hora antes aquí y el cielo rojo se curva detrás del Partenón como en un salvapantallas de un MacBook Air que cae después sobre París.

La revolución (la vuestra, la nuestra) exige siempre despertar en medio de la noche: activar la conciencia justo cuando ésta debería apagarse. La revolución (la nuestra, la vuestra) es siempre un devenir-trans: movilizar un estado de cosas existente hacia otro que sólo el deseo conoce.

Vosotros pasáis la noche de pie (Nuit Debout) en la plaza de la République de París mientras un grupo de refugiados se reúnen en una casa ocupada de Exarchia para iniciar la Silent University en Atenas. En la sala hay casi tantas lenguas como personas. Una cadena de traducción explica el funcionamiento de esta universidad creada en Londres en 2012 por el artista Ahmet Ögüt y que sigue activándose desde entonces, entre otros lugares, en Estocolmo, Hamburgo y Amman. La frase “todo el mundo tiene derecho a enseñar” resuena una docena de veces en urdu, farsi, árabe, francés, kurdo, inglés, español, griego… Pensada como una plataforma autónoma de intercambio de conocimiento entre los migrantes, esta universidad permite que aquellos que saben algo puedan encontrarse con aquellos que quieren aprenderlo, independientemente de la validación académica y del reconocimiento institucional de los títulos, de la lengua hablada y de los procesos de adquisición de la residencia o la nacionalidad. Alguien dice: “Desde que espero a obtener asilo no tengo nada. Lo único que tengo es tiempo y en ese tiempo puedo aprender y puedo enseñar.” Es en ese tiempo aparentemente muerto de la espera administrativa en el que artista iraquí exiliado Hiwa K aprendió a tocar la guitarra clásica de la mano de Paco Peña en Inglaterra; la respuesta del gobierno inglés para acceder a la nacionalidad nunca llegó, pero Hiwa K toca flamenco como si él también fuera de Córdoba. He aquí algunos de los títulos de los cursos impartidos hoy en la Silent University: Historia iraquí, Literatura kurda, Herodoto y la civilización del Medés, Fundamentos del asilo político según la convención de 1951, Cómo empezar tu propio negocio, Historia de la comida a través de las artes visuales, Caligrafía árabe… Si la experiencia del exilio reduce al migrante a la pasividad y al “silencio” expropiando su estatuto de ciudadano político, la Silent University busca hacer proliferar los procesos de enunciación que pueden activar una nueva ciudanía mundial.

Vosotros pasáis la noche de pie en la plaza de la République de París y el colectivo de cineastas anónimos sirios Abunaddara, emite cada viernes, desde el principio de la revolución siria, un video en el que narra, a través del documental o desde la ficción, la vida del pueblo sirio más allá de las representaciones mediáticas tanto del occidente cristiano como del mundo musulmán. ¿Cómo se produce y se distribuye la imagen? ¿Por qué nadie vio a las víctimas del 11-S y sin embargo los cuerpos destrozados en Alepo están en la primera página de todos los periódicos? ¿Se puede fotografiar a un migrante que llega a las costas de Leros después de una travesía con su hijo muerto en brazos? Frente a la captura mediática y administrativa de la imagen, Abunaddara propone añadir una enmienda a la Declaración Universal de Derechos Humanos que reconozca el derecho a la imagen como un derecho fundamental.

Vosotros pasáis la noche en la place de la République de París mientras que otros cuerpos se despiertan también en Amman, en Damasco o en Atenas. Vendrán el experto y su diagnóstico, vendrán el historiador y su memoria, vendrá el profesor y su título, vendrán los políticos y sus partidos. Os dirán que estáis locos o que sois ingenuos. Os dirán que no es posible que los que no saben enseñen. Os dirán que todo periodista tiene derecho a hacer su trabajo de información. Os dirán que esto ya ha sucedido y que no sirvió de nada. Os dirán que lo importante es traducir la fuerza de las plazas en las urnas. Pero la revolución no tiene una finalidad fuera del proceso mismo de transformación que ésta propicia. Se trata, como apunta Bifo, de erotizar la vida cotidiana, desplazando el deseo que ha sido capturado por el capital, la nación o la guerra, para volver a distribuirlo en el tiempo y en el espacio, hacia todo y hacia todos. Os dirán que no es posible. Pero vosotros, nosotros, ya estamos ahí.

Despertemos durante el día como si el día entero fuera la noche. Aprendamos de aquellos a los que no les es permitido enseñar. Ocupemos la ciudad entera como si la ciudad entera fuera la place de la République.

Fuente: El Estado Mental

No reivindicamos nada

por Frédéric Lordon

En el punto donde estamos hay que estar ciegos para no entender que en el movimiento social se juega mucho más que una simple ley y sus artículos. Pero la ceguera es precisamente la característica de nuestros gobernantes y de sus comentaristas embedded. Así todo, este pequeño mundo sigue agitándose como en un teatro de sombras y recitando una comedia cada día más absurda; unos ocupados en pesar en su balancita y sus concesiones de fachada, los otros en sus ganancias risibles, y los terceros intentando tejer los elogios de lo que es razonable u ocupados en preparar las futuras “primarias”. Y todos pidiendo cual puede ser el color más oportuno para volver a pintar las rejas del jardín que se han dedicado a cultivar, allí, al lado de un volcán tembloroso y humeante.

Como una paradoja típica, cuando se está en el fin de un ciclo, son estos mismos señores que aceleran los procesos de descomposición, del cual se percibe el progreso cuando los umbrales de corrupción del lenguaje se estrellan uno tras otro. En este sentido, hemos tomado la costumbre de utilizar a Orwell como medida de referencia. Pero Orwell era un jugador pequeño al cual le faltaba definitivamente la fantasía. Hay que ser honestos del todo: no estaba completamente privado de talento, se ha tenido que esperar un poco antes de verlo superado en las falsificaciones lingüísticas, pero este momento ha llegado. Y es Bruno Le Roux, presidente del grupo socialista en la Asamblea Nacional, quien se ha encargado de enseñarle a qué altura puede llegar el prodigio del giro de sentido de las palabras: “Se necesita que el contrato indefinido no se vuelva una jaula para los empresarios (1). Hay que reconocer que es difícil de comprender plenamente tanto genio y que debemos estar de pie para no tener vértigo. Quien recuerde pensará inmediatamente en un extracto de las Nouveaux chiens de garde (2) en el cual Bénédicte Tassart (RTL), queriendo deshonrar el secuestro de los propietarios (por parte de los sindicalistas), dijo que “es inaceptable obligar a la gente en contra de su voluntad en la oficina“, obviamente sin darse cuenta de que, al hacerlo, muy agudamente, representa simplemente la condición salarial (sin duda, limitada al sector terciario, pero fácilmente generalizable). La pobrecita no era consciente del hecho de que las analogías carcelarias de Bruno Le Roux están calibradas mejor. Tan bien calibradas que casi queda la duda de que sean intencionales.

Efectivamente se podría pensar que todo lo que pasa en este momento ruede precisamente alrededor de la conexión, poderosamente destacada por Bruno Le Roux, del contrato salarial y la prisión. ¿Quién es el prisionero de verdad? Es este el punto de la disputa residual, sobre la cual, afortunadamente, no se paran aquellos que con un bote de spray en mano y de manera bastante enérgica vuelven a elaborar por su cuenta la gran intuición de Le Roux.

Y no solo de él, porque es sin duda un gobierno al cual no le faltan filósofos y que se destaquen en el arte de “hacer pensar”. Recordemos a Emannuel Macron, que sugería, meditando sobre los últimos fines existenciales, que “se necesitan jóvenes que quieran volverse multimillonarios”. Pasar al artículo indefinido para hacerle decir que se necesita que “los jóvenes tengan ganas de volverse multimillonarios” sería violar un pensamiento que, visiblemente, ¿Se abstiene de sacar todas las consecuencias por temor a reacciones retrógradas? Del uno al otro, entonces –de Le Roux a Macron – y aunque por caminos distintos, se trata de una idea general de la existencia que nos viene propuesta.

Hay una invitación y tenemos que demostrar sensibilidad. Tomamos las cosas al mismo nivel de generalidad con la que nos vienen propuestas – la única manera de responder adecuadamente. Decimos por honestidad que esta respuesta ha necesitado tiempo para llegar a su maduración. Es verdad que tanto la brutalidad del asalto neoliberal como la caída de la “alternativa comunista” no han facilitado la toma de conciencia. Treinta años de experimentación sobre la piel no podían más que producir alguna incomprensión. Pero lo “real” hace su camino, y lo hace cada vez mayor cuando se desarrollan lugares para compartir (primer ejemplo entre otros la web #OnVautMieuxQueCa), donde la gente descubre lo que está obligada a vivir contra su propia voluntad y compartido por muchos.

Además, tenemos que agradecer a este gobierno que nunca ha dejado de estimular la reflexión: la denominada “Ley del Trabajo” llega como una especie de apoteosis que nos permite las últimas aclaraciones. La idea de vida que nos proponen estas personas ahora aparece en toda su claridad. Es por eso que, ahora que estamos dotados del conocimiento necesario y después de largas reflexiones, podemos decir “no”. Subrayamos, para los sordos– y siempre hay muchos del lado del poder -, que lo que se trata hoy va de esto. No de cuantas veces el contrato indefinido pueda ser renovado o de la oportunidad de los voucher, o de otra cosa: se trata, más bien, de la idea de la existencia.

Alguien se puede convencer recurriendo a los principios, se puede hacer aún mejor a través de las imágenes. Para aquellos que no tienen todavía bien claro el tipo de mundo que la filosofía del gobierno desea por nosotros – en los dos sentidos de la palabra: en lugar de nosotros y para imponerlo a nosotros – sería suficiente tener en consideración una cosa o dos que pueden representar un desafío al poder. Nos referimos, y han sido vistas por todos, a las imágenes de una controversia muy encendida entre tres policías antidisturbios y un peligroso estudiante de bachillerato, o las imágenes de la vuelta de los equipos especiales de policía en los bancos de la universidad de Tolbiac, que arrojan una luz distinta a las palabras de François Hollande de 2012 – “Me gustaría volver a dar la esperanza a las nuevas generaciones” – o el discurso más reciente de la ministra de la Educación Najat Vallaud-Belkacem (24 de marzo 2016) – “Educación: lo que hacemos para la juventud”. Excepto que no era exactamente lo que querían.

La realidad del orden social se hace de otro modo explícita en dos vídeos: el primero, de testigo puro, fue filmado por el diario Fakir y muestra a Henri (su apellido no se conoce) contar cómo él, asalariado de un subcontratista, ha sido denunciado por la Renault donde intervenía a su empleador por haber señalado la película Merci patrón ! a algunos sindicalistas del Technocentre (el centro de investigación de la Renault) fuera del horario de trabajo y a través de su correo electrónico personal…

Denunciado y, por supuesto, alejado del sitio donde desempeñaba su trabajo… ahora está luchando con un procedimiento de despido con su empleador. Aún más desconcertante, si se puede, es la escena grabada en una oficina de correos de Asnières: durante una asamblea frente a un grupo de robocop preparados y armados con flashball, llamados por la dirección. Sólo su cohesión y la reacción de un sindicalista cojonudo, blindado por sus derechos sindicales, pudo echarlos.

Quizás esta es la escena que resume el terror del poder: el encuentro entre estudiantes y asalariados. La vigilancia policial en última instancia, del asalariado ingobernable, es decir la fusión entre Estado y capital, paradójicamente aún más fuerte cuando se trata de capital público; la alternativa radical de la sumisión o de la lucha colectiva. Es más que evidente que frente a tal espectáculo, la claridad de la comprensión obtiene la ayuda de la imaginación. Y también una nueva mezcla de sentimientos y emociones. Y gracias a este buen impulso somos finalmente capaces de decir lo indecible: no reivindicamos nada. Entenderéis que después de décadas en las que nos habéis enseñado, vosotros y vuestros símiles, vuestras altas calidades y previsión, la idea de negociar con vosotros nos parece sencillamente sin sentido. El hecho es que “reivindicar” tiene sentido solo en un contexto en el cual se pueda reconocer como implícitamente legítimo. Llega el momento en el cual, a fuerza de negociar por unas migajas y también simplemente por reducir la reducción de las migajas, lo impensable vuelve a la mente. Ya no más como objeto de alguna “reivindicación”, sino como objeto de una transformación completa.

Es cierto, lo sabemos: para seguir manteniendo la ilusión podéis contar con el sindicalismo amarillo, el que ve “expectativas de progreso” (3) después de las peores regresiones, y que la ciencia heraldica ya tiene establecido tanto el escudo “de fregonas cruzadas” como el lema sempiterno “hundidos desde siempre”. Contra un cierto sindicalismo de rodillas, lo que nace ahora es un movimiento en pié. Como ya se sabe un movimiento entendido en este sentido, comienza por las asambleas y las reuniones. Entre la gente se extendió la idea de que simplemente manifestarse en las mismas rutas predeterminadas, en otras palabras “reivindicar”, ya no es suficiente. La consecuencia es que no volverán a casa después de la manifestación, se reunirán en algún lado para empezar algo distinto. “Nuit Debout” (Noche en pié) es el nombre de esta iniciativa, y su lema, copiado del mensaje de la película Merci patrón ! es indicativo de la relación con la contraparte: “aterrorizarlos”… Reunirse, no disolver las manifestaciones, no reivindicar: efectivamente, un concentrado de anomalías inquietantes para los sabios administradores de la contraparte.

Y es cierto que, incluso si no conocemos bien nuestra fuerza, lo que está emergiendo es una pesadilla para el Estado, que se ve sus miedos expresarse en una coyuntura astral de lo peor: la negación de la mediación, el abandono de la reivindicación y su reemplazo con la afirmación.

Podríamos decir, de hecho, que estamos a punto de experimentar uno de estos benditos momentos de la historia en la que los grupos fragmentados entre sí redescubren lo que tienen en común, este común macizo establecido por el propio capitalismo: la condición salarial. No solo los empleados maltratados de hoy en día, los universitarios y los estudiantes de la escuela secundaria maltratados mañana, la precariedad de todo tipo, sino también todas las demás víctimas indirectas, se diría secundarias, de la lógica general del capital, los migrantes en situación irregular y explotables hasta el infinito.

¿Qué puede hacer un ministro, o su subsecretario, con todas estas personas que no quieren saber más de reivindicar? Nada, absolutamente nada, y lo saben, entre otras cosas, y eso es lo que les asusta. Cuando abandonan la práctica infantil de la reivindicación, la ciudadanía encuentra el gusto de la afirmación – la ruptura del monopolio estatal sobre el derecho a la afirmación. Para su desgracia, la ley El Khomri habrá sido la prevaricación de más, la que va más allá del umbral del escándalo, y genera el impulso en los espíritus para el cambio radical de perspectiva de las cosas, posiciones, roles. No tenemos ningún deseo de luchar para cambiar dos párrafos: queremos afirmar nuevas formas de actividad política.

Hay que sentir el llamamiento conmovedor de Michel Wievorka por “rescatar la izquierda de gobierno” (6) para comprender el nivel de integración de los intelectuales en connivencia al “marco” general de las cosas, y de consecuencia, su incapacidad total para entender lo que se mueve en la sociedad, también y sobre todo si son sociólogos. En un intento de redefinición performativa de las categorías políticas que explicita plenamente el desplazamiento a la derecha de este personal acompañante (siguiendo a sus maestros, que no pueden abandonar), Wievorka nombra representantes de la “izquierda de la izquierda”… Benoit Hamon y Arnaud Montebourg (izquierda socialista)! Una manera de indicar a esta gente donde está situada la frontera extrema del mundo político – porque, por definición, a la izquierda de la izquierda de la izquierda, no hay nada. O más bien sí: hay los locos, la izquierda “loca”, es la expresión preferida de todos los sorprendidos que no comprenden que se puede no querer elegir entre “la izquierda liberal-marcial de Manuel Valls” (sic), “la izquierda social-liberal de Emmanuel Macron” y entonces “la izquierda de la izquierda de Benoit Hamon y Arnaud Montebourg”. Encerrados en sus certezas, redibujan las fronteras de este dominio de la locura cada vez más cerca de ellos. Entonces hay que decirles, a Wievorka y a todos sus símiles, a los Olivennes (7), a los Joffrin (8), etcétera… es cierto, estamos completamente locos. Y estamos llegando.

 

NOTAS

(1) LCP, 10 de marzo 2016.
(2) Les nouveaux chiens de garde, pelicula de Gilles Balbastre et Yannick Kergoat, Epicentre films éditions, 2011.
(3) Laurent Berger, « La loi Travail “peut répondre à une ambition de progrès” », L’Obs, 24 mars 2016.
(4) Convergence des luttes.
(5) « Pour la république sociale », Le Monde Diplomatique, mars 2016.
(6) Michel Wieviorka, « Il faut sauver la gauche de gouvernement », entretien, L’Obs, 27 mars 2016.
(7) Denis Olivennes, La maladie de la gauche folle, Plon, 2000.

Fuente: Le Monde Diplomatique